MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.

MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.

MARTES II DE CUARESMA.

La Confesión de la boca III:

"Recorre la Ciudad". 

La Ciudad es la vida del hombre, que él debe recorrer:
El tiempo y la edad, el pecado y sus modalidades, el lugar y las personas con las que pecó y a las que hizo pecar con el mal ejemplo, con la palabra y la acción; y los pecadores, a los que no apartó del pecado, pudiéndolo hacer. 
Todo, como se dijo, debe confesar abierta y claramente.

Así obraba el Profeta, que decía:

"Anduve alrededor de tu Altar y en su tienda inmolé un sacrificio de alabanza en voz alta". 
(Salm 26, 6). 

Recorrí toda mi vida como un buen soldado, que va alrededor de su campamento para controlar si hay alguna brecha por la cual pueda infiltrarse el enemigo; y en su tienda, o sea, en la Iglesia, delante del sacerdote, inmolé un Sacrificio de alabanza en voz alta, o sea, hice la confesión, que ha de ser en voz alta, porque el pecador no debe confesar su pecado a medias y con boca estrecha, como balbuciendo, sino con la boca abierta y casi gritando. Con razón se dice:
"Recorre la ciudad".

"Canta bien".

Cántate a ti mismo y no al diablo, echando la culpa a la fatalidad o a otras personas.
O también:
Canta bien, confesando todos tus pecados a un solo Sacerdote y no dividiéndolos entre varios Sacerdotes.

Tal vez, me pides un consejo sobre este planteo y me dices: "Hice una Confesión general de todos mis pecados a un solo Sacerdote, pero después volví a caer en el pecado mortal.
Es necesario que confiese de nuevo todos los pecados ya confesados?". 

Te voy a dar un consejo recto, provechoso y muy necesario para tu alma. 
Cada vez que te presentas a un Confesor nuevo, confiésate como si jamás te hubieses confesado (Atención! Esta es una opinión personal de Antonio, no es la praxis de la Iglesia). 
Si, en cambio, vuelves al Confesor que ya conoce tu conciencia y con el cual hiciste la Confesión general, no estás obligado a confesarle sino los pecados cometidos después de la Confesión general o los pecados olvidados.

"Canta bien", pues, y repite el canto de la Confesión, acusándote una y otra vez a ti mismo.

Y esto para qué? 
Para que el recuerdo de ti viva en la presencia de Dios y de sus Ángeles, para que perdone tus pecados, infunda su Gracia y te conceda la Gloria Eterna.

Ahora ya sabes cuáles son las bestias, de las que debe abundar el desierto de tu confesión; o sea, en la Confesión deben aparecer con sencillez y claridad los pecados y sus circunstancias; sólo asi el desierto de la Confesión causará gran terror.
¿Y a quiénes? 
A los espíritus inmundos. 
Se lee en el Génesis:

"Qué terrible es este lugar! 
Este no es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo".
(28, 17).

El lugar de la Confesión y, sobre todo, la misma Confesión son terribles para los espíritus inmundos. 
Se lee en Job:

"Mis rugidos son como una inundación". (3, 24). 

Al oír el rugido del león, todas las bestias se detienen. 
La inundación vence todo obstáculo. 
El rugido del león es la Confesión del pecador arrepentido, del que dice el Profeta:

"Bramaba por el desgarro de mi corazón". (Salm 37, 9).

Porque del desgarro del corazón debe prorrumpir el rugido de la Confesión y, al escucharlo, los espíritus del mal, aterrorizados, no se atreverán a abrirse camino con las tentaciones. 
La inundación es figura de las lágrimas de la contrición, que disuelven y derrotan todo lo que los espíritus del mal traman para impedir las lágrimas del penitente.

La Confesión es llamada también "Casa de Dios", a motivo de la reconciliación del pecador. 
En la Confesión el pecador se reconcilia con Dios, como el hijo se reconcilia con el padre, cuando éste lo recibe en la casa paterna. 
Por esto se lee en Lucas:

"Cuando el hijo mayor se acercó a la casa paterna, en la que el hijo arrepentido banqueteaba con el padre, oyó la música y el coro". (15, 25).

Observa que en aquella casa había tres cosas:
El banquete, la música y el coro. 
Así en la casa de la Confesión, en la cual es acogido el pecador que regresa de "La región de la desemejanza" (ya que con el pecado había perdido la semejanza con Dios) (San Bernardo), debe haber tres cosas: el banquete de la contrición, la música de la acusación y el coro de la enmienda. 
Como confiesas tu pecado, así debes esforzarte por enmendarte.

Escucha la música que resuena suavemente.

"Reconozco mi culpa y mi pecado está siempre delante de mí".(Salm 50, 5). 

Escucha al coro que responde en perfecta sintonía:

"Yo estoy dispuesto al castigo y mi dolor está siempre delante de mí". (Salm 37, 18). 

Lamentablemente, son muchos los que ejecutan música suave, o sea, se acusan a sí mismos, pero Ąjamás se enmiendan!

Otra interpretación. 
Si en la casa de la Confesión resuena la música del llanto de la amarga confesión, en seguida responde a una voz el coro de la Misericordia Divina, que perdona los pecados. 
Es lo que se promete en el Introito de la Misa:

"Me invocará y yo lo escucharé, lo liberaré y lo cubriré de gloria, lo colmaré de largos días".
(Salm 90, 15‑16).

Observa que al penitente se le prometen cuatro cosas. 
La primera, cuando dice:

"Me invocará", para que le perdone los pecados, y "yo lo escucharé", porque le infundiré mi Gracia. 
La segunda:
"Yo lo liberaré" de los cuatro males nombrados en el Tracto de la Misa:
El terror de la noche, la flecha que vuela de día, la peste que serpea en las tinieblas y el demonio que devasta a mediodía. 
El terror de la noche es la tentación oculta del diablo; la flecha que vuela es su manifiesta malicia; la peste que serpea en las tinieblas son las intrigas de los hipócritas; el demonio meridiano es la fogosa lujuria de la carne. 
De todo ello el Señor libera al verdadero penitente. 
La tercera: "Lo glorificaré" en el día del juicio con una doble estola de Gloria. 
La cuarta: "Lo saciaré de largos días" en la perpetuidad de la Vida Eterna.

La Confesión es llamada también "Puerta del Cielo".
Oh verdadera puerta del Cielo, oh verdadera puerta del Paraíso! 
Por ella, como a través de una puerta, el pecador arrepentido es introducido al beso de los pies de la Divina Misericordia, es elevado al beso de las manos de la Gracia Celeste y es acogido al beso de la boca de la reconciliación con el Padre.

Oh Casa de Dios!
Oh Puerta del Cielo!
Oh Confesión del pecado!
Dichoso el que habitará en Ti!
Dichoso el que entrará a través de ti
Dichoso el que en ti se humillará!

Oh queridísimos hermanos, humíllense, pues, y entren por la puerta de la Confesión. 

Confiesen los pecados y sus circunstancias, como ya oyeron, porque "Este es el tiempo favorable" para la Confesión, "Este es el día de la Salvación" a través de la reparación.

Y, después de todo esto, añade: "Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches".

ORACION:

Te suplicamos, Señor, que nos asistas benigno para guardar las Santas obligaciones de la Cuaresma; a fin de que con tu asistencia cumplamos dignamente cuanto nos mandas ejecutar.
Por Jesucristo Tú Hijo y Nuestro Señor, que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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