MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
SABADO I DE CUARESMA.
La Confesión de la boca II Parte. (acusación).
1. "Los demonios se encontrarán con los onocentauros".
Onos en griego es asno.
El asno es figura del lujurioso.
El asno es estúpido, perezoso y tímido.
Así el lujurioso es estúpido, porque perdió la Verdadera Sabiduría, cuyo sabor hace al hombre sabio y sobrio, y así elimina la lujuria de la carne, que hace al hombre estúpido y fatuo.
El lujurioso es también perezoso.
Se pregunta el poeta Ovidio:
"Por qué Egisto llegó a ser adúltero? La causa es evidente: era perezoso".
El lujurioso es también tímido, como el asno.
Se lee en la Historia Natural que:
"El animal que tiene un corazón grande es miedoso y el que lo tiene reducido es más corajudo".
Y la situación en que se va a encontrar este animal por el miedo, depende sólo de que el calor del corazón es limitado, y no puede satisfacerlo del todo, y llega a ser más débil en los corazones dilatados.
Y así la sangre se enfría.
Lleven el corazón dilatado también las liebres, los ciervos, los asnos y los ratones.
Como un fuego pequeño calienta menos en una casa grande, así es del calor en estos animales". (Aristóteles).
Lo mismo sucede en el lujurioso.
Lleve un corazón dilatado para pensar y cometer grandes maldades y graves pecados de lujuria, pero tiene poco o nada de calor y de amor del Espíritu Santo; y por esto es miedoso, inestable e :
"Inconstante en todas sus acciones".(Sant 1, 8).
El toro es figura del soberbio.
Y el Señor se queja por boca del Profeta:
"Me asediaron toros gordos".
(Sal 21, 13).
Los toros, o sea, los soberbios, que nadan en la opulencia de las cosas temporales, me asediaron como los judíos, con la voluntad de crucificarme de nuevo.
A estos onocentauros, o sea, a estos lujuriosos y soberbios, en la hora de la muerte acudirán los demonios, para adueñarse de sus almas, mientras salen del cuerpo; y así los mismos que los instigaban en la culpa, serán sus torturadores en el castigo.
2. "Y los sátiros gritarán unos a otros".
Los sátiros son los avaros y los usureros, que con razón son llamados pilosi, o sea, peludos, amarretes.
La avaricia llama a la usura y la usura a la avaricia:
Aquélla induce a ésta y ésta a aquélla.
Ay, qué desgracia!
El clamor de estos sátiros ya colmó el mundo entero.
Y la figura de éstos es el peludo Esaú, que se interpreta "Encina"; y los avaros y los usureros son peludos para recibir, pero son encinas, o sea, duros e inconmovibles, para restituir.
3. "Allí se agazapó el chacal y halló reposo".
El chacal, dicen, es una bestia que tiene cara como humana, pero termina con la cola de bestia.
Es una figura de los herejes, que, para engañar más fácilmente, se presentan con rostro humano y con palabras persuasivas.
De ellos dice Jeremías en las Lamentaciones:
"Los chacales muestran la teta y amamantan a sus cachorros".
(4, 3).
Los herejes muestran la teta, cuando predican su secta, y amamantan a sus cachorros, cuando en su falsedad alimentan a sus pérfidos seguidores, que con razón son llamados cachorros y no hijos, porque, como rústicos, vulgares y disolutos, no saben hacer otra cosa que ladrar contra la Iglesia y blasfemar contra los Católicos.
4. "Allí tiene su cueva el erizo".
Observa que el erizo es todo espinoso; y si alguno intenta apresarlo, se enrosca completamente en si mismo y toma la forma de un globo en manos del que lo cazó.
Lleve la cabeza y la boca en la parte inferior y en la boca tiene cinco dientes (Aristóteles).
El erizo es el pecador obstinado, totalmente cubierto con las espinas del pecado.
Si quieres amonestarlo por el pecado cometido, se enrosca inmediatamente en si mismo y esconde con varias excusas el pecado cometido.
Por eso tiene la cabeza y la boca dirigidas hacia la parte inferior.
En la cabeza está indicada la mente, en la boca la palabra.
El pecador, cuando se disculpa por el pecado cometido, qué otra cosa hace sino inclinar la mente y la boca hacia las cosas terrenas?
Los cinco dientes que están en la boca del erizo, son las cinco especies de excusas del pecador obstinado.
Cuando se lo reprende, aduce como excusas la ignorancia, o la fatalidad, o la sugestión diabólica, o la fragilidad de su carne, o la ocasión del prójimo. Y asi, añade Isaías:
"Nutre a sus cachorros".
O sea, a sus impulsos pecaminosos, les excava alrededor las defensas y los fomenta a la sombra de sus excusas.
5. Estas siete bestias, bajo cuyo número se pueden abarcar todas las especies de pecados, deben aparecer en gran número o, más bien, todas en el desierto de nuestra Confesión, para que nada quede escondido al Sacerdote, y nada esquive el penitente, sino que confiese todo, con la máxima exactitud, tanto el pecado como las circunstancias.
Dice el Señor por boca de Isaías:
"Después de setenta años, Tiro será como el canto de una meretriz.
Oh meretriz olvidada, toma la cítara, recorre la Ciudad; canta bien, reitera la canción, para que se renueve tu recuerdo".
(23, 15‑16).
En este pasaje con el número setenta de los años y el número siete de las bestias, se indica la totalidad de los pecados.
Por esto se dice que el Señor expulsó de la Magdalena a siete demonios, es decir, todos los vicios.
Entonces con los setenta años y las siete bestias abarcamos todos los vicios.
Dice Isaías:
"Después de los setenta años".
Es decir, después de haber cometido toda suerte de crímenes, "Para Tiro", que se interpreta "Angustia" y se refiere al alma acongojada por los pecados, "No queda más que el canto", o sea, la Confesión de los pecados.
Después de haber cometido toda suerte de crímenes, a la pobre alma no le queda más remedio que la Confesión de los pecados, que es:
"La segunda tabla de la Salvación después del naufragio".
(Pedro Lombardo).
Al alma se le dice:
"Oh meretriz, ya que abandonaste al verdadero esposo, Jesucristo, y te uniste al diablo adúltero; y si no te conviertes, serás entregada al olvido Eterno, toma la cítara".
Presta atención a las palabras:
En el verbo "Toma" se señala la voluntad bien dispuesta para la Confesión, no forzada ni constreńida.
En "La cítara" se indica la Confesión de todo pecado y de las circunstancias.
Toma, pues, la cítara y confiésate espontáneamente.
Dice el Eclesiástico:
"Confiésate vivo y sano, y así darás Gloria a Dios". (17, 27).
6. Observa que como en la cítara se templan las cuerdas, así en la Confesión deben declararse las circunstancias de los pecados, que responden a las preguntas:
"¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Por medio de quién? ¿Cuántas veces? ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿Cuándo?".
Has de discernir todas estas preguntas, oh Sacerdote, y tanto con las mujeres como con los hombres interroga con diligencia y discreción.
¿Quién?:
Está casado o es soltero, Laico o Clérigo, rico o pobre, qué oficio o cargo ejerce, libre o esclavo, a qué Orden o Congregación pertenece...
¿Qué?:
Si es grande y de qué suerte es el pecado; si es una simple fornicación, como entre dos célibes; si la célibe se prostituye o vende su cuerpo; si es adulterio; si es incesto, que sucede entre consanguíneos y afines:
Si violó a una virgen, porque le abrió el camino al pecado, y cometió un pecado gravísimo; y se cuide éste de no hacerse cómplice de todos los pecados que aquella mujer podría cometer; por esto debe proveerle algún lugar donde haga penitencia o procurarle algún casamiento, si lo puede hacer; si cometió un pecado contra natura, que consiste en cualquier efusión de semen fuera del órgano femenino.
Todas estas cosas se deben preguntar con mucha discreción y delicadeza.
Si cometió un homicidio con la mente, con la boca o con la mano; si cometió un sacrilegio, una rapiña o un robo, y a cuáles personas, y si lo hizo en público o en privado; si ejerció la usura y de qué manera, porque todo lo que se recibe fuera del capital es usura; si hubo perjurio, falso testimonio y de qué modo lo hizo; si obró con soberbia, que es de tres especies:
No querer obedecer al superior, no querer tener iguales, despreciar al inferior.
También todas estas cosas debemos confesar con fidelidad.
¿Dónde?:
Si cometió el pecado en una iglesia Consagrada o no Consagrada, o cerca de la iglesia, o en el cementerio de los Fieles, o en algún lugar destinado a la oración, o si en todos estos lugares pronunció discursos ilícitos.
¿Por medio de quién?:
Con la ayuda o con el consejo de cuáles personas pecó, o a quién indujo a pecar; si pocos o muchos fueron los cómplices o los conocedores del pecado; si cometió el pecado para recibir dinero o para darlo.
¿Cuántas veces?:
Se debe confesar cuántas veces se cometió el pecado, al menos aproximadamente; si pecó frecuentemente o raras veces; si permaneció en el pecado, poco o mucho tiempo; si a menudo volvió a caer y si a menudo se confiesa.
¿Por qué?:
Si pecó con pleno consentimiento de la mente, o si cometió el pecado aun antes de ser tentado; si de alguna manera hizo violencia a la naturaleza, para completar el pecado, pecando así de manera mortalísima.
¿De qué modo?:
Se deben confesar las modalidades del pecado; si de modo indebido, insólito, con contactos ilícitos, y así de otras cosas similares.
¿Cuándo?:
Si en el tiempo del ayuno o en la Fiesta de algún Santo; si fue a realizar lo ilícito, mientras debía ir a la iglesia; y también a qué edad había cometido éste o aquel pecado.
Estas circunstancias y otras semejantes hacen más grave el pecado y atormentan el alma del pecador; por eso en la Confesión hay que declararlas todas.
Estas son las cuerdas templadas en la cítara de la Confesión, de la que se dijo:
"Toma la cítara".
ORACION:
Colecta del Sábado de las Temporas de Cuaresma.
Oh Dios, que mitigaste las llamas del fuego a los tres jóvenes, concede propicio que la llama de los vicios no abrase a tus siervos.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén .
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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