LITURGIA: DE BREVE LECTURA. Un comentario sobre la importancia del Martes Santo.
𝐅𝐄𝐑𝐈𝐀 𝐓𝐄𝐑𝐓𝐈𝐀 𝐏𝐎𝐒𝐓 𝐃𝐎𝐌𝐈𝐍𝐈𝐂𝐀𝐌 𝐈𝐍 𝐏𝐀𝐋𝐌𝐈𝐒.
La Sagrada Liturgia del Martes Santo, en el Venerable Rito Romano, nos conduce este día hacia aquel atrio de Santo temor que precede al abismo de la Pasión, invitando al alma a un recogimiento profundo y casi frenetico.
En el Misal que ha nutrido siglos de Santos, esta jornada no es un simple pasaje cronológico, sino un ascenso místico hacia el "Golgotá", dónde la Iglesia, Esposa fiel, se reviste de morado, para llorar al Esposo que será entregado a los pecadores.
Si el Lunes Santo hemos contemplado la Unción de Betania, hoy la Liturgia nos pone ante la inminencia del Sacrificio Cruento; la "Feria Tercia" (Martes) es dominada por la figura del Cristo que, aunque siendo el "León de Judá", se ofrece con la mansedumbre del Cordero ante los esquiladores.
Antiguamente ligada a la "Statio in Santa Prisca", Iglesia que está sobre el Aventino, la Misa de hoy se abre con el canto del Introito que es ya una manifestación de Fe:
"𝑁𝑜𝑠 𝑎𝑢𝑡𝑒𝑚 𝑔𝑙𝑜𝑟𝑖𝑎𝑟𝑖 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑒𝑡 𝑖𝑛 𝐶𝑟𝑢𝑐𝑒 𝐷𝑜𝑚𝑖𝑛𝑖 𝑛𝑜𝑠𝑡𝑟𝑖 𝐽𝑒𝑠𝑢 𝐶ℎ𝑟𝑖𝑠𝑡𝑖".
Esta es la Paradoja Divina que el Rito Romano exalta con majestad:
Mientras el mundo prepara los clavos y la lanza, la Iglesia canta ya la Gloria de la Cruz, reconociendo que en aquel madero y no en otro recide la Salvación, la Vida y la Resurrección.
Continuando con el Rito, la Lección de Jeremías, se hace escuchar con la Voz Profética del Redentor, que nos confía ser como un manso cordero, llevado al sacrificio, revelando también el oscuro complot de sus enemigos.
Aquí el lenguaje liturgico toca vértices de conmovedora profundidad:
El Salvador es plenamente consciente de la traición, conoce ya la amargura del beso de Judas y ve el abandono inminente de los suyos, sin embargo no dará marcha atrás, ni un solo paso, en su camino hacia el Altar de la Cruz.
El momento culminante de esta jornada es la proclamación solemne de la :
𝑷𝒂𝒔𝒔𝒊𝒐 𝒔𝒆𝒄𝒖𝒏𝒅𝒖𝒎 𝑴𝒂𝒓𝒄𝒖𝒎.
En este día El Evangelio de San Marcos nos presenta un Cristo sobrio, cuasi, ieratico, en su Real Sufrimiento.
Mientras la voz del Celebrante, va entonando los versos del Dolor, el alma Cristiana es llamada a la "𝑐𝑜𝑚𝑝𝑢𝑛𝑐𝑡𝑖𝑜 𝑐𝑜𝑟𝑑𝑖𝑠".
Aquel dolor del corazón, que nace de la contemplación de la Majestad Divina, humillada por nuestros pecados.
El Martes Santo, deviene así en un último y fuerte reclamo a la vigilancia Dogmática y moral:
Caminar en la luz, que está con nosotros, para no ser sorprendidos por las tinieblas del error y de la culpa.
Mientras el mundo conjura en silencio de la noche, el alma Fiel debe mantenerse a los pies del Altar, uniéndose místicamente al Sacrificio que la Liturgia de hoy anuncia con una mezcla de solemnidad y devoción, a la espera de que el Unico y Verdadero Sol, vuelva a resplandecer después de la tempestad del dolor.
PASSIO DOMINI NOSTRI IESU CHRISTI, SIT SEMPER IN CORDIBUS NOSTRIS.
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