MEDITACIÓNES DE SAN ANTONIO DE PADUA. II DIA DE LA OCTAVA DE SAN JUAN BAUTISTA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA.
II DIA DE LA OCTAVA DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA.
II ‑ La imposición del nombre.
1.‑ "Y sucedió que al octavo día vinieron para circuncidar al niño".
(Lc 1, 59).
El primer día indica el conocimiento de la propia fragilidad; el segundo, el recuerdo de la propia iniquidad; el tercero, la amargura de la contrición por los propios pecados; el cuarto, la efusión de las lágrimas; el quinto, la acusación de sí mismo en la confesión; el sexto, la plegaria al Señor; el séptimo, la limosna al prójimo; y el octavo, la aflicción de la abstinencia para sí mismo.
En este octavo día fue circuncidado el niño, porque la práctica de la abstinencia circuncida realmente el corazón de culpables consentimientos y el cuerpo de lícitos placeres de los sentidos.
Se dice abstenerse, o sea, estar lejos.
Está lejos el que no consiente a los lícitos placeres ni del corazón ni del cuerpo.
Se lee en el Génesis que los Ángeles dijeron a Lot:
"No te detengas en toda esta región ni en los alrededores; sino, sálvate a ti mismo en el monte, no sea que tú también perezcas". (19, 17).
"Toda región" significa el corazón y el cuerpo.
Ni en esta región ni en sus alrededores absolutamente debemos detenernos ni con los actos ni con el consentimiento; sino que debemos salvarnos lejos, en el monte de una conducta celestial, para no perecer con los demás, que se detienen dentro de esa región o en sus alrededores.
"Y querían llamarlo con el nombre de su padre, Zacarías".(Lc 1, 59).
Explica la Glosa:
"Los que quieren llamar al niño con el nombre de su padre, representan a los que, mientras el Señor anuncia los nuevos dones de la Gracia, quisieran, en cambio, que él predicara todavía las sólitas proclamas del antiguo sacerdocio.
Quieren imponer el nombre del padre, porque prefieren recibir la justicia que viene de la ley a acoger la gracia que viene de la Fe".
Lo mismo hacen hoy los malos parientes y vecinos, que al hijo de un usurero quieren imponerle el nombre del padre; y con ello le enseñan a imitar la maldad, la rapiña y la usura del padre.
Sin embargo, oigamos lo que la madre responde:
"De ninguna manera, sino que se llamará Juan!".
A través del espíritu profético aprende lo que no aprendió del marido.
En efecto, no podía ignorar el nombre del precursor ‑que el Ángel había revelado a Zacarías‑ aquella, que había reconocido a Cristo en el seno de su madre. (Lc 1, 13).
Juan se interpreta: "Gracia de Dios", porque fue el Precursor de la Gracia, o también: "inicio del bautismo", por el cual se infunde la Gracia.
El alma fiel quiere que su obra sea llamada "Gracia", porque con la Gracia la cumple y con la Gracia quiere conservarla; y dice con el Apóstol:
"Por Gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue vana en mí". (1Cor 15, 10).
Por eso Juan se interpreta también: "Aquel en el que está la Gracia", por dos motivos:
Para que la conserve y para que por ella sea conservado; y así la Gracia no será vana, o sea, inoperosa.
El vaso, que conserva el vino, es también conservado por el vino, para que no se pudra.
"Guarda los Mandamientos, y los Mandamientos te guardarán a ti". (Prov 7, 2).
Dice el Apocalipsis:
"Porque guardaste con constancia mi Palabra, yo también te guardaré en la hora de la tentación que está por venir al mundo entero, para poner a prueba a los habitantes de la tierra". (3, 10).
El que guarda la palabra con constancia, es a su vez guardado para que en la hora de la tentación no pronuncie palabras ofensivas, o sea, no consienta al pecado.
O también:
La hora de la tentación es el momento de la muerte, en el cual el diablo se esfuerza con todos los medios por tentar al hombre y pervertir sus sentimientos, porque en aquel momento o lo conquista o lo pierde definitivamente.
En aquel momento, sobre todo, el diablo tienta al hombre contra la Fe y contra la Esperanza, para que no crea ni reciba los Sacramentos de la Iglesia, y para que no ponga su Esperanza en la Divina Misericordia.
Feliz de aquel que en aquel momento "Será guardado!"
ORACION.
Oh Dios! Que nos haces honrar este día con el Nacimiento de San Juan; concede a tus pueblos la gracia de los Goces Espirituales, y guía las almas de todos los fieles por el camino de la Salvación Eterna.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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