CATENA AUREA: FIESTA DE PENTECOSTÉS.


CATENA AUREA FIESTA DE PENTECOSTÉS.

"Envía tu Espíritu y renacerán
y renovarás la faz de la tierra."
(Salmos CIII, 30).

EPISTOLA:

"Al cumplirse el día de Pentecostés, se hallaban todos juntos en el mismo lugar, cuando de repente sobrevino del cielo un ruido como de viento que soplaba con ímpetu, y llenó toda la casa donde estaban sentados. 
Y se les aparecieron lenguas divididas, como de fuego, posándose sobre cada uno de ellos. 
Todos fueron entonces llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, tal como el Espíritu les daba que hablasen. 
Habitaban en Jerusalén judíos, hombres piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. 
Al producirse ese ruido, acudieron muchas gentes y quedaron confundidas, por cuanto cada uno los oía hablar en su propio idioma. 
Se pasmaban, pues, todos, y se asombraban diciéndose: 
“Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 
¿Cómo es, pues, que los oímos cada uno en nuestra propia lengua en que hemos nacido?. 
Partos, medos, elamitas y los que habitan la Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de la Libia por la región de Cirene, y los romanos que viven aquí, así judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”. Hechos II, 1-11.

EVANGELIO.

"En aquel tiempo: 
Dijo Jesús a sus Discípulos: 
“Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada. 
El que, no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”. 
“Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros. 
Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho. 
Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. 
No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente. 
Acabáis de oírme decir: 
«Me voy y volveré a vosotros». 
Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. 
Os lo he dicho, pues, antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis. 
Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el Mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí”. Juan XIV, 23-31.

CATENA AUREA.
Explicación de los Santos Padres.

San Gregorio ut supra.

Tanto más se aleja uno del amor supremo cuanto más se acerca a las cosas inferiores. 
Por esta razón dice: "Quien no me ama, no guarda mis palabras". 
En el Amor del Creador deben buscarse, pues, la lengua, el entendimiento y la vida.

Crisóstomo In Ioannem hom. 74.

Pensó acaso Judas que como nosotros vemos los muertos entre sueños, de la misma suerte habrían de verle. 
Por tanto, pregunta: 
"¿Cómo es que debes manifestarte a nosotros y no al mundo?"
Como diciendo: 
¡Ay de nosotros! 
Que morirás y luego te presentarás como muerto. 
Para que no incurrieran en este error, dice: 
"Yo y el Padre vendremos a él". 
Como diciendo: 
De la misma manera que el Padre se manifestará, me manifestaré yo. 
"Y haremos mansión en él", lo cual no es propio de los sueños. 
"Y la palabra que me habéis oído no es mía, sino de Aquel que me envió", como diciendo: 
No sólo a mí, sino que tampoco al Padre ama el que no oye mi palabra. Dice esto, porque nada habla fuera del Padre, ni nada que Este desapruebe.

Dídimo. De Spiritu Sancto.

El Salvador afirma que el Espíritu Santo será enviado por el Padre en su nombre, siendo propiamente el nombre de Salvador el del Hijo. 
De este modo se significa con esta palabra la unidad de naturaleza, y la propiedad (si es lícito expresarse así) de las personas. 
El venir en Nombre del Padre, es sólo propio del Hijo, salvadas las relaciones entre el Padre y el Hijo, y ninguno otro viene en el Nombre del Padre, sino, por ejemplo, en el nombre del Señor, Dios Todopoderoso. 
Como los siervos que vienen en el nombre del Señor, por lo mismo que están sometidos y sirven, testimonian al Señor (siendo siervos del Señor), así también el Hijo, que viene en el Nombre del Padre, lleva su Nombre, porque así se prueba como tal Hijo Unigénito. 
Y como el Espíritu Santo se envía en el Nombre del Hijo, se demuestra la Unidad en que está con el Hijo:
De donde también se dice Espíritu del Hijo por su adopción, haciendo hijos a aquellos que habían querido recibirle. Mas este Espíritu Santo, que viene en el Nombre del Hijo enviado por el Padre, enseñará todas las cosas a los que han sido perfeccionados en el Nombre de Cristo, en cuanto aquéllas corresponden a lo espiritual y a los Sacramentos intelectuales de la Verdad y de la Sabiduría. 
Mas enseñará, no como se aprenden ciertas artes y la ciencia con esfuerzo y diligencia, sino como corresponde a aquel arte que es a la vez doctrina y sabiduría, inspirando invisiblemente el Espíritu de la Verdad la ciencia de lo Divino en el entendimiento.

Teofilacto.

En efecto, el Espíritu Santo, no sólo enseñó, sino que también recordó. Enseñó todo aquello que Cristo no había enseñado por superar a nuestras fuerzas, y recordó todas las cosas que el Señor había dicho, y que ya sea por su oscuridad, ya sea por la torpeza de ellos, no habían podido conservar en la memoria.

San Agustín ut supra.

Nos deja la paz en este mundo, con cuya ayuda vencemos al enemigo, y para que también aquí nos amemos mutuamente. 
Nos dará su paz en la vida futura, cuando reinaremos sin enemigos, y donde nunca podremos disentir entre nosotros. 
Y El mismo es nuestra paz, ahora que creemos que es y cuando le veamos tal cual es. 
Mas ¿por qué, cuando dice "La paz os dejo", no añade mía, y sí, cuando dice: Os doy? 
¿Acaso habrá que sobreentender mía donde no se dijo? 
¿O es que hay aquí algún sentido oculto? 
Quiso significar por su paz aquella que El tiene, y porque la paz que nos dejó en este mundo más bien puede llamarse nuestra que de El. 
Nada hay que esté en lucha con El, porque está completamente exento de pecado, y nosotros, en cambio, tenemos la paz que es compatible con el estado en que tenemos que decir: Perdónanos nuestras deudas.
(Mt 6,12). 
Pero también hay paz entre nosotros, porque sabemos del mutuo amor que nos tenemos. 
Pero ni aun esta paz es completa, porque no vemos mutuamente los pensamientos de nuestros corazones. Tampoco se me oculta que estas palabras del Señor pueden considerarse como repetición de un mismo pensamiento. 
Y al proseguir el Señor: 
"No os la doy yo como la da el mundo", ¿qué otra cosa es esto sino no como la dan los hombres que aman al mundo? 
Estos se conceden la paz a fin de gozar del mundo sin molestias; y cuando conceden la paz a los justos, de tal manera que dejan de perseguirlos, la paz no puede ser verdadera donde no hay verdadera concordia, porque sus corazones están muy separados.

San Hilario ut supra.

Aduce el mérito de la Gloria que había de recibir, diciendo: 
"Ya no hablaré muchas cosas con vosotros".

Beda.

Hablaba de este modo, porque estaba muy cercano el tiempo en que había de ser preso y llevado a la muerte: "Porque viene el príncipe de este mundo".

San Agustín Contra Arianos cap. 11.

Pero que el Hijo sea obediente a la Voluntad y precepto del Padre, no prueba, ni aun en los hombres, desigualdad de naturaleza, porque Cristo no sólo es Dios, por cuya Naturaleza es igual al Padre, sino también Hombre, por cuya naturaleza es menor que el Padre.

Crisóstomo hom. 75.

O esto que dice: 
"Levantaos, vamos de aquí".
Es principio de otro pensamiento. 
Era consiguiente que se llenasen de temor, estando en medio del campo, sumergidos en las sombras de la noche, y, por lo tanto, que lejos de atender a lo que se les decía, volviesen los ojos alrededor y viesen en la imaginación a los perseguidores, máxime cuando oían: 
"Todavía estoy un poco con vosotros ( Jn 7,33).
Y "el príncipe de este mundo viene". (Jn 14,30). 
Y como oyendo esto y otras cosas semejantes, apenas atendían y se turbaban, los lleva a otro sitio, para que, considerándose en seguridad, no se cuiden de nada más que de oír, porque tenían que escuchar grandes Dogmas 

ORACION:

Oh Dios, que hoy has iluminado los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo. 
Haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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