MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA OCTAVA DE PASCUAS.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL SABADO DE LA OCTAVA DE PASCUAS.

LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR.

"Florecerá el almendro, la langosta engordará y la alcaparra perderá su eficacia". (Ecle 12, 5).

Exordio.
En la Resurrección, la humanidad de Cristo floreció como la vara de Aarón.
Se lee en el libro de los Números:

"La vara de Aarón germinó, floreció y, una vez desarrolladas las hojas, produjo almendras". (17, 8).

Aarón, sumo pontífice, es figura de Jesucristo, que:

"Entró en el Santuario no con sangre de chivos ni de becerros, sino por su propia sangre".
(Hb 9,12). 

Este es el Pontífice, que hizo de sí un puente, para que a través de El pasáramos de la orilla de la mortalidad a la orilla de la inmortalidad. 
Hoy su vara floreció.

La vara es su humanidad, de la que se dijo:

"La vara de su Poder extenderá el Señor desde Sión".(Salm 109, 2). 

La Humanidad de Cristo, por medio de la cual la Divinidad ejercía su Potencia, tuvo origen de Sión, o sea, del pueblo judío, porque:

"La Salvación, o sea, el Salvador, viene de los judíos".(Jn 4, 22). 

Esta vara, casi árida, yació tres días y tres noches en el sepulcro; pero hoy floreció y produjo fruto, porque resucitó y nos aportó a nosotros el fruto de la inmortalidad.

"Florecerá el almendro". 

Dice Gregorio que: 

"El almendro es el primero entre todas las plantas en echar las flores". 

Y dice el Apóstol que:

"Cristo es el Primogénito de los que resucitan de los muertos". (Col 1, 18).

Porque resucitó primero.

Observa que la pena infligida al hombre era doble:
La muerte del alma y la del cuerpo:

"En cualquier día en que comas ‑dice el Señor‑, morirás de muerte". (Gen 2, 17).

Muerte del alma; y estarás sometido a la ley de la muerte. 
Otra versión dice con mayor precisión: "Serás mortal". 

Vino Nuestro Samaritano, Jesucristo, y en la doble herida derramó vino y aceite, porque por el derramamiento de su sangre destruyó la muerte de nuestra alma. 
Dice Oseas:

"Los liberaré de la mano de la muerte, los liberaré de la muerte. 
Oh muerte, yo seré tu muerte! Yo seré tu mordedura, oh infierno!"(13, 14). 

Del infierno tomó una parte y otra parte dejó, según la manera del que muerde; y con su Resurrección abolió la ley de la muerte, porque dio la esperanza de la resurrección.

"Y ya no habrá más muerte".
(Ap 21, 4).

La Resurrección de Cristo está indicada en el aceite, que flota sobre todos los líquidos. 
El gozo que experimentaron los Apóstoles por la Resurrección de Cristo, superó cualquier otro gozo que ellos tuvieron, cuando Jesús estaba todavía con ellos en su cuerpo mortal. 
Igualmente, la resurrección de los cuerpos superará cualquier otro gozo.

"Los discípulos gozaron al ver al Señor" (Jn 20,20).

"Y la langosta engordará". 

En ella está indicada la primitiva Iglesia, que con la flor de la Resurrección del Señor engordó, o sea, se acrecentó y se llenó de admirable gozo.

Escribe Lucas:

"Como por el gran gozo todavía no creían y estaban pasmados, les preguntó:
Tienen algo para comer?
Y ellos le ofrecieron una porción de un pescado asado y un panal de miel". (24, 41‑42). 

El pescado asado es figura de Nuestro Mediador que sufrió la Pasion, capturado con el lazo de la muerte en las aguas del género humano, asado en el Tiempo de la Pasion; y, además, es para nosotros un panal de miel a motivo de la Resurrección, que hoy celebramos. 
El panal es miel con cera, o sea, la Divinidad en la Humanidad. 

Y en esta comida se indica que Cristo acoge en el Eterno descanso, en su cuerpo, a los que, cuando sufren tribulaciones por Dios, no se alejan del Amor de la Dulzura Eterna. 
Los que aquí son "asados" (por la tribulación), allí serán saciados con la Perfecta Dulzura.

Observa que "hoy" Cristo se apareció cinco veces:
La primera, a María Magdalena; la segunda, a la misma con otras, mientras corría a dar el anuncio a los Discípulos; la tercera, a Pedro; la cuarta, a Cleofás y a su compañero; y la quinta, a los Discípulos, a puertas cerradas, después de la vuelta de los dos Discípulos de Emaús. 
He ahí, pues, de qué manera con la flor del almendro engordó la langosta, o sea, de qué manera se alegró la Iglesia primitiva por la Resurrección de Cristo.

La langosta, cuando calienta el sol, da saltos y vuelos; así la Iglesia primitiva, cuando en el día de Pentecostés fue abrasada por el Ardor del Espíritu Santo, desplegó en todo el mundo los saltos y los vuelos de la predicación.

"Por toda la tierra se difundió el sonido de su voz". (Salm 18). 

Así la Iglesia engordó, o sea, se acrecentó; en cambio, la alcaparra menguaba. 
La alcaparra es un arbusto, que se adhiere a la piedra, y simboliza a la sinagoga, a la que fue dada la Ley escrita sobre la piedra, para mostrar su dureza, a la cual siempre permaneció apegada.

"Este es un pueblo de dura cerviz". (Ex 34, g). 

Cuanto más la Iglesia se acrecentaba, tanto más la sinagoga se disgregaba.

Concuerda con lo anterior el relato del segundo libro de los Reyes:

"Hubo una larga guerra entre la Casa de Saúl y la Casa de David. 
La Casa de David crecía y se hacía cada día más fuerte, mientras la Casa de Saúl se debilitaba día tras día".
(3, 1). 

La Casa de David es la Iglesia; la Casa de Saúl, que se interpreta: "el que abusa", es la sinagoga, que, por abusar de los Dones especiales de Dios, recibió el libelo del repudio y abandonó el tálamo del Esposo legítimo. 
Entre la Iglesia y la sinagoga se libró una larga lucha, como lo muestran los Hechos de los Apóstoles. 
La Iglesia crecía, porque: 
"cada día el Señor le agregaba a los que hablan de ser salvos". (2, 47). 

En cambio, la sinagoga día a día menguaba. 
Dice Oseas:

"Llama su nombre:
No pueblo mío; porque ustedes no son mi pueblo ni yo seré su Dios; y todavía: Yo me olvidaré totalmente de ellos; en cambio, tendré Misericordia de la casa de Judá", o sea, de la Iglesia (1, 6 ).

A Jesucristo, Honor y Gloria por los siglos de los siglos! Amén! Así sea!.

ORACIÓN.

Te suplicamos nos concedas, Dios Omnipotente, a los que hemos celebrado devotamente las Fiestas Pascuales que por ellas merezcamos llegar a las alegrías Eternas. 
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.


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