LITURGIA: DE BREVE LECTURA: Comentario sobre el Oficio de Tinieblas a partir de la tarde del Miercoles Santo.
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En la Sagrada y austera penumbra que envuelve la nave, mientras el sol del Mi茅rcoles Santo declina y las sombras se alargan como dedos silenciosos entre las columnas, la Iglesia se dispone a celebrar uno de sus Ritos m谩s cargados de m铆stico temor:
EL OFICIO DE TINIEBLAS:
No es un simple rezo de Salmos, sino un drama Lit煤rgico que arrebata el alma y la conduce hasta el interior del Getseman铆, a los pies de aquel Redentor que avanza, solo y traicionado, hacia el Sacrificio extremo.
El Oficio, que en el Misal y en el Breviario de Rito Romano comprende los Maitines y las Laudes de los 煤ltimos tres d铆as de la Semana Mayor, hunde sus ra铆ces en los siglos m谩s remotos de la Piedad Cristiana.
Hist贸ricamente, naci贸 como el Oficio nocturno de losonjes y del Clero, celebrado en las primeras horas antes del alba; sin embargo, para permitir al Pueblo de los Fieles unirse a este llanto Lit煤rgico, se difundi贸 el uso de anticiparlo a la tarde anterior.
Es por eso que el Mi茅rcoles por la noche, mientras la traici贸n de Judas se consuma en la oscuridad de los corazones, la Iglesia comienza a cantar las Lamentaciones del Profeta Jerem铆as, cuyas notas graves parecen brotar de las entra帽as mismas de la tierra.
En el centro de este Rito se encuentra el saeta o tenebrario, el austero candelabro triangular que sostiene quince velas de cera amarilla, opaca y bruta, s铆mbolo de los Profetas y de los Disc铆pulos.
Una tras otra, al terminar cada Salmo, una mano invisible apaga una luz, hasta que la oscuridad avanza implacable.
Este apagado progresivo no es un mero ejercicio est茅tico, sino la narraci贸n visual del desierto que se form贸 alrededor de Cristo:
El abandono de los Ap贸stoles, la negaci贸n de Pedro, el triunfo aparente de las tinieblas sobre el mundo.
Solo la 煤ltima vela, la que est谩 en la cima, permanece encendida:
Ella representa la Divinidad de Cristo que, aun muriendo en su humanidad, permanece Eterna y fulgurante.
Con la reforma del Papa P铆o XII de 1955, el rostro de esta liturgia cambi贸 profundamente.
La voluntad del Pont铆fice, movida por un intento de verdad hist贸rica y pastoral, buscaba reubicar los Ritos de la Semana Santa en las horas en que los Misterios efectivamente ocurrieron.
Si bien el fin era loable —devolver la luz de la Resurrecci贸n a la Vigilia Pascual nocturna— muchos corazones fieles sintieron con dolor la p茅rdida de aquella penumbra meditativa del Mi茅rcoles Santo.
El Oficio de Tinieblas fue redimensionado o trasladado, perdiendo en muchos lugares aquel car谩cter de 'vigilia popular' que hab铆a nutrido la Fe de generaciones enteras.
Sin embargo, all铆 donde el coraz贸n de la Tradici贸n late a煤n intacto, en las comunidades que conservan celosamente el tesoro del Rito de Siempre, el Oficio de Tinieblas se alza todav铆a como un grito de indecible belleza.
A煤n se asiste al momento del strepitus:
Cuando la 煤ltima vela es ocultada detr谩s del Altar, el estr茅pito fragoroso producido por el golpe de los libros sobre los bancos desgarra el silencio de la iglesia.
Es el terremoto que sacudi贸 el Calvario, es la conmoci贸n de la naturaleza ante la muerte de su Creador.
Luego, en esa oscuridad casi absoluta, la luz reaparece, la vela nunca apagada es devuelta al candelabro, para recordarnos que la tiniebla no tiene la 煤ltima palabra.
En esta continuidad Liturgica, el Fiel no es un observador, sino un testigo que, entre los vapores del incienso y el amarillo de la cera, vislumbra ya la luz de la Pascua que vence a la muerte.
PASSIO DOMINI NOSTRI IESU CHRISTI SIT SEMPER IN CORDIBUS NOSTRIS.
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