MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

JUEVES DE LA II SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

Explicaremos este pasaje, ante todo, en sentido alegórico, aplicándolo a Cristo, y después en sentido moral, aplicándolo al prelado de la iglesia.

Sentido alegórico. 
Éfeso se interpreta" "mi voluntad" o "mi consejo"; Esmirna, "su cántico"; Pérgamo, "el que divide los cuernos" o "deseca el valle"; Tiatira, "iluminada"; Sardis, "principio de belleza"; Filadelfia, "el que guarda" o también "el que salva a quien adhiere al Señor"; Laodicea, "tribu amable".

Los siete candelabros de oro representan a todas las Iglesias, ardientes e iluminadas por la Sabiduría del Verbo. 
Como el oro refinado por el fuego y forjado por los golpes se transforma en candelabro, así la iglesia, purificada por las tribulaciones y fustigada por los golpes de las tentaciones, se perfecciona y se difunde en los países lejanos.

"Y en medio de los siete candelabros", o sea, en la comunidad de todas las Iglesias, porque Dios se ofrece a todas y está siempre dispuesto a socorrerlas, "vi a uno semejante a Hijo de Hombre", o sea, un Ángel en la persona de Cristo, que no es un hijo de hombre, sino semejante, porque ya no muere; o también semejante a hijo de hombre, porque no estuvo sometido al pecado, sino que tomó la semejanza de la carne de pecado. 
"Revestido de túnica talar", sacerdotal, o sea, de la carne, en la que se ofreció y se ofrece cada día, presentándose a sí mismo al Padre; y "ceñido al pecho por una faja de oro", o sea la faja de la Caridad, por la cual se entregó a la muerte por nosotros.

"Su cabeza y sus cabellos eran cándidos como lana blanca y como nieve". 
La cabeza es la Divinidad. Dice el Apóstol:

"Cabeza de Cristo es Dios".
(1Cor 11, 3). 

La cabeza representa al mismo Cristo, que es cabeza de la iglesia, y que tiene todas las cosas necesarias para el gobierno de la iglesia. 
Los cabellos representan a los Fieles, sólidamente unidos a la cabeza. Entonces la cabeza y los cabellos, o sea, Cristo y los Cristianos, son cándidos como lana, blanca por la simplicidad y por la pureza; y como nieve, por el candor de la inmortalidad, porque, como El vive, viviremos también nosotros con El.

"Y sus ojos eran como llamas de fuego". 

Los ojos, o sea, la mirada de la Gracia de Jesucristo derrite el corazón helado del pecador, como la llama del fuego derrite el hielo. 
Así el Señor miró a Pedro con ojos de misericordia; y Pedro lloró amargamente, porque el hielo de su corazón se derritió en lágrimas de compunción.

"Y sus pies", o sea, los predicadores que lo llevan por todo el mundo, eran "semejantes al auricalco o bronce", no un auricalco cualquiera, sino uno refulgente como en un horno. 
El auricalco es llamado así, porque tiene semejanza tanto con el oro como con el bronce. 
El bronce se dice en griego calcós. 
En el oro está indicado el esplendor de la Sabiduría y en el bronce, la sonoridad de la elocuencia. 
Los pies de Jesucristo son semejantes al auricalco, porque los predicadores deben brillar por el fulgor de la sabiiduría y por la sonoridad de la elocuencia.

"Y su voz era como la voz de muchas aguas". 

La predicación de Cristo posee la virtud del agua, porque lava. 
Por eso Jesús dijo a los Apóstoles:

"Ustedes están limpios en virtud de la Palabra, que les anuncié".(Jn 15, 3). 

Son ya muchos los pueblos que acogen la voz de Jesucristo, y son comparados a las aguas a motivo del fluir de la vida y de la muerte. o también: "Su voz era como la voz de muchas aguas", como una fuente de muchas aguas, o sea, de gracias.

Y continúa:

"Y tenía en su derecha siete estrellas", o sea, las siete gracias del Espíritu Santo, que tiene en su derecha, dicha así porque da fuera (en latín, déxtera ‑ dans extra). 
En efecto, del tesoro de su munificencia concede las gracias a quien quiere, cuando quiere y como quiere. o también:
Las estrellas representan a los Obispos, que deben iluminar a los demás con la palabra y con el ejemplo; y el Señor los guarda en su mano derecha como sus dones más preciosos, representados justamente por la mano derecha.

"Y de su boca brotaba una espada afilada por los dos lados". 

De su boca, o sea, de su enseñanza, brotó la predicación, que corta por los dos costados: 
En el Antiguo Testamento las obras carnales, y en el Nuevo las concupiscencias.

"Y su rostro era como el sol, cuando brilla en su mayor fulgor". 

El rostro de Cristo son los buenos Prelados de la Iglesia y todos los Santos, por medio de los cuales, como por medio del rostro, conocemos a Cristo. 
Ellos resplandecen en su mayor fulgor, o sea, hacia el mediodía, sin nubes; o cuando el sol esté detenido en la eternidad, ellos resplandecerán así, o sea, serán semejantes al Verdadero Sol, Jesucristo.

ORACIÓN.

Oh Dios, que con la humillación de tu Hijo, levantaste al mundo caído; concede a tus Fieles una perpetua alegría, de suerte que, aquéllos a quienes libraste del abismo de la muerte eterna, gocen por tu Bondad de la Perpetua Bienaventuranza.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.

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