MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS


MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS.

Los frutos de la Gracia del Espíritu Santo.

"Y todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en varias lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen". (Hech 2, 4).

Se llenan del Espíritu Santo, que es el único que puede llenar el alma, la cual no puede ser llenada por todo el universo.

"Y no pueden recibir a otro espíritu, porque los vasos llenos no pueden recibir aumento". (Glosa).

A la Virgen se le dijo:

"Dios te salve, llena eres de Gracia, el Señor está contigo, Bendita tú entre las mujeres". 
(Lc 1, 28). 

Observa que entre las dos palabras: 
"Llena de Gracia" y "Bendita tú entre las mujeres", se dice: 
"El Señor está contigo", porque es el mismo Señor, que conserva en el interior la plenitud de la gracia y realiza en el exterior la bendición de la fecundidad, o sea, de las obras santas.

Además, después de "Llena eres de Gracia", se dice con razón: 
"El Señor está contigo", porque, como sin Dios nada podemos hacer o tener, sin El tampoco podemos conservar lo que hemos recibido. 
Por esto, después de la Gracia, es necesario que el Señor esté con nosotros y conserve lo que El sólo dio. 
Al darnos su Gracia, El nos previene; pero, para conservarla, nosotros debemos ser sus cooperadores. 
El no vela sobre nosotros, si junto con El no velamos también nosotros.

El Señor manifiesta claramente que exige nuestra solícita colaboración, cuando pregunta a los Apóstoles: 

"No pudieron velar una sola hora conmigo? Velen y oren para no entrar en la tentación". 
(Mt 26, 40‑41). 

Con razón, pues, se dice: 

"Y todos fueron llenos del Espíritu Santo".

A este propósito dice el Señor en el Evangelio del Domingo:

"El Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les dije". (Jn 14, 26).

El Padre envió al Consolador en Nombre del Hijo, o sea, para Gloria del Hijo, para manifestar la Gloria del Hijo. 
"El les enseñará", para que sepan; "les recordará", o sea, les proveerá los medios, para que quieran. 
La Gracia del Espíritu Santo da el saber y el querer. 
Hoy se canta en la Misa:

"Ven, Espíritu Santo, y llena los corazones de tus fieles", para que tengan el saber; y "enciende en ellos el fuego de tu amor", para que quieran llevar a cabo lo que saben.
(Secuencia de la Misa de Pentecostés).

También se canta:

"Envía a tu Espíritu; y las cosas serán creadas" con tu saber; y así "renovarás la faz de la tierra", con tu buena Voluntad.
(Salm 103, 30).

Con este versículo del Salmo, concuerda lo que leemos en las Lamentaciones de Jeremías:

"Desde lo alto, el Señor envió fuego en mis huesos y me instruyó". (1, 13). 

Es la Iglesia que se expresa asi:

"El Padre, desde lo alto, o sea, desde el Hijo, envió hoy el fuego, o sea, al Espíritu Santo, en mis huesos, o sea, en los apóstoles, y por medio de ellos me instruyó, para que sepa y quiera".

"Todos fueron llenos del Espíritu Santo". 

De ello se halla una concordancia en las palabras del Génesis:

"El Señor hizo pasar un viento", el Espíritu Santo, "sobre la tierra; y las aguas disminuyeron. 
Las fuentes del abismo y las cataratas del cielo fueron cerradas; y las lluvias del cielo fueron detenidas". (8, 1‑2).

Presta atención a estas cuatro palabras: 
Las aguas, las fuentes, las cataratas y las lluvias. 
En las aguas están simbolizadas las riquezas; en las fuentes del abismo, los pensamientos del espíritu; en las cataratas del cielo, los ojos; en las lluvias, la abundancia de las palabras. Cuando el Señor hace pasar al Espíritu Santo Sobre la tierra, o sea, sobre la mente del pecador, entonces las aguas de las riquezas disminuyen, porque son distribuidas entre los pobres.

De estas aguas se dice en el Génesis: 

"A la reunión de las aguas, Dios la llamó "mar". (1, 10). 

La acumulación de las riquezas no es otra cosa más que amargura de tribulaciones y de dolores. 
Dice Habacuc:

"Ay de aquel que multiplicó lo que no era suyo!
Hasta cuándo cargará sobre sí tan denso barro?". (2, 6).

El barro, amontonado en casa, despide hedor; pero, esparcido, hace fecunda la tierra. 
Así son las riquezas:
Si se acumulan, y, sobre todo, si no son propias, sino ajenas, despiden el hedor del pecado y de la muerte; pero si se distribuyen entre los pobres y si se restituyen a sus propietarios, hacen fecunda la tierra de la mente y la hacen fructificar.

El abismo es el corazón del hombre, del cual dice Jeremías:

"Malvado e inescrutable es el corazón del hombre; quién podrá conocerlo?". (17, g). 

Las fuentes de este abismo son los pensamientos; pero estas fuentes se cierran, cuando se infunde la Gracia del Espíritu Santo. 
Con esto concuerda lo que se lee en el Libro segundo de las Crónicas:

"Ezequías reunió a mucha gente, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo:
Si vienen los reyes de Asiria, no deben hallar abundancia de aguas". (32, 4).

Ezequías es el justo, que debe reunir una gran multitud de buenos pensamientos y obstruir las fuentes de los pensamientos inicuos y perversos y el torrente de las concupiscencias, para que los demonios, al hallar abundancia de aguas, no destruyan con ellas la ciudad del alma.

Las cataratas del cielo son las ventanas. 
Las ventanas son llamadas asi porque traen luz o porque a través de ellas podemos mirar hacia fuera. 

Luz se dice en griego phos (y en latín, ventana se dice fenestra con cierta asonancia con phos, luz). 
En la cabeza, como los dos astros colocados por Dios en el firmamento (Gen 1, 14), están situadas dos lumbreras, o sea, los dos ojos, que son como dos ventanas, a través de las cuales podemos ver. 
Las dos ventanas se cierran a la vanidad del mundo, cuando se infunde en la mente la luz de la Gracia.

Las lluvias (en latín, pluviae, que suena como fluviae fluentes) simbolizan las palabras, que sin obstáculos ni impedimentos son prodigadas profusamente en todas partes. 
Dice Salomón:

"El que inicia un litigio, es como si abriera una represa".
(Prov 17, 14). 

Y el Eclesiástico aconseja:

"No permitas a tus aguas una salida, ni pequeña".(25, 34).

Estas lluvias cesan cuando, con la gracia del Espíritu Santo, la lengua se acostumbra a cantar las alabanzas de su Creador y a confesar sus pecados. Con razón, pues, se dice, "Y todos fueron llenos del Espíritu Santo".

"Y comenzaron a hablar en varias lenguas, según el Espíritu Santo les daba que hablasen".

El que está lleno del Espíritu Santo, habla diversas lenguas. 
Las diversas lenguas son los distintos testimonios, que podemos dar a Cristo, como la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia; y llegamos a hablar en estas "lenguas", o virtudes, cuando las mostramos a los demás en nuestra vida práctica.

La lengua es viva, cuando hablan las obras. 
Les conjuro: 
cesen las palabras, y hablen las obras! Estamos llenos de palabras, pero vacíos de obras; y por eso el Señor nos maldice, como "maldijo la higuera, en la cual no halló frutos, sino sólo hojas" (Mt 21, 19).

Dice Gregorio:

"Hay una ley dada al predicador:
Que practique lo que predica. inútilmente hace conocer la ley aquel que con las obras, o sea, con su vida, destruye su enseñanza".

En cambio, los Apóstoles hablaban,
"Según el Espíritu Santo les daba que hablasen".

Bienaventurado el hombre, que habla según el Espíritu Santo le da, y no según sus inclinaciones! 
Hay algunos que hablan según sus inclinaciones, se apoderan de las palabras ajenas, las proclaman como propias y se las atribuyen.

Contra ellos y contra los que son como ellos, el Señor amonesta por boca de Jeremías:

"Heme aquí contra los profetas, que se roban los unos a los otros mis palabras. 
Heme aquí contra los profetas, que toman sus palabras y proclaman:
Dice el Señor!"

Heme aquí contra los profetas que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y pervierten a mi pueblo con sus mentiras y con sus falsos milagros. 
Yo no los envié, ni los mandé; y ellos no hicieron ningún provecho a mi pueblo, dice el Señor". (23, 30‑32).

En conclusión, hablemos según el Espíritu Santo nos da que hablemos, y pidámosle con humildad y devoción que nos infunda su Gracia, para que cumplamos los días de Pentecostés con la perfección de los cinco sentidos y en la observancia del decálogo, y para que nos llenemos del vehemente espíritu de contrición y nos inflamemos con las lenguas de fuego de la Confesión. 
Así inflamados e iluminados, mereceremos ver a Dios Uno y Trino entre los esplendores de los Santos.

Nos lo conceda el Dios Uno y Trino, que es Bendito por los siglos de los siglos. Amén! Aleluya!

ORACION.

Te suplicamos, oh Dios Misericordioso, concedas a tu Iglesia, que congregada en el Espíritu Santo, no sea turbada por las asechanzas del enemigo.    
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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