MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
SABADO II DE CUARESMA.
Lo que se opone a los tres actos de la penitencia, o la triple tentación.
"El tentador se le acercó y le dijo:
Si eres el Hijo de Dios"...
El diablo en circunstancias iguales procede con métodos iguales.
Con la misma táctica con que tentó a Adán en el Paraíso terrestre, tentó también a Cristo en el desierto, y tienta a todo Cristiano en este mundo.
Tentó al primer Adán de gula, vanagloria y avaricia, y tentándolo lo venció.
De manera similar tentó al segundo Adán, Jesucristo, pero en la tentación fue derrotado, porque aquel a quien tentaba no era sólo un hombre, sino también era Dios.
Nosotros, que somos partícipes de los dos, del hombre según la carne y de Dios según el espíritu, debemos despojarnos del hombre viejo con sus obras, que son la gula, la vanagloria y la avaricia, para revestirnos del hombre nuevo, a través de la renovación de la Confesión.
Así, reprimiremos con el ayuno el desenfrenado ardor de la gula, abatiremos con la humillación de la Confesión la arrogancia de la vanagloria y pisotearemos con la contrición del corazón el espeso barro de la avaricia.
"Bienaventurados, dice el Señor, los pobres en el espíritu", que tienen el espíritu dolorido y el corazón contrito, "Porque de ellos es el reino de los Cielos".(Mt 5, 3).
Observa que como el diablo tentó de gula al Señor en el desierto, de vanagloria en el templo, de avaricia en el monte, así nos tienta todos los días: de gula en el desierto del ayuno, de vanagloria en el templo de la oración y del Oficio Divino, y de muchas formas de avaricia en el monte de nuestros cargos.
Mientras ayunamos, nos tienta de gula, en la que pecamos de cinco maneras:
"Demasiado pronto, opulento, demasiado, vorazmente, con refinamiento" (San Gregorio).
Demasiado pronto, cuando se anticipa la hora de la comida.
Opulento, cuando se excita la gula y se quiere despertar un apetito flojo con condimentos, especias y suntuosos alimentos.
Demasiado, cuando se engullen alimentos más de lo que sea necesario al cuerpo.
Comentan algunos golosos:
"Debemos ayunar; entonces comamos de una sola vez lo que debía servir para el almuerzo y la cena".
Estos son como el gusano que no abandona la planta en la cual se instaló hasta que no la haya devorado totalmente.
El gusano es llamado así, porque está hecho casi sólo de boca, y simboliza al goloso, que es todo gula y vientre y que asalta el plato como si fuera un alcázar y no lo deja sino después de haber devorado todo.
O revienta el vientre o se vacía el plato.
Vorazmente, cuando el hombre se arroja sobre todo alimento, como si fuera al asalto de una fortaleza, abre los brazos, alarga las manos y come con todos sus sentidos.
A la mesa, es como un perro que, en la cocina, no admite rivales.
Con refinamiento, cuando se buscan alimentos exquisitos y se preparan con gran refinamiento, Como se lee en el Primer Libro de los Reyes:
"Los hijos de Elí no querían aceptar la carne cocida, sino que pretendían la carne cruda, para prepararla con más arte y refinamiento" (2, 15).
Asimismo, el diablo nos tienta de vanagloria en el templo.
Mientras estamos en oración, o rezamos el Oficio, o atendemos a la predicación, el diablo nos asalta con los dardos de la vanagloria y, lamentablemente, muy a menudo nos dejamos herir.
Hay algunos que, mientras rezan y doblan las rodillas y sueltan suspiros, quieren ser vistos, Hay otros que, cuando cantan en el coro, modulan la voz y hacen gorgoritos, porque desean ser escuchados.
Y hay otros también que, cuando predican, truenan con la voz, multiplican las citas y las comentan a su modo, y se dan vuelta en el púlpito, porque desean ser alabados.
Todos estos mercenarios, créanmelo,
"Ya recibieron su recompensa".
(Mt 6, 2).
Y:
"Colocaron a su hija en el prostíbulo".
Dice Moisés en el Levítico:
"No prostituyas a tu hija".
(19, 29).
Mi hija es mi obra; y yo la prostituyo, o sea, la coloco en el lupanar, cuando la vendo por el dinero de la vanagloria. Por esto, el Señor nos aconseja:
"Cuando tú ores, entra en tu habitación y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre".
(Mt 6, 6).
Tú, cuando quieres orar o hacer alguna obra buena ‑y en esto consiste el "orar sin interrupción"‑, entra en tu habitación, o sea, en el secreto de tu corazón, y cierra la puerta de los cinco sentidos, para que no apetezcas ser visto, oído o alabado.
Dice Lucas que Zacarías entró en el Templo del Señor a la hora del incienso (1, 9).
En el tiempo de la oración, que sube a la Presencia del Señor como el incienso (Salm 140, 2), debes entrar en el templo de tu corazón y orar a tu Padre; y:
"Tu Padre que ve en el secreto, te dará la recompensa". (Mt 6, 6).
En fin, en el monte de nuestros cargos, o sea, de nuestra Dignidad efímera, nos tientan muchos pecados de avaricia.
Y observa que no es sólo codicia de dinero, sino también la de preeminencia.
Los avaros, cuanto más tienen, más desean tener; y, una vez colocados en lo alto, cuanto más suben, más se esfuerzan por subir; y así se desplomarán con una caída peor, ya que:
"Los huracanes embisten las cumbres más altas".(Ovidio), y:
"A los ídolos se les ofrecen sacrificios en los altozanos".
(4 R 12, 3).
A este propósito dice Salomón:
"El fuego jamás dice: Basta!"
(Prov 30, 15).
El fuego, o sea, la avaricia del dinero y de la preeminencia, nunca dice: Basta!.
Pero, qué dice?
Dame, dame!
Oh Señor Jesús, quita, quita estas dos palabras:
Dame, dame!, de los Prelados de tu Iglesia, que se pavonean en el monte de las Dignidades Eclesiásticas y derrochan tu patrimonio que conquistaste con las bofetadas, los salivazos, los flagelos, la cruz, los clavos, el vinagre, la hiel y la lanza.
Nosotros, pues, que nos llamamos Cristianos por el Nombre de Cristo, todos juntos, con la devoción de la mente, imploremos al mismo Jesucristo y pidámosle insistentemente, que del espíritu de contrición nos haga llegar al desierto de la Confesión, para que en esta Cuaresma merezcamos recibir la remisión de todas nuestras iniquidades.
Y así, renovados y purificados, mereceremos fruir de la alegría de su Santa Resurrección y ser colocados en la Gloria de la Eterna Bienaventuranza.
Nos lo conceda aquel Señor, a quien corresponden todo Honor y Gloria por los siglos de los siglos. Amén! Así sea.
ORACION:
Te suplicamos, Señor, que des a nuestros ayunos un efecto saludable; a fin de que la maceración de nuestro cuerpo fortalezca nuestras almas.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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