MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


Para el día de Pentecostés.
(Jn 14,23-31).

PUNTO I.

Los Apóstoles permanecieron en retiro y dedicados a la oración desde la Ascensión de Jesucristo hasta el día de Pentecostés, que era la fiesta que celebraban los judíos para conmemorar la recepción de la ley antigua por Moisés, en el Monte Sinaí. 
En este día descendió el Espíritu Santo sobre ellos y sobre cuantos estaban reunidos con ellos, en una espaciosa sala, para darles la Ley Nueva, que era Ley de Gracia y de Amor.
Y se derramó sobre ellos y en ellos a modo de viento impetuoso, para indicar que del mismo modo que Dios, al crear al hombre, insufló en él, según la expresión de la Escritura, un aliento de vida, así igualmente Jesucristo, al comunicar a sus Discípulos la Vida Nueva, para que vivieran en lo sucesivo sólo según la Gracia, insufló en ellos su Divino Espíritu, para darles alguna señal de su Vida Divina.

También en este Santo día debe reposar sobre vosotros el Espíritu de Dios, para poneros en disposición de no vivir y de no actuar ya sino por su impulso.

Atraedle a vosotros mediante un corazón bien dispuesto.

PUNTO II.

Se refiere en los Hechos de los Apóstoles que ese viento, símbolo del Espíritu de Dios, que se derramó sobre los Discípulos de Jesucristo, llenó toda la casa; y eso para manifestar lo que se expresa a continuación, que todos los que estaban allí reunidos fueron llenos del Espíritu Santo.

En ese momento los Apóstoles recibieron tal abundancia de Gracias, que toda Jerusalén resonó con sus voces. 
No hablaban más que de Jesucristo Resucitado. 
Tenían siempre en su boca las Palabras de la Sagrada Escritura, que les servía de guía de su conducta.
Todos se habían dispersado después de verlo expirar en la Cruz. 

Se habían escondido por miedo a la muerte. 
Pero, una vez recibido el Espíritu Santo, se reunieron en asamblea en el mismo lugar, y allí se animaban; se alentaban a padecer por el nombre de Jesucristo; se consideraban felices por ello y se regocijaban.

En vuestro estado necesitáis la Plenitud del Espíritu de Dios, pues no debéis vivir ni guiaros sino conforme al Espíritu y a las Luces de la Fe. 
Y sólo el Espíritu de Dios os puede poner en tal disposición.

PUNTO III.

Los Hechos de los Apóstoles añaden que a todos los discípulos que estaban reunidos se les aparecieron como lenguas de fuego, separadas unas de otras, que se posaron sobre cada uno de ellos; y desde ese momento comenzaron a hablar lenguas diversas, según la gracia que el Espíritu Santo les otorgaba.
¡Qué maravilla! 
Los que antes eran tan rudos que no podían entender las Santas Verdades que les exponía Jesucristo, fueron de repente iluminados de tal modo, que explicaban con claridad e increíble precisión las palabras de la Sagrada Escritura. 

De manera que todos los allí presentes estaban fuera de sí y profundamente asombrados; y que en poco tiempo se convirtieron muchos; porque, como les dijo San Pedro, el Espíritu de Dios se había derramado sobre ellos.

Vosotros ejercéis un empleo que os pone en la obligación de mover los corazones; y no podréis conseguirlo sino por el Espíritu de Dios. 

Pedidle que os conceda hoy la misma gracia que otorgó a los Santos Apóstoles, y que después de haberos colmado de su Espíritu para santificaros, os lo comunique también para procurar la Salvación de los demás.

ORACION:

Oh Dios, que hoy has iluminado los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo. 
Haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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