MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE PASCUAS.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

MIERCOLES DE LA III SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

La breve duración de nuestra vida.

Todavía un poco y no me verán, como si dijera:
Poco, o sea, breve tiempo me queda hasta sufrir la pasión y ser encerrado en el sepulcro; y de nuevo, un poco más de tiempo, hasta verme resucitado o también: por poco tiempo, o sea, por tres días, yo no seré visto, porque estaré encerrado (en el sepulcro); y de nuevo, por poco tiempo, o sea, durante cuarenta días, ustedes me verán resucitado.
Porque voy al Padre; o sea, ya va a llegar el tiempo en que yo, abandonada mi condición mortal, introduciré en el cielo la naturaleza humana.

Sentido moral.

Observa que en este pasaje evangélico se repite siete veces la palabra un poco, para significar que nuestra vida, que se desenvuelve en siete días, es breve y medida. 
Dice Santiago:

Qué es nuestra vida? 
Es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece (Sant 4,14). 

Dice Job:

Pasan sus días en el bienestar, y en un instante bajan al sepulcro. 

Y de nuevo:

La gloria de los impíos es breve, y la felicidad del hipócrita es como un punto. (21, 13; 20, Salm).

Punto deriva de punzar, y es cortísimo, tanto que no tiene duración, y de tan incalculable brevedad, que no puede dividirse en partes.

El punto simboliza la vida del pecador, en la que siente la punción de la conciencia y la brevedad de la vida. 
Se lee en el libro de la Sabiduría:

La esperanza del impío es pelusilla barrida por el viento, o como espuma liviana, que la tempestad dispersa, o como humo que el viento desperdiga, y como el recuerdo de un huésped de un solo día, que se desvanece. (5, 15).

El placer, que se espera sacar de la abundancia de los bienes terrenales, vuela ligero como la pelusilla. 
La pelusilla es un vello que producen algunos árboles frutales; es también el fruto de la caña, hueco y superfluo, como la espuma, de la que habla Oseas:

Samaría hizo pasar a su rey, como espuma sobre la superficie del agua (10, 7). 

Samaría simboliza a la autoridad, que hace pasar a su rey, o sea, al prelado, como espuma, en la que está indicada la soberbia, que pronto es barrida por la procela de la enfermedad. 
También el placer es como el humo de la mente, que molesta los ojos y deja en pos de sí excrementos, o sea, las inmundicias del pecado, como un huésped de paso.

Con estas cuatro comparaciones concuerda lo que dice Oseas:

Serán como neblina de la mañana, y como el rocío de la mañana que desaparece, y como el tamo que el torbellino levanta de la era, y como el humo que sale de la chimenea. (13, 3). 

La neblina y el rocío se desvanecen y se consumen, a la llegada del sol; el tamo es arrastrado por el viento y el humo se disipa en tenues volutas. 
De la misma manera, cuando llega la llama de la muerte, la abundancia de las cosas temporales se desvanece y se disipa, la concupiscencia de la carne y toda vanagloria se evaporan. Ay de aquellos, pues, que por un poco de abundancia en esta vida y por algún efímero deleite pierden la vida eterna! En los siete días de este infeliz destierro están enredados en los siete vicios; y entonces deberán beber de las siete copas de la ira de Dios.

He aquí la concordancia con el Apocalipsis.

Oí una gran voz desde el cielo, que decía a los siete Ángeles:
vayan y derramen las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra. 

Fue el primero y derramó su copa sobre la tierra. 
Y el segundo derramó su copa sobre el mar. Y el tercero derramó su copa sobre los ríos y las fuentes de las aguas. 
Y el cuarto derramó su copa sobre el sol. 
Y el quinto derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se cubrió de tinieblas. 
El sexto derramó su copa sobre el gran río Éufrates. 
Y el séptimo derramó su copa por el aire. (16, 1‑17).

En la tierra están indicados los avaros y los usureros; en el mar, los soberbios y los presumidos; en los ríos y en las fuentes de las aguas, los lujuriosos; en el sol, los vanidosos; en el trono de la bestia, los envidiosos y los indolentes; en el río Éufrates, que se interpreta abundancia, los beodos y los glotones; en el aire, los falsos religiosos.

De la tierra de la avaricia dice el Señor a la serpiente en el Génesis:

Comerás tierra todos los días de tu vida. (3, 14).

Porque el avaro es el alimento del diablo.

Del mar de la soberbia dice Job:

Habla el mar:
No está conmigo. (28,14)

La Sabiduría, porque
Dios resiste a los soberbios. 
(1 Pe 5, 5).

Del río de la lujuria se dice en el Éxodo, que el faraón dio a todo el pueblo esta orden:

A todo hijo varón, que nacerá, échenlo al río (1, 22). 

Faraón se interpreta el que destruye o el que desviste, y es figura del diablo que, después de haber destruido el edificio de la virtud, desviste y desnuda al hombre desgraciado del vestido de la gracia. 
El diablo quiere ahogar en el río de la lujuria toda obra viril, virtuosa y perfecta, y quiere preservar a las hembras, o sea, a las mentes afeminadas, de las que se servirá para obrar el mal.

Del sol de la vanagloria, al, hablar de la semilla y del sembrador, dice el Señor en Mateo:

Nacido el sol, la semilla se quemó y, por no tener raíces, se secó (13, 6). 

La semilla simboliza las obras buenas que, cuando arde el sol de la vanagloria, se secan. 
En efecto, todo lo que hagas por vanagloria, lo pierdes. 
A este propósito habla el Bienaventurado Bernardo: 

Tú eres ceniza y polvo; de dónde a ti la gloria?
De la santidad de la vida? 
Pero es el Espíritu el que santifica:
No tu espíritu, sino el de Dios. 
Tal vez, te halaga el favor popular, porque sabes exponer con elegancia la buena palabra? 
Pero es Dios el que da la boca y la sabiduría.
Qué es tu lengua, sino la pluma del escribano, que escribe velozmente?”.

Dice el filósofo Cicerón:

Breve es el camino para llegar a la gloria, para los que se esfuerzan por ser realmente lo que quieren aparecer.

Del trono de la envidia, en el cual está sentada la bestia, o sea, el diablo, se lee en el Apocalipsis:

Sé dónde vives: donde está la sede de Satanás (2, 13). 

Los envidiosos son la morada del diablo. Dice Job:

La fiera entra en su guarida y mora en su antro (37, 8). 

La guarida y el antro son figuras del corazón del envidioso, que es oscurecido por el hollín de la envidia. Antro deriva de áter, negro o sombrío.

Del Éufrates de la gula se lee en Jeremías:

El cinturón se pudrió en el río Éufrates. (13, 7). 

El cinturón de la castidad se pudre en los excesos de la gula y de la ebriedad. Dice el Filósofo:

Come y bebe, para vivir bien; no vivas sólo para comer y beber.

Del aire de la falsa religión se lee en el Apocalipsis que el aire se oscureció por la humareda que salía del pozo (9, 2). 

El pozo es la codicia, cuya humareda ya ahumó a casi todos los religiosos.

Todos los que se enredaron en estos siete vicios durante los siete días de esta vida, serán embriagados con las siete copas y serán afligidos por las siete plagas, o sea, las siete sentencias de condenación, en el infierno. 
Serán eternamente castigados en el cuerpo y en el alma, con los que pecaron.

Oremos, pues, queridísimos hermanos, al Señor Jesús, que en estos siete breves días de nuestra vida nos guarde, nos proteja y nos defienda, para que, liberados de las siete penas del infierno, merezcamos llegar al reino infinito de su Gloria.

Nos lo conceda aquel que es el Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén! Así sea!

ORACIÓN:

Dios Todopoderoso, que muestras a los que están en error la luz de tu verdad, con el propósito de que regresen al camino de la rectitud, concede a todos los que son admitidos en la comunión de la Religión de Cristo, que puedan evitar aquellas cosas que son contrarias a su Profesión y seguir todas las cosas que son agradables a la misma.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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