MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
VIERNES I DE CUARESMA.
La Confesión de la boca I Parte. (acusación).
1. De ese espíritu de contrición el penitente es llevado al desierto de la Confesión, que con razón es llamada "Desierto" por tres motivos:
Observa que se llama desierto a la tierra deshabitada, llena de fieras y que causa terror.
Tal era literalmente el desierto, en el cual estuvo Jesucristo durante cuarenta días y cuarenta noches.
Así la Confesión debe ser "Deshabitada", privada, secreta, oculta a todo conocimiento humano y encerrada en el tesoro de la memoria del confesor bajo un sello inviolable y escondida a toda conciencia humana. Por eso, aunque todos los hombres que hay en el mundo conocieran el pecado del que se confesó contigo, tú debes igualmente tenerlo escondido y encerrarlo bajo la llave del silencio perpetuo.
Son verdaderamente hijos del diablo, condenados por el Dios Vivo y Verdadero, expulsados de la Iglesia Triunfante, excomulgados por la Iglesia Militante, merecedores de ser depuestos del Oficio y del Beneficio y de ser expuestos a la infamia pública los confesores que no diría con las palabras, que es cosa peor que un homicidio, sino con un gesto o de cualquier otra manera oculta o patente, en broma o en serio, descubren o manifiestan el secreto de la Confesión.
Lo afirmo con fuerza:
El que viola la Confesión, comete un pecado más grave que el de Judas el traidor, que vendió a los judíos al Hijo de Dios, Jesucristo.
Yo me Confieso a un hombre, pero no como a hombre, sino como a Dios.
Y el Seńor dice por boca de Isaías:
"Mi secreto es para mí, mi secreto es para mí" (24, 16).
Y el hombre, nacido de la tierra, no sellará el secreto de la Confesión en lo más íntimo de su corazón?
2. Con razón se dice que la Confesión debe ser una tierra deshabitada e inaccesible, para que a ningún hombre le sea descubierto el secreto de la Confesión.
Por eso el Señor, bajo amenaza, manda en el Éxodo:
"Guárdense de subir al Monte, ni toquen sus faldas.
Cualquiera que tocare el Monte, de seguro morirá.
Ninguna mano deberá tocarlo, porque será apedreado o asaeteado.
Sea animal sea hombre, no vivirá". (19, 12‑13).
Este Monte Sinaí, que se interpreta "Medida", simboliza la Confesión, que con razón se dice "Monte" por su excelencia, que es la remisión de los pecados.
Puede haber cosa más sublime que la remisión de los pecados?
Es llamada también "Medida" por la correspondencia que ha de haber entre la culpa y la Confesión.
El pecador debe portarse de tal modo que la Confesión corresponda a la culpa, o sea, que no la disminuya por vergüenza o temor ni añada bajo la apariencia de la humildad, sino que se exprese según la verdad.
Nadie debe mentir por humildad!
Guárdense bien, pues, oh Confesores, oh Sacerdotes, de subir a este Monte. Subir al Monte significa descubrir el secreto de la Confesión.
Y no les digo sólo:
"No suban, sino también que no toquen las faldas!".
Las faldas del Monte son las circunstancias de la Confesión, que nadie debe manifestar ni con palabras, ni con gestos, ni de otras maneras.
Ay de mí!
Qué pena!
Hay algunos que temen subir al Monte, pero no temen tocar sus faldas, manifestando con palabras o signos las circunstancias del pecado.
Escuchen, pues, estos infelices su sentencia de muerte:
"Cualquiera que toque el Monte, de seguro morirá".
Y de qué muerte, Señor?
La mano del poder seglar no debe tocarlo, para ser colgado como un ladrón o un homicida ‑cosa que quizás sería para él menos penosa‑, sino que sea golpeado con las piedras, o sea, con severas excomuniones, o sea, traspasado con las flechas de la condenación Eterna.
Tanto si se tratara de un animal, o sea, de un simple Sacerdote, como si se tratara de un hombre, o sea, de un Sacerdote ilustrado y sabio, absolutamente deben morir.
Se puede entender de otra manera.
Aunque se trate de un animal, o sea, de un Laico o de un simple Clérigo, con los cuales en caso de extrema necesidad podemos confesar los pecados, si no estuviere presente ningún sacerdote; o se trate también de un hombre, o sea, de un Sacerdote de la Iglesia, ya no podrá vivir, sino que morirá eternamente, porque subió al Monte y tocó las faldas.
Con razón concluimos diciendo que la Confesión es una tierra deshabitada e inaccesible.
3. La Confesión es llamada también desierto, porque está llena de bestias.
Vamos a ver cuáles son estas bestias, de las que la Confesión tiene que estar llena.
Las "Bestias" son los pecados mortales.
Su nombre en latín suena como vastiae, devastadoras, porque los pecados mortales devastan y dilaceran el alma.
De ellos Isaías, cuando habla de la pérfida Judea, o sea, del alma pecadora, dice:
"Será una guarida de dragones y pasto de avestruces.
Y acudirán demonios con onocentauros, los sátiros gritarán unos a otros; allí se agazapó el chacal y halló reposo.
Allí encontró su cueva el erizo y alimentó a sus cachorritos, excavó a su alrededor y los calentó a su sombra".
(34, 13‑15).
Observa que en este pasaje se nombran siete especies de bestias:
El dragón, el avestruz, el onocentauro (animal fabuloso: cruza de asno y toro), el sátiro, el chacal y el erizo.
A través de estas bestias abarcamos los siete géneros de pecados.
Todos ellos y los que les son similares, deben ser manifestados con exactitud en la Confesión, como fueron cometidos en el consentimiento de la mente y en la ejecución de la voluntad.
Dice, pues:
"Será una guarida de dragones"...
En el dragón se destaca la venenosa malicia del odio y de la calumnia, en el avestruz la falsedad de la hipocresía, en el asno la lujuria, en el toro la soberbia, en el sátiro la avaricia y la usura, en el chacal la perfidia de los herejes, en el erizo la astuta disculpa del pecador.
4. "Será una guarida de dragones" ...
La mente o la conciencia del pecador es una guarida de dragones a causa del veneno del odio y de la difamación. Se dice en el Cántico de Moisés:
"Su vino es hiel de dragones y mortífero veneno de víboras".
(Dt 32, 33).
Su vino, o sea, el odio y la difamación de los pecadores, que aturde e intoxica la mente de los oyentes, es hiel de dragones y mortífero veneno de víboras.
Dice Salomón en el Eclesiastés:
"El difamador oculto no es menos dañoso que la serpiente que muerde en silencio". (10, 11).
Con razón se dice "Mortífero", porque:
"El golpe del azote produce lividez, pero los golpes de la lengua del difamador desmenuzan por dentro los huesos de las virtudes".
(Ecli 28, 2 1).
Con razón se dice: "Será una guarida de dragones".
5. "Será pasto de los avestruces".
El avestruz, que tiene plumas, pero por el tamańo de su cuerpo no puede volar, es una figura del hipócrita, el cual, agobiado por el amor de las cosas terrenas, simula ser gavilán fingiendo elevarse a la contemplación, bajo las plumas de una falsa religiosidad.
Dice Job:
"Las plumas del avestruz son similares a las de la cigüeńa y del gavilán". (39, 13).
En la mente, pues, del falso religioso existe "El pasto del avestruz".
Observa con cuánta razón se dice "Pasto".
El hipócrita, mientras se jacta de tener las plumas del gavilán, se nutre con su misma jactancia.
El hace como el pavo real, que, cuando es admirado por los niños, despliega la magnificencia de sus plumas y con la cola hace una rueda; pero, haciendo la rueda, descubre vergonzosamente su traste.
Así el hipócrita, mientras se jacta, despliega las plumas de su santidad que finge tener y hace la rueda de su comportamiento.
Dice, en efecto:
"Yo hice esto y aquello, yo inicié la tal cosa y llevé a término la tal otra" ...
Y mientras así rueda, pone en evidencia la fealdad de su deshonestidad.
El necio se vuelve repugnante, mientras cree hacerse atractivo.
ORACION:
Colecta del Viernes de las Temporas de Cuaresma.
Mira Señor, con Misericordia a tu Pueblo; y pues le Consagras a tu servicio, favorécele benignamente con el auxilio de tu Gracia.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén .
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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