MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.

III DOMINGO DE CUARESMA.

(Lc 11,14-28).

De la apertura y de la sencillez de corazón.

PUNTO I.

El Evangelio de este día nos refiere que Jesucristo libró del demonio a un poseso, y que el demonio era mudo, es decir, que impedía hablar a aquel que
poseía.

Este poseso curado es figura de los que son mudos respecto de su superior, y que no le abren el fondo de su corazón.

Es una de las cosas más perjudiciales, y con frecuencia la más perjudicial, para el inferior. 
Pues así como no puede curarse el enfermo que no acierta a descubrir su mal, del mismo modo corre peligro de padecer por mucho tiempo quien no descubre la llaga de su alma a su médico espiritual.

Lo que al principio era sólo leve dificultad para el espíritu, se convierte en fuerte tentación, por no haber tenido el valor de manifestarlo a su director. 
Una falta callada de ese modo, va seguida de otra falta mayor, y el mal resulta al fin incurable, por no haberlo dado a conocer desde el principio, cuando nada hubiera sido más fácil de remediar.

PUNTO II.

Lo que impide de ordinario descubrir su interior al Superior es el orgullo o el respeto humano.

El orgullo, porque se tiene vergüenza de mostrar el fondo del alma, y porque nuestro amor propio sufre mucho al tener que confesar ciertas debilidades.
Entonces nos cierra la boca, y nos persuade de que hablar sinceramente al Superior sería deshonrarnos, ya que podría, a causa de ello, recibir malas
impresiones sobre nuestra conducta.

Esto es lo que el demonio casi nunca deja de inspirarnos en tales ocasiones, y pone buen cuidado en abultar las cosas a nuestros ojos, para impedirnos superar la pequeña confusión que hay en reconocer las propias faltas.

El remedio contra esta enojosa idea es amar la humillación que se encuentra en abrir el corazón, cumplir este deber como medio que sirve en gran medida para humillarse, y decir al Superior con sencillez, desde el principio, en la cuenta de conciencia que se le da, todo cuanto hay de más humillante.

PUNTO III.

El segundo motivo que, ordinariamente, es causa de dificultad para descubrirse al Superior, es el respeto humano.

Pensando que la falta de que se trata afecta al mismo superior, al que hay que manifestarse, no se sabe cómo hacer. 

Se teme causarle disgusto, y a veces se opta por no decir nada.

¿Pero hay algo más fútil que esta razón o algo menos fundado que este temor?
Pues aquí ocurre todo lo contrario de lo que se había imaginado.

El Superior a quien el inferior descubre todo lo que pasa en él, aunque ello tenga relación con él mismo o con otros, debe sentir, y de ordinario siente, en efecto, afecto y estima muy particular hacia quien le hace tal confidencia. 

Es insensible, como una piedra, a todo lo que le afecta, y no se preocupa de cuanto se le dice, sino para aplicar el remedio que estima más conveniente.

Considerad, pues, en lo sucesivo todos los pensamientos que puedan acudir a vuestra mente para impedir descubriros con sencillez a quienes os dirigen,
como tentaciones del demonio, de las más peligrosas y perjudiciales para el bien de vuestra alma.

ORACION:

Te rogamos, ¡oh Dios Omnipotente!, mires los deseos de los humildes, y extiendas la Diestra de tu Majestad para defendernos.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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