MEDITACIONES DE SANTO TOMAS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DESPUÉS DE EPIFANIA.


MEDITACIÓNES DE SANTO TOMÁS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DESPUES DE EPIFANIA.

SABADO DE LA III SEMANA.

HUMILDAD Y OBEDIENCIA DE CRISTO.

"Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz". (Filp. 2, 8).

1. Como prueba de humildad quiso Cristo padecer muerte de Cruz. 

Es verdad que la humildad no cabe en Dios, pues la Virtud de la humildad consiste en que uno se contenga dentro de sus propios límites, no extendiéndose a cosas que están sobre sí, sino que se someta al superior; por lo cual es evidente que la humildad no puede convenir a Dios, el cual no tiene superior, sino que Él está sobre todas las cosas. 

Mas si alguno se somete alguna vez por humildad a un igual o inferior, es porque en alguna cosa estima superior a sí al que es simplemente igual o inferior.

Así, pues, aun cuando a Cristo no le atañe la virtud de la humildad, por razón de su naturaleza divina, le corresponde, sin embargo, según su naturaleza humana, y su humildad es más digna de alabanza a causa de su
divinidad; pues la divinidad de la persona se suma para alabanza de la humildad, cuando, por ejemplo, por alguna necesidad, conviene que una persona grande padezca miserias. 

Ahora bien, ninguna dignidad humana es comparable a la de Dios.

Por consiguiente, la humildad del hombre Dios es tanto más digna de alabanza, al sufrir la abyección que él juzgó útil padecer por la salvación de
los hombres. 

Los hombres, en efecto, por su soberbia, eran amadores de la
gloria mundana. 

Así, por lo tanto, para despegar el corazón de los hombres de este amor de la gloria mundana y hacerles amar la gloria divina, quiso Cristo padecer la muerte, y no una muerte cualquiera, sino la más abyecta.

Pues hay algunos que, aunque no temen la muerte, aborrecen, sin embargo, una muerte ignominiosa; mas para despreciar esta misma muerte vergonzosa, el Señor animó a los hombres con el ejemplo de la suya.

Y aun cuando se podía enseñar la humildad a los hombres con las palabras divinas, sin embargo, los hechos son más eficaces que las palabras para mover a la acción; y con tanta mayor eficacia mueven los hechos, cuanto más cierto se está de la excelencia del que los da. De ahí que, aun cuando se encuentren muchos ejemplos de humildad en la vida de otros hombres, fue, sin embargo, muy conveniente que fuesen incitados por el ejemplo del hombre-Dios, del cual consta que no pudo errar, y cuya humildad es tanto más admirable cuanto su majestad es más sublime.

II. El Hijo de Dios, encarnado, sufrió la muerte para obedecer el mandato de su Padre, según la doctrina del Apóstol. 

Pues existe precepto de Dios a los hombres de practicar la virtud; y cuanto más perfectamente alguno ejecuta un acto virtuoso, tanto más obedece a Dios; mas entre las virtudes la principal es la caridad, a la cual se enderezan todas las otras. 

Por eso, ejercitando Cristo perfectísimamente el acto de caridad, fue obediente en grado máximo a Dios; pues ningún acto de caridad es más perfecto que sufrir la muerte por amor a alguno, como dice el mismo Señor: 

"Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos". (Jn 15, 13). 

Por consiguiente, al sufrir Cristo la muerte por la salvación de los hombres y gloria de su Padre, fue perfectamente obediente ejecutando el acto perfecto de caridad.

(Contra Gentiles, lib. 4, cap. 55).

ORACION:

Oh Dios, que conocéis nuestra fragilidad y sabéis que no podemos resistir entre tantos peligros como nos cercan; concedednos la Salud de alma y cuerpo, para que venzamos, con vuestra asistencia, los males que padecemos por nuestros pecados. Por Nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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