CATENA AUREA: VIGILIA DE PENTECOSTÉS.


CATENA AUREA:
VIGILIA DE PENTECOSTES.

"Envía tu Espíritu y renacerán
y renovarás la faz de la tierra." 
(Salmos CIII, 30).

EPISTOLA:

"En aquellos días: 
Estando Apolo estaba en Corinto, sucedió que Pablo, después de recorrer las regiones superiores, llegó a Éfeso. 
Allí encontró algunos Discípulos, a quienes dijo: 
“¿Habéis recibido al Espíritu Santo después de abrazar la Fe?” 
Ellos le contestaron: 
“Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.
Preguntóles entonces: 
“¿Pues en qué habéis sido bautizados?” 
Dijeron: 
“En el bautismo de Juan”.
A lo que replicó Pablo:
“Juan bautizaba con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en Aquel que había de venir en pos de él, esto es, en Jesús”. Cuando oyeron esto, se bautizaron en el Nombre del Señor Jesús; y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran entre todos unos doce hombres. Entró Pablo en la sinagoga y habló con libertad por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. 
Mas como algunos endurecidos resistiesen, blasfemando del Camino, en presencia del pueblo, apartóse de ellos, llevando consigo a los Discípulos y discutía todos los días en la escuela de cierto Tirano". 
Hechos XIX, 1-8.

EVANGELIO:

"En aquel tiempo: 
Dijo Jesús a sus Discípulos: 
“Si me amáis, conservaréis mis mandamientos. 
Y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Intercesor, que quede siempre con vosotros, el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; mas vosotros lo conocéis, porque Él mora con vosotros y estará en vosotros. 
No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. 
Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me volveréis a ver, porque Yo vivo, y vosotros viviréis. 
En aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. 
El que tiene mis Mandamientos y los conserva, ése es el que me ama; y quien me ama, será amado de mi Padre, y Yo también lo amaré, y me manifestaré a él”. Juan XIV, 15-21.

CATENA AUREA
Explicación de los Santos Padres.

Dídimo: De Spiritu Santo.

Llamó al Espíritu Santo otro Consolador, no por la diversidad de esencia sino de operación, porque el Salvador desempeñaba el oficio de mediador y de enviado, para que a modo de Pontífice rogase por nosotros pecadores, y la denominación de Paráclito respecto del Espíritu Santo ya tiene otro sentido, y es el de consolador de los tristes. 
Mas no se vaya a deducir de esta diversidad de operaciones que la esencia del Hijo es distinta de la del Espíritu Santo, siendo así que en otro lugar el Espíritu Paráclito desempeña el papel de enviado delante del Padre. Así se lee: 
"El mismo Espíritu pide por nosotros" ( Rom 8,26). 
Y en cambio, el Salvador consuela los corazones de aquellos que necesitan de consolación, como se lee: "Y consoló a los humildes del pueblo". ( 1Mac 14,14).

Crisóstomo ut supra.

Dijo:
"Rogaré al Padre", para hacerles más dignas de fe las palabras que les dirigía. Porque si hubiese dicho: 
"Yo enviaré", no lo hubiesen creído simplemente.

San Agustín ut supra.

Primeramente es existir en algún sitio, y luego permanecer. 
Pero el Señor expuso lo que había dicho: 
"Junto a vosotros", cuando añadío: 
"en vosotros", pues si no está en vosotros, su ciencia no puede existir en vosotros. 
Así pues es vista por vosotros en vosotros y en vuestra conciencia.

San Gregorio Moralium 4, 41.

Mas si el Espíritu Santo ha de permanecer también en los Discípulos, ¿cómo podrá ya ser un signo especial su permanencia en el mediador? 
Se lee en el Evangelio: 
"Sobre el que vieres al Espíritu descender y permanecer, éste es el que bautiza" (Jn 1,33). 
Para comprender esta dificultad hay que distinguir los dones del Espíritu. 
El Espíritu Santo mora siempre en todos los escogidos con aquellos dones sin los cuales no podrían venir a la vida. 
Pero en aquellos dones que no son necesarios para nuestra propia vida, sino para salvar la de los demás, no mora siempre. 
A veces no se da a conocer por la exterioridad de los milagros, para que de este modo se posean sus virtudes más humildemente, pero Cristo lo tuvo siempre y en todas ocasiones presente.

San Agustín ut supra.

¿Por qué al decir que El vive habla de presente, y cuando dice que ellos vivirán, de futuro, sino porque la vida del cuerpo resucitado, que había de preceder en El, seguiría también en ellos? 
Y como su Resurrección había de ser muy en breve, pone el verbo en presente, para significar la premura. 
Y en cambio, como la de ellos se dilataría hasta el fin del mundo, no dice vivís, sino viviréis. 
Porque El vive, viviremos nosotros. Por el hombre la muerte y por el hombre la resurrección de los muertos ( 1Cor 15,21). 
De aquí que sigue: 
"En aquel día (en que vosotros viviréis) conoceréis (no como ahora por la Fe sino por la contemplación) que yo estoy en el Padre y vosotros en mí, y yo en vosotros".
Porque en tanto que vivamos aquella vida que destruye la muerte, llegará a su perfección lo que entonces empezó por El, esto es, que El esté en nosotros y nosotros en El.

Crisóstomo ut supra.

O bien: 
Conoceréis, desde el mismo día en que yo resucite. 
Porque cuando vieron que había resucitado y que habitaba con ellos, adquirieron una Fe certísima, porque la virtud del Espíritu Santo les enseñaba todas las cosas. 
Dijo: 
"Yo estoy en mi Padre", como signo de humildad. Y al decir: 
"Y vosotros en mí, y yo en vosotros", alude a la humanidad y al auxilio divino. 
La Escritura suele usar muchas palabras en sentido distinto cuando las refiere a Dios y cuando las refiere a los hombres.

San Hilario De Trin. lib. 8.

También El está en el Padre por la divinidad, nosotros en El por su nacimiento corpóreo, y de nuevo El en nosotros por el misterio del sacramento. 
Porque El atestiguó (Jn 6,56): 
"Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en El".

Teofilacto.

O porque después de la Resurrección aparecería a ellos en forma corporal que dejase ver mejor la Divinidad, y les predice esto para que después no crean que es un simple espíritu o fantasma. 
Y entonces, viéndolo, no desconfíen, sino que recuerden que se aparece a ellos porque han guardado sus Mandamientos. 
De esta manera quedarían obligados a guardarlos siempre, para que siempre se aparezca a ellos.

ORACION.

Oh Dios, que mitigaste para los tres jóvenes los ardores del fuego; concede propicio que la llama de los vicios no nos abrase a nosotros tus siervos. 
Por Nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX:

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