MEDITACION BREVE DE LA VENERABLE SOR MARIA DE JESÚS DE AGREDA PARA EL JUEVES SANTO.

DEL TRATO DEL DIVINO SALVADOR CON SU SANTISIMA MADRE EL JUEVES SANTO.


(Venerable Sor Maria de Jesus de Agreda).

"Llegó el Jueves, víspera de la Pasion y muerte del Sal­vador, y este día antes de salir la luz llamó el Señor a su Amantísima Madre, y Ella respondió postrada a sus pies, como lo tenía de costumbre, y le dijo: 

Hablad, Señor y Dueño mío, que vuestra Sierva oye. 

Levantóla su Hijo Santísimo del suelo donde estaba postrada y hablándola con grande amor y serenidad le dijo: 

Madre mía, llegada es la Hora determinada por la Eterna Sabiduría de mi Padre para obrar la Salvación y Redención humana, que me encomendó su Voluntad Santa y agradable; razón es que se ejecute el sacrificio de la nuestra [vida], que tantas veces la habemos ofrecido. 

Dadme licencia para irme a padecer y morir por los hombres y tened por bien, como Verdadera Madre, que me entregue a mis enemigos para cumplir con la obediencia de mi eterno Padre, y por ella misma cooperad conmigo en la obra de la Salvación eterna, pues recibí de vuestro virginal vientre la forma de hombre pasible y mortal, en que se ha de redimir el mundo y satisfacer a la divina justicia. 

Y como vuestra voluntad dio el fiat para mi encarnación, quiero que me deis ahora para mi pasión y muerte de cruz; y el sacrificarme de vuestra voluntad a mi Eterno Padre será el retorno de haberos hecho Madre mía, pues Él me envió para que por medio de la pasibilidad de mi carne recobrase las ovejas perdidas de su casa, que son los hijos de Adán.

Estas y otras razones que dijo Nuestro Salvador traspasaron el amantísimo corazón de la Madre de la vida y le pusieron de nuevo en la prensa más ajustada de dolor que jamás hasta entonces había padecido, porque llegaba ya aquella hora y no hallaba apelación su dolorosa pena, ni al tiempo, ni a otro superior tribunal, sobre el decreto eficaz del Eterno Padre, que destinaba aquel plazo para la muerte de su Hijo. Y como la prudentísima Madre le miraba como a Dios infinito en atributos y perfecciones y como a verdadero hombre, unida su humanidad a la persona del Verbo y santificada con sus efectos y debajo de esta dignidad inefable, confería la obediencia que le había mostrado cuando Su Alteza le criaba como Madre, los favores  que  de  su  mano había recibido en  tan  larga compañía, y que luego carecería de ellos y de la hermosura de su rostro, de la dulzura eficaz de sus palabras, y que no sólo le faltaría junto todo esto en una hora, pero que le entregaba a los tormentos e ignominias de su pasión y al cruento sacrificio de la muerte y de la cruz y le daba en manos de tan impíos enemigos. 

Todas estas noticias y consideraciones, que entonces eran más vivas en la prudentísima Madre, penetraron su amoroso y tierno corazón con dolor verdaderamente inexplicable. 

Pero con la grandeza de Reina, venciendo a su invencible pena, se volvió a postrar a los pies de su Hijo y Maestro Divino   y   besándolos con suma   reverencia le respondió y dijo:
Señor y Dios Altísimo, Autor de todo lo que tiene ser, esclava vuestra soy, aunque sois Hijo de mis entrañas, porque vuestra dignación de inefable amor me levantó del polvo a la dignidad de Madre vuestra; razón es que este vil gusanillo sea reconocido y agraddecido  a  vuestra  liberal  clemencia y obedezca  a  la Voluntad del Eterno Padre y Vuestra. 

Yo me ofrezco y me resigno en su Divino beneplácito, para que en mí como en Vos, Hijo y Señor mío, se cumpla y ejecute su voluntad eterna y agradable. 

El mayor sacrificio que puedo yo ofrecer, será el no morir con Vos y que no se truequen estas suertes, porque el padecer en vuestra imitación y compañía será grande alivio de mis penas, y todas dulces a vista de las Vuestras. 

Bastárame por dolor el no poderos aliviar en los tormentos que por la salvación humana habéis de padecer. 

Recibid, oh bien mío, el sacrificio de mis deseos y que Os vea yo morir quedando con la vida siendo Vos cordero inocentísimo y figura de la sustancia de Vuestro Eterno Padre. Recibid también el dolor de que yo vea la inhumana crueldad de la culpa del linaje humano ejecutada por mano de vuestros crueles enemigos en vuestra dignísima persona. 

¡Oh cielos y elementos con todas las criaturas que estáis en ellos, espíritus soberanos, Santos Patriarcas y Profetas, ayudadme todos a llorar la muerte de mi Amado que os dio el ser y llorad conmigo la infeliz miseria de los hombres, que serán la causa de esta muerte y perderán después la eterna vida, la cual les ha de merecer, y ellos no se aprovecharán de tan gran beneficio! ¡Oh infelices prescitos y dichosos predestinados, que se lavaron vuestras estolas en la sangre del Cordedo! (Ap 7, 14) Vosotros, que supisteis aprovecharos de este bien, alabad al Todopoderoso. 

Oh Hijo mío y bien infinito de mi alma, dad fortaleza y virtud a Vuestra afligida Madre y admitidla por Vuesstra discípula y compañera, para que participe de Vuestra pasión y cruz y con Vuestro sacrificio reciba el Eterno Padre el mío como Madre vuestra".

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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