MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.
II DOMINGO DE CUARESMA.
(Mt 17,1-9).
De los consuelos espirituales.
PUNTO I.
El proceder ordinario de Dios es cuidar de sostener al alma pura con consuelos espirituales, si ésta, después de las tentaciones y dificultades interiores, supo
soportarlas con paciencia.
El modo como Dios nos los da y con que hemos de comportarnos en ellos, se nos indica en el Evangelio de este día, en donde se refiere la transfiguración de Nuestro Señor, que es símbolo de los consuelos espirituales con que Dios favorece, a veces, a las almas que llevan vida verdaderamente interior.
Se dice en el Evangelio que Nuestro Señor se transfiguró cuando oraba en una montaña apartada y muy alta, para darnos a entender que Dios derrama sus consuelos sobre las almas que se aplican mucho a la oración y que aman este Santo ejercicio.
No deben, pues, extrañarse las almas tibias, flojas y poco amantes de la oración si no cuentan entre las que Dios distingue con su especial cariño, y a las que se comunica hasta la familiaridad; ya que ellas no tienen unión íntima con Él, al no entregarse al ejercicio que une con Dios, en el que se aprende a saborear a Dios, y a disfrutar, ya desde la tierra, de un anticipo de las delicias del Cielo.
Sed tan fieles a este Santo ejercicio, que vuestras acciones puedan ser realizadas en espíritu de oración.
PUNTO II.
Dios, que se complace en comunicarse a las almas puras, que no tienen apego alguno al pecado, no quiere, con todo, que ellas se aficionen demasiado a sus dádivas.
Pues ese apego es un defecto que le indispone con el alma, ya que prueba que ésta no busca desinteresadamente a Dios, sino más bien el don de Dios y la propia satisfacción.
Por eso, del mismo modo que Dios se vale de los consuelos para sostener al alma y darle algún respiro, poco después de haber afrontado por sí misma la prueba de la tribulación, debe ella tomar este pequeño alivio con la simple mira de la Benevolencia de Dios, sin complacerse en el gusto personal que encuentre en ello.
En esto faltaron los tres Apóstoles que acompañaban a Jesucristo en el Monte Tabor, y que poco versados entonces en los caminos de Dios, atendían más a las dulzuras que gustaban en este Misterio, que a contemplar la Grandeza y la
Bondad de Dios, que hubieran debido ocupar en aquel momento todo su espíritu y atraer toda su atención.
Por este motivo la Gloria exterior de Jesucristo se desvaneció en un instante y desapareció a sus ojos.
Así procede Dios:
Suele privar del placer sensible que acompaña a la consolación cuando se muestra demasiado apego hacia ella o se la saborea con excesiva complacencia.
PUNTO III.
La transfiguración de Jesús duró poco, para indicarnos que los consuelos que Dios da, a veces, en esta vida, no son más que un refrigerio que Dios concede a las almas Santas, en medio de sus desolaciones interiores, para ayudarlas a que las soporten con más ánimo y para aumentar en ellas el amor, que en ocasiones se debilita a causa del decaimiento de la naturaleza.
Apenas había comenzado Jesucristo a experimentar algún consuelo en su transfiguración, cuando se encontró solo, desprovisto de todo, sin otra
perspectiva que lo que debía sufrir en Jerusalén, de lo cual había hablado con Moisés y Elías, y que fue el tema de conversación que mantuvo con sus Apóstoles al bajar de la montaña.
Y todo esto, para hacernos comprender que esta clase de consuelos pasajeros sólo deben servir para animarnos y para fortalecernos en el amor de los sufrimientos y en el amor de las penas interiores y exteriores, de las que nadie puede esperar verse libre en esta vida.
ORACION:
Oh Dios!, que nos ves privados de toda virtud, guárdanos interior y exteriormente, para que seamos fortalecidos contra toda adversidad en el cuerpo, y limpios de malos pensamientos en el alma.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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