LITURGIA: DE BREVE LECTURA: LA MISA "IN COENA DOMINI".
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Alabado sea Dios en el Sant铆simo Sacramento del Altar. Iniciemos nuestra meditaci贸n sobre la divina e inconmensurable majestad del Jueves Santo, d铆a en que la Santa Madre Iglesia celebra la Feria Quinta in Coena Domini, misterio de amor y de sacralidad insondable, momento vertiginoso en el que Nuestro Se帽or Jesucristo, ante la inminencia de Su Pasi贸n Redentora, instituy贸 el Sacramento de la Eucarist铆a y el Orden del Sacerdocio, uni茅ndolos en un 煤nico y admirable acto de entrega y de perpetuo sacrificio.
La belleza de este d铆a, en el Venerable y Milenario Rito Romano, no es una belleza ef铆mera o meramente est茅tica, sino que es la belleza misma de la Divina Presencia que se revela y se oculta, una sacralidad que se reviste de s铆mbolos, de gestos, de cantos y de un silencio profundo y orante.
Todo, en esta Liturgia, concurre a elevar el alma hacia las cumbres del Misterio Eucar铆stico y del Sacerdocio Catolico, pilares inquebrantables de nuestra Fe.
La Santa Misa In Coena Domini se abre con una solemnidad particular, revestida de los ornamentos blancos de la Fiesta, ya que se celebra la instituci贸n de la Eucarist铆a, el Gran Misterio de la Fe.
En el Introito, el coro entona con gravedad y devoci贸n las palabras del Ap贸stol:
"Pero nosotros debemos gloriarnos en la Cruz de Nuestro Se帽or Jesucristo: en quien est谩 la Salud, la Vida y nuestra resurrecci贸n: por quien hemos sido salvados y liberados."
El acento se pone no solo en la Gloria de la Cruz, sino tambi茅n en el Cuerpo y la Sangre de Cristo que nos ha redimido.
El Kyrie eleison resuena como una invocaci贸n de misericordia, y a la entonaci贸n del Gloria in excelsis Deo, un estruendo de Fiesta envuelve la nave.
Las campanas, que hasta ese momento hab铆an sido usadas con parsimonia, se desatan en un repique gozoso y prolongado, junto a las campanillas del Altar, como testimonio de la alegr铆a por el Don Inestimable de la Eucarist铆a.
Y mientras el Sacerdote canta la 煤ltima nota, cae un silencio imprevisto y solemne.
Las campanas, por una misteriosa y antigua costumbre que se remonta a los siglos de los Padres, callan.
Sus cuerdas son atadas, los badajos fijados.
Ya no m谩s sonidos met谩licos y festivos llamar谩n a los Fieles a la oraci贸n, sino que solo un seco y rugoso instrumento de madera, la carraca, har谩 resonar su voz mon贸tona y triste durante las procesiones y las elevaciones, s铆mbolo de la tristeza del Getseman铆 y del Calvario, de la Pasi贸n inminente que llama a la puerta.
La Ep铆stola nos recuerda las palabras de San Pablo a los Corintios, en las que narra la instituci贸n del Sacramento:
"Este es mi cuerpo, que ser谩 entregado por vosotros".
Y el Evangelio nos presenta el conmovedor episodio del Lavatorio de los pies, en el que el Maestro se hace siervo, ense帽谩ndonos la humildad y la Caridad fraterna.
Despu茅s del Evangelio, a menudo se celebra el Rito del Mandatum, en el cual el Obispo o el Sacerdote lava los pies a doce Cl茅rigos o Fieles, un gesto potente que une el servicio al sacrificio.
En el Canon, el momento culminante, la acci贸n Liturgica alcanza su acm茅 (punto m谩ximo).
Con palabras cargadas de Misterio, el Sacerdote pronuncia las palabras de la Consagraci贸n:
"PORQUE ESTE ES MI CUERPO" y "PORQUE ESTE ES EL C脕LIZ DE MI SANGRE", y por medio del milagro de la Transustanciaci贸n, el pan y el vino se convierten en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del Hijo de Dios.
La elevaci贸n de la Hostia y del C谩liz es un momento de adoraci贸n y de sumisi贸n amorosa, en el que el cielo y la tierra se besan y la Presencia Real est谩 all铆, viva y actuante, sobre el Altar.
La Comuni贸n de los fieles, es un acto de Fe y de veneraci贸n profunda.
Sin embargo, la Misa del Jueves Santo no concluye como las otras Misas.
Despu茅s de la Comuni贸n, una Hostia Consagrada no es consumida, sino depositada en un caliz, lista para la procesi贸n.
El Sacerdote, dejados los ornamentos blancos y revestido con una capa pluvial blanca, toma el Sant铆simo Sacramento y se encamina hacia el Altar del 'Sepulcro', llamado ahora Monumentum, suntuosamente decorado e iluminado.
Al canto del Pange lingua y sobre todo del Tantum ergo, la procesi贸n recorre la iglesia, mientras la carraca suena con su ritmo austero.
Llegados al Altar del Repositorio, el Sant铆simo Sacramento es expuesto e inciensado, mientras los Fieles se arrodillan en adoraci贸n silenciosa y orante.
Pero el culmen de la sacralidad y del Misterio de este d铆a ocurre tras el fin de la Misa.
La Liturgia no se cierra, sino que se transforma.
El Altar principal, que ha sido el lugar del Sacrificio, se convierte en un s铆mbolo de Cristo despojado y abandonado.
Al canto de la ant铆fona
"Diviserunt sibi vestimenta mea, et super vestem meam miserunt sortem". (Repartieron entre s铆 mis vestidos y sobre mi t煤nica echaron suertes), y del Salmo 21, el Sacerdote, asistido por los Cl茅rigos, procede a la denudaci贸n de los Altares.
Los manteles son retirados, los candelabros y el Crucifijo quitados, los frontales deslizados, y el Altar, antes rico y adornado, queda desnudo, fr铆o, expuesto.
Es una imagen potente de la Pasi贸n: Cristo, despojado de Sus vestiduras, flagelado, abandonado por sus Disc铆pulos, quedado solo en la Cruz.
El coro, con voces graves y dolientes, ejecuta el Tenebrae factae sunt (Hubo tinieblas), mientras la oscuridad se adue帽a de la iglesia, interrumpida solo por las luces del Altar del "Monumento".
En este silencio profundo y denso de significado, el alma Cat贸lica es invitada a la oraci贸n y a la meditaci贸n."
Todo lo que revest铆a sacramentalmente la Misa, desde la belleza de las campanas al fasto de los Altares, ha sido quitado, dej谩ndonos solos frente al Misterio desnudo de la Cruz y de la Eucarist铆a.
No hay bendici贸n final, no hay Ite missa est (Pod茅is ir en paz), solo un silencio que nos lleva a reflexionar sobre la agon铆a del Getseman铆, sobre el arresto, sobre el proceso, sobre la muerte de Cristo.
En este silencio, la Fe se purifica, el amor se enciende y la adoraci贸n se hace m谩s profunda, mientras nos preparamos para acompa帽ar a Nuestro Divino Esposo en Su viaje hacia el Calvario, a la espera de la gloriosa ma帽ana de la Resurrecci贸n.
¡Sea alabado Jesucristo, Rey de Reyes, en el Sant铆simo Sacramento del Altar!
Am茅n."
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX
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