VIDA DE LOS SANTOS: EL SANTO NIÑO DE LA GUARDA, MARTIR.


25 de Septiembre. Conmemoracion del Martirio del Santo Niño de la Guarda.

                     ORACIÓN 
Oh Dios, que de un modo admirable hiciste llegar al Cielo al Santo Niño Cristóbal por el camino de la inocencia y de la cruz del Martirio, concédenos propicio que, por sus méritos, e intercesión podamos imitar su humildad e inocencia.
Por Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor.
Quien vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

El Santo Niño de la Guardia, (1489) era un inocente chiquillo de tres a cuatro años, de nombre Cristóbal, hijo de Alonso de Pasamontes o Alonso Martín de Quintanar y de Juana la Guindera, quien, según algunos era ciega.
Entre Febrero y Marzo de 1489, atrayéndolo con engaños, varios marranos lo raptaron y escondieron en la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor. 
Los raptores, como se acercaba la semana en que los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesús, pensaron que era buena ocasión para repetir en aquélla indefensa criatura la Pasión de Cristo. 
Se trasladaron, en efecto, los verdugos a una de las cuevas que se abren en el accidentado terreno del término de La Guardia, en carreocaña o carrocaña (e. d. carrera o camino de Ocaña), amparados en el secreto de la noche del Viernes Santo de 1489, a la luz de una candela, y tapada la boca de la caverna con una manta o una capa, realizaron en el niño toda clase de perfidias.

La sentencia inquisitorial condenatoria de uno de los cómplices, el mozo marrano Yucé Franco, zapatero de Tembleque, nos describe que extendieron los brazos y piernas del niño en dos palos puestos a manera de cruz, le azotaron, escupieron y abofetearon, poniéndole una corona de hierbas espinosas en la cabeza, que también le colocaron las espaldas y plantas de los pies. Finalmente, le vaciaron toda la sangre del cuerpo, y, abriéndole el pecho, le sacaron el corazón guardándolo en salmuera. 
Durante el crimen ritual, usaron una Hostia consagrada, que, rescatada del equipaje de Yuce en el momento de su detención, se conserva aún en el Convento de Santo Tomás, en España, dentro de un envase a modo de relicario.
Todos los participantes confesaron por separado la misma historia, con los mismos detalles y la misma narración de los hechos. 
Si la historia de Yuce fuese falsa, esta sincronía "telepática" no hubiera podido conseguirse ni con la más larga y dolorosa jornada de tortura y dolor.
Los relatos coincidían también con los registros que se tenían del estado del cuerpo del niño y la disposición de sus espantosas heridas.
Este crimen dio pie al inicio de un espectacular juicio del Santo Oficio, cuyo jurado sería integrado por altísimos representantes de la cultura y la intelectualidad española, hombres nobles y de carácter intachable, todos ellos miembros de la Universidad de Salamanca. 
Ávila se convirtió en el epicentro de las crónicas de entonces. 
Las muchedumbres siguieron atentamente el desarrollo del caso y al saberse sus escalofriantes detalles, hubo varios intentos de revueltas antimarranas que, afortunadamente para ellos, lograron ser detenidas por dictados reales.
El crimen, como bien lo señaló el sabio marrano I. Loeb, no es uno de tantos crímenes rituales que durante la Edad Media se atribuyó a los judíos, a quienes se acusaba de muerte de niños cristianos. 
El caso del Santo Niño es muy distinto.

Su culto comenzó muy temprano, pues ya en las visitas eclesiásticas a partir de 1501 hallamos referencias a los santuarios constituidos en los lugares donde el tierno niño padeció o fue enterrado y La Guardia le tomó por Patrón, celebrando fiesta solemne así en el día de los Santos Inocentes como el 25 de Marzo o en la semana de quasimodo (primera de Pascua); sólo desde 1580 se votó para que su fiesta se celebrase en adelante el 25 de Septiembre de cada año. También las autoridades religiosas dieron reiteradas pruebas de devoción hacia el Mártir; así el Cardenal Siliceo, que en 1547 alegaba en abono de su Estatuto de limpieza la crucifixión de aquél, y el Cabildo de la Iglesia primada, que en 1613 pedía a varios Cardenales y a la Congregación de Ritos licencia para rezar al inocente Mártir a lo menos en todo el arzobispado toledano. 
Al arzobispo Alonso de Fonseca se debe el encargo del antiguo retablo que se puso en la cueva de la crucifixión, así como a Lorenzana el haber mandado pintar, de la diestra mano de Bayéu, el Martirio del niño en los claustros de la iglesia capitular.
Consta asimismo de la admiración que le profesaron monarcas como Fernando V, Carlos I y Felipe II. 

El Papa Pío VII Canonizó al niño asesinado como San Cristóbal, autorizando su culto en la Iglesia de Toledo. 
Existe un Altar en su honor y el pueblo de La Guardia guarda su memoria hasta nuestros días. 
Su tragedia y su alma se recuerdan como la del "Santo Niño de La Guardia".

Se le atribuyen muchísimos milagros, como la devolución de la vista a su madre ciega, las cuatro curaciones obradas con ciertas personas de Alcázar de Consuegra al comenzar el 1492; un tullido, una mujer con la boca torcida hacía más de dieciocho años, un sordo total y una pobre ciega, aparte de otros mil prodigios referentes a niños quebrados y enfermos de todas clases cuya curación detallan los rótulos que sobre cada caso penden del santuario de La Guardia.
Hoy se conservan en la Ermita unos versos compuestos por Don Diego Gracian, Secretario de Carlos V, en un viaje del Emperador a la Ermita; estos versos escritos en latín, traducidos dicen así:

"Pasado con el cuchillo el tierno pecho, 
saliéndole la sangre apresurada, 
dijo el Niño: si en tanto amor estrecho 
buscas mi corazón, furia malvada, 
búscale al otro lado, no al derecho".

Estos versos datan, de Febrero de 1539, en que el "Emperador visitaba la Ermita".

Son muchos los milagros del Santo Niño de la Guardia, y existen testimonios de los mismos, que han consolidado la fe de sus devotos.
El mundo de la literatura ha dejado constancia de este terrible suceso del siglo XV en los alrededores de Toledo. 
Lope escribió El Niño Inocente y Quevedo se ocupó de él, proponiendo en carta escrita al Rey se dignase disponer las cosas para que el Santo Niño compartiera el Patronato de España con Santiago; afirmaba que «puede interceder a Dios, como no puede otro alguno, por la Pasión que Cristo pasó por él y por la que él pasó por Cristo».
Ya en el año 1501 hay referencias a los lugares de culto en los que se le venera que son los mismos en los que sufrió y fue enterrado. 
El Papa Pío VII confirmó su culto en 1805.

El siglo XV está plagado de problemas enconados y agudos suscitados por los conversos del marranismo; motivaron la predicación de San Vicente Ferrer y de otros muchos; salieron a la luz disposiciones eclesiásticas y leyes civiles porque hubo persecuciones con matanzas. 
Se produce un repetido intento sincero para facilitar conversiones al cristianismo; partía la iniciativa de un verdadero afán Apostólico, pero al tener siempre pobres o nulos resultados, ni el poder político ni el militar pudieron mantenerse al margen ni sustraer la atención a los hechos. 
Hubo falsos conversos que seguían practicando un marranismo casero con repercusiones en el orden social. Los Reyes Católicos, fracasados los esfuerzos persuasorios del 1478, solicitaron del Papa Sixto IV la Bula para establecer la Inquisición; en el 1480 ya quedaba nombrado el Tribunal, pero no por ello estaba asegurado el orden; estaban implicadas personas marranas poderosas en dinero y número, como se hizo patente en el complot de Sevilla, el asesinato en Zaragoza del Inquisidor Pedro de Arbués en 1485, la resistencia a la entrada de los inquisidores en Teruel, en Barcelona y Valencia. Los alborotos de Jaén y Córdoba del 1467 se repitieron con mayor virulencia en la ciudad de Toledo entre 1486 y 1488.




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