MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
SABADO IV DE CUARESMA.
Sobre el cuarto pan leemos en el cuarto libro de Moisés, los Números, que:
"Finees aferró un puñal y lo hundió en las partes genitales de los dos fornicadores". (25, 7‑8).
Finees es figura del predicador que aferra un puñal, o sea, la Palabra de la predicación, y debe herir a los fornicadores en las partes genitales, para que, después de haber desnudado y casi echado en cara su deshonestidad, se avergüencen de la infamia cometida.
Dice el Señor por boca del Profeta:
"Descubriré a tus ojos tus vergüenzas". (Na 3, 5).
Y David:
"Llena de vergüenza sus rostros".(Salm 82, 17).
Y, en fin, sobre el quinto pan leemos en el quinto libro de Moisés, el Deuteronomio, que:
"Moisés de las llanuras de Moab subió al monte Abarim, y allí murió en presencia de Dios".
(34, 1‑5).
Moisés, o sea, el penitente, de la llanura de Moab, que se interpreta: "Del padre", o sea, de la conducta de los hombres carnales que tienen por padre al diablo, debe subir al Monte Abarim, que se interpreta: "Pasaje", o sea, a la sublimidad de la contemplación:
"Para pasar de este mundo al Padre". (Jn 13, 1).
Estos, pues, son los cinco panes, de los que se habla en el Evangelio de hoy:
"Con cinco panes y dos pescados".
3.‑ Los cinco panes son también los cinco codos (de altura) del árbol de la mirra, de la que habla Solino:
"En Arabia hay un árbol, llamado mirra, que se eleva cinco codos desde el suelo".
Arabia se interpreta: "Sagrada", y simboliza a la Santa Iglesia, en la cual se halla la mirra de la penitencia, que eleva al hombre por encima de las cosas terrenas, de cinco codos, que son los cinco panes evangélicos.
Ellos son también los cinco hermanos de Judá, nombrados por Jacob en el Génesis:
"Oh Judá, te alabarán tus hermanos, que son Rubén, Simeón, Levisacar y Zabulón".(49, 8).
He aquí el significado de sus nombres: Ruben, el vidente; Simeón, el oyente; Leví, el añadido; Isacar, la merced; y Zabulón, la morada de la fortaleza.
Pues bien, Judá debe tener a su hermano, Rubén, para ver en la contrición con sus siete ojos, de los que dice Zacarías:
"En una piedra".
O sea, en el penitente, que debe ser piedra por la constancia y uno por la unidad de la Fe, "había siete ojos".
(3, 9).
Con el primer ojo debe ver su pasado, para llorarlo; con el segundo, su futuro, para vigilar; con el tercero, la prosperidad, para no exaltarse; con el cuarto, las adversidades, para no deprimirse; con el quinto, las cosas de arriba, para saborearlas; con el sexto, las cosas de aquí abajo, para desazonarse; con el séptimo, las cosas interiores, para complacerse en el Señor.
Judá debe tener al segundo hermano, Simeón, en la Confesión, para que el Señor escuche su voz, como señala Moisés en el Deuteronomio:
"Escucha, Señor, la voz de Judá".
(33, 7).
Y el Cantar de los Cantares:
"Resuene tu voz en mis oídos, porque tu voz es dulce".(2, 14).
A estos dos hermanos, o sea, a la contrición y a la Confesión, se añade el tercero, Leví, con la satisfacción:
"Para que la medida de la pena corresponda a la medida de la culpa".(Glosa):
"Hagan frutos dignos de penitencia".(Lc 3, 8).
En el Sinaí, que se interpreta: "Medida", fue dada la Ley.
La ley de la Gracia se la da a aquel cuya penitencia está proporcionada a la culpa.
Judá tenga también al cuarto hermano, Isacar, para que, con su ferviente celo por la Salvación de las almas, reciba el premio de la Bienaventuranza Eterna.
En cambio, el tronco que ocupa inútilmente la tierra y el necio mundano que quita espacio a la Iglesia, no recibirá el premio de la Vida Eterna, sino la acerbidad de la muerte eterna.
Además, por favor, Judá tenga al quinto hermano, Zabulón, para que, morando en el lugar de la contemplación con Jacob, su padre, que era hombre tranquilo (Gen 25, 27), merezca experimentar el gusto de la Dulzura Celestial.
Estos son los cinco panes, de los que habla el evangelio de hoy:
"Con cinco panes y dos pescados".
4.‑ Los dos pescados son la inteligencia y la memoria, que deben dar sabor a los cinco Libros de Moisés, para que comprendas lo que lees y, comprendiéndolo, lo repongas en el tesoro de la memoria.
O también:
Los dos pescados, que son extraídos de las profundidades del mar para la mesa del Rey, simbolizan también a Moisés y a Pedro:
Moisés, llamado así del agua, de la que fue salvado; y el pescador Pedro, elevado al Apostolado.
Al primero fue confiada la sinagoga, al segundo la Iglesia.
Ellas están simbolizadas en Sara y Agar, de las que se lee en la Epístola de hoy:
"Abraham tuvo dos hijos, uno de Agar y otro de Sara".
La sierva Agar, que se interpreta "Solemne", simboliza a la sinagoga que se gloriaba de las observancias de la Ley, como de grandes solemnidades.
Sara, que se interpreta: "Brasa", simboliza a la Santa Iglesia, inflamada en el día de Pentecostés por el fuego del Espíritu Santo.
El hijo de la primera, o sea, el pueblo de los judíos, combate contra el Hijo de Sara, o sea, contra el Pueblo de los Creyentes.
O en otro sentido.
Sara, que se interpreta: "Princesa", es la parte superior de la razón, que debe mandar, como dueña, a la criada, o sea, a la sensualidad, simbolizada en Agar, que se interpreta también: "Buitre".
La sensualidad, como el buitre, busca los cadáveres de los deseos carnales.
El hijo de Agar, o sea, el impulso carnal, persigue al hijo de Sara, o sea, el dictamen de la razón. justamente es lo que dice el Apóstol:
"La carne tiene deseos contrarios al espíritu y el espíritu deseos contrarios a la carne". (Gal 5, 17).
Para echarla junto con el hijo.
Está escrito:
"Echa a la esclava y a su hijo".
(Gal 4, 30).
La carne, abultada de bienes naturales y rica en cosas temporales, se levanta contra la dueña; y así sucede lo que dice Salomón:
"Por tres cosas se alborota la tierra y la cuarta no puede sufrir:
Por el esclavo que se torna Rey; por el necio cuando está harto de alimentos; por la mujer odiosa, cuando se casa; y por la esclava, cuando llega a heredar a su dueña". (Prov 30, 21‑23).
El esclavo que reina es el cuerpo recalcitrante.
El necio, ahíto de alimentos, es el ánimo embriagado de placeres.
La mujer odiosa es la actividad pecaminosa, que es como llevada en matrimonio, cuando el pecador cae en las cadenas de las malas costumbres.
Y así la esclava Agar, o sea, la sensualidad, llega a ser heredera de su dueña, o sea, de la razón.
Pero, para socavar tan desgraciado dominio:
"Con cinco panes y dos pescados el Señor sació a cinco mil hombres".
5.‑ Todo esto concuerda con el Introito de la Misa:
"Alégrate, Jerusalén, y celebren una asamblea, ustedes todos que la aman". (ls 66, 10‑11).
Observa que, en relación al número de cinco mil hombres, también las asambleas son cinco.
La primera fue celebrada en el Cielo, la segunda en el Paraíso terrenal, la tercera en el Monte de los Olivos, la cuarta en Jerusalén y la quinta en Corinto.
En la primera asamblea nació la discordia.
El primer ángel, antes blanco y después vuelto a ser monje negro, porque antes era Lucifer o Luzbel y después: "Tenebrífero", sembró la cizaña de la discordia en las filas de sus hermanos.
Mientras estaba en el coro de la concordia comenzó a cantar la antífona de la soberbia, pero no desde los rangos inferiores sino desde los superiores:
"Subiré al Cielo hasta la altitud del Padre, y seré igual al Altísimo". (Is 14, 13).
O sea, al Hijo.
Y mientras cantaba tan fuerte, se le hincharon las venas del corazón y precipitó irreparablemente.
Ni el firmamento pudo sostener su soberbia!
En la segunda asamblea del Paraíso terrenal nació la desobediencia, por la cual nuestros Primeros Padres fueron arrojados a la miseria de este exilio.
En la tercera asamblea del Monte de los Olivos nació la simonía, que consiste en comprar o vender cosas espirituales o relacionadas con lo espiritual.
Puede haber algo más espiritual y más Santo que Cristo?
Y nosotros creemos que judas, vendiendo a Cristo, haya incurrido en el pecado de simonía y que, colgado de una cuerda, reventó.
Así todo simoníaco, si no restituye y no hace verdadera penitencia, ahorcado en el lazo de la condenación eterna, reventará por la mitad.
En la cuarta asamblea, en Jerusalén, desfalleció la pobreza, cuando Ananías y Safira vendieron un campo y, mintiendo al Espíritu Santo, sustrajeron para sí una parte de las ganancias, y por esto inmediatamente sufrieron la sentencia de un manifiesto castigo (Hech 5, 1‑10). Asimismo, los que renuncian a los propios bienes y se signan con el sello de la Santa Pobreza, si quisieren edificar de nuevo a la destruida Jericó, sufrirán eternamente los rayos de la maldición.
En la quinta asamblea, en Corinto, faltó la castidad, como se lee en la epístola a los Corintios.
Pablo no vaciló en lanzar la sentencia de excomunión, para la ruina de su carne, contra aquel fornicador que convivía con la mujer de su padre: (1Cor 5, 1‑5).
Presten atención ustedes, que son miembros de la Iglesia y Ciudadanos de la Jerusalén Celestial.
Hagan ustedes también cinco asambleas, desterrando la cizaña de la discordia, el frenesí de la desobediencia, la codicia de la simonía, la lepra de la avaricia, la impureza de la lujuria, para que merezcan ser contados ustedes también entre los cinco mil hombres, saciados con los cinco panes y los dos pescados, logrando la perfección, indicada por el número mil.
Nos lo conceda aquel que es el Dios Bendito por los siglos de los siglos. Amén! Así sea!
ORACION:
Te suplicamos, Señor, que fructifique con tu Gracia el afecto de nuestra devoción; porque solo pueden sernos provechosos los ayunos, sin son gratos a tu Piedad.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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