SERMON PARA EL III DOMINGO DESPUES DE EPIFANIA. R.P.L.C.


SERMON DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI PARA EL III DOMINGO DESPUES DE EPIFANIA.

EVANGELIO:

"Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: 
« Señorsi quieres puedes limpiarme.» El extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda
limpio.» 
Y al instante quedó limpio de su lepra. 
Y Jesús le dice: 
«Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio. 
Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un Centurión y le rogó diciendo: «Señor, mí criado yace en casa paralítico con
tenibles sufrimientos.» 
Dicele Jesús: 
«Yo iré a curarle.» 
Replicó el Centurión: 
Señor, no soy digno de que entres bajo mí techo; basta que lo
digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy
un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va;
y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.» 
Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: 
«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. 
Y yo os digo que vendrán
muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abmham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechina¡ de dientes.»
Y dijo jesús al Centurión: 
«Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado" (Mt. 8, 1-13).
"San Mateo narra juntamente en este Evangelio dos milagros de
Cristo peculiares.
Su peculiaridad ha sido muchas veces explicada: 
el milagro del Centurión es un milagro a distancia¡ en el milagro del leproso se puede comentar el mandato de presentarse a los Sacerdotes, que muestra una vez más la obediencia de Cristo a la Ley de Moisés.
Otra peculiaridad es la diferencia social de los beneficiados, que
están en los dos extremos de la escala social: 
un mendigo más que mendigo y un potentado más que potentado: 
Cristo no hacía distinción de "clases".
Los leprosos en Palestina mendigaban pero eran menos que mendigos: eran parias y eran horrores; no había llegado todavía "el fanatismo teológico de la Edad Media" (corno dice Lisandro de la
Torre) cuando las reinas besaban por caridad heroica a los leprosos.
El otro era un Centurión o Mayor, el grado más alto de la milicia
romana, que mandaba teóricamente 100 hombres, pero podía mandar
una división entera, una "legión" con el nombre de Primer Centurión,
hoy día General de División. 
Sobre ellos solamente estaba el lmperator (de donde vino Emperador), que era el Comandante en Jefe, como Illia, "Irnperator Illia". Ave Caesar lmperator, morituri te salutant: Ave César Emperador, los que están por morir te saludan.
Hoy quiero fijarme solamente en este rasgo, que Cristo fue amigo
de un militar; o mejor dicho, de un hombre de guerra porque los
militares actuales son diferentes de los guerreros antiguos; pues el
militar actual es el sirviente bien pagado de un Estado, justo o injusto; y el guerrero antiguo se consideraba al servicio de la Justicia,
lo mismo que el Estado, teóricamente almenos; ambos estaban debajo de una instancia superior, y el Ejército, aunque formaba parte del Estado, tenía cierto juego libre.
Esta afirmación puede ser objetada, y no tengo tiempo de responder a las objeciones. 
El Ejército romano se corrompió, según San Agustín Bien Distingo: ¿cuándo? Pero el hecho es que el Ejército romano y más todavía los Ejércitos caballerescos medievales se consideraban al servicio de la Justicia, de la virtud de la Justicia; o sea, peleaban por Dios.
Cristo no le dijo al Centurión: 
"Eres un hombre de guerra, ¿qué
tengo Yo que ver contigo? 
La guerra es una actividad ilícita, que Yo he venido a quitar del mundo", corno diría Gandhi. 
El Ejército romano, no se podía jugar con él, era invencible; pero jugaba limpio.
Hoy día algunos exégetas (Ricciottí, Durand, Straubinger) dicen
que no era un Centurión romano sino un Centurión de Herodes Antipas. 
No sé deónde lo sacan, todos los Santos Padres dicen ''romano" y el Evangelio dice "gentil" o "pagano". Pero en fin, sea: un pagano al servicio de Herodes: "más en mi favor", dijo el español.
Cristo no condenó la guerra ni la pena de muerte; tampoco las aprobó; no dijo nada, las dio corno hechos existentes, que su misión.
no era suprimir, lo mismo que no lo era suprimir las enfermedades
y la muerte; sino en todo caso ponerlo todo bajo el Dominio de la
Santidad y la Justicia. 
Cristo habló de la guerra y la pena de muerte sin manifestar ninguna protesta.

La Iglesia lo imitó: 
no condenó la guerra y el oficio de las armas, como quisieron Tertuliano y otros heréticos; se limitó a decir que
había guerras injustas, por boca de San Agustín. 
Muchísimos soldados romanos se hicieron cristianos y muchísimos fueron mártires; recordemos al tan popular San Sebastián (pintado 100 veces por los pintores del Renacimiento) y San Mauricio, Jefe de la Legión Tebea, que fue decapitado junto con toda su Legión, o una parte de su Legión (no se sabe bien) por haber rehusado sacrificar a las "águilas de oro", que eran ídolos. "San Mauricío o la Obediencia", es un hermoso drama de Henri Gheon. 
En La Cristiandad posterior, innume-
rables. 
San Fernando I de Castilla ... y muchos otros Reyes guerreros
de toda Europa, Canonizados; y bien podían canonizar también a la
Madre de América, Isabel la Católica, que andaba a caballo junto a
su marido dirigiendo batallas campales; de modo que los campesinos de Castilla decían: "Tanto monta, monta tanto - Isabel como Fernando."
Todos estos fueron hombres malos según Gandhi y sus secuaces.
Gandhi, como Uds. saben, predicó la doctrina de la "nunca violencia" y la atribuyó a Cristo; la predicó pero no siempre la practicó, porque si un chico venía de atrás y le daba un puntapié en el trasero, lo corría hasta alcanzarlo y le propinaba una paliza; y lo que es peor, mandó tropas hindúes a pelear por Inglaterra en la Primera Gran guerra; y ni siquiera por causa de la Justicia sino por causa de la astucia, como él confiesa. 
Su doctrina viene a ser por tanto: 
"No hacer violencia a nadie, amenos que sea más débil que uno."
Sus seguidores no son tan prudentes: Romain Rolland, Gilbert
Cesbron y ese misticón o santón franco-italiano llamado Lanza del Vasto, que escribió un enorme volumen "Las Cuatro Plagas" defendiendo el gandhismo puro más gandhista que Gandhi con el
nombre de auténtico Cristianismo, en el cual librote se mete con la
Historia Argentina y pone de oro y azul a Don Juan Manuel de
Rosas, al cual no conocía: 
puso allí lo que le dijo la Victoria Ocampo; la cual tampoco lo conoce.

Pero aquí viene algo nuevo que da un poco la razón a estos simplistas: 
la Iglesia enseñó que las guerras son justas o bien injustas; y resulta que todas las guerras modernas son injustas. 
De las cinco condiciones de una guerra justa que ponen los teólogos, las tres primeras no se cumplen en las guerras actuales, en ninguno de
los dos bandos, a saber: 
primero, estar seguro o casi seguro de la victoria; eso también lo indicó Cristo en una Parábola
Segundo, no hacer uso de armas prohibidas, porque eso es injusto, como envenenar las aguas, en tiempo de Cristo, o como las bombas atómicas, en el nuestro; 
Tercero, estar seguro que los daños producidos por la guerra no serán mayores que los daños producidos por el injusto agresor, y en las guerras actuales es al revés.
De modo que la Iglesia debe seguir diciendo que puede haber
guerras justas; pero es bueno saber que hoy día, en las actuales
condiciones del mundo, ya no las hay. 
¿Podría la Iglesia prohibir hoy la guerra? Ya lo ha hecho, al poner las condiciones de la guerra
justa. 
¿Sería justa hoy una guerra enorme para eliminar el Comunismo? 
Eso, "forse altri cantera con miglior plettro " es decir, se lo dejo
a otro el determinarlo. 
El Juan XXIII de mi novela cree que sí, pero ése no soy yo, es un personaje de novela.
Pero eso sí, tanto Cristo como la Iglesia consideran la guerra una
calamidad: 
"A peste, Fame et bello - libera nos, Domine" decimos en
las letanías de los Santos. 
Y por eso el Papa, hoy mismo, nos pide roguemos por la Paz al llamado "Príncipe de la Paz", que no es
Lindón Johnsón Sólo Él la puede dar, Cristo.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.

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