MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.
MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.
LUNES DE LA II SEMANA DESPUES DE PASCUAS.
"En aquel tiempo dijo Jesús a sus Discípulos:
Yo soy el buen Pastor".(Jn 10, 11).
Dice Juan en el Apocalipsis:
"Me fue dada una caña semejante a una vara"(11, 1).
La caña es la predicación del Evangelio.
Como la caña escribe las palabras en el pergamino, así la predicación debe escribir la Fe y las buenas costumbres en el corazón del oyente.
La caña y la pluma son instrumentos del escribano.
La caña es así llamada (en latín, cálamus), porque deposita un líquido; por eso los navegantes usan calare por depositar
Pero, porque de cálamo deriva la calamidad, ya que la infelicidad es fruto del vacío, la predicación se compara a la vara, en la que se destacan tres cualidades: solidez, rectitud y corrección.
La predicación debe ser sólida, es decir, respaldada por abundancia de buenas obras; y debe proponer palabras verdaderas, no falsas, no ridículas, no frívolas ni lisonjeras, sino palabras que susciten la conmoción y el llanto.
Por esto dice Salomón en el Eclesiastés:
"Las palabras de los sabios son como aguijones y como clavos plantados profundamente".(12, 11).
Como el aguijón, mientras punza, hace brotar sangre, y el clavo, si hiere una mano, produce un gran dolor, así las palabras de los sabios deben acicatear el corazón del pecador y hacer brotar la sangre de las lágrimas, que, como dice Agustín:
"son la sangre del alma", suscitar el dolor por los pecados pasados y causar el temor de las penas de la gehena.
La predicación debe ser recta (coherente), para que el predicador no contradiga con las obras lo que dice en el sermón.
La Autoridad de la palabra pierde fuerza, cuando la voz no está respaldada por las obras.
En fin, la predicación debe ser también correctora, para que los oyentes, después de haber escuchado una predicación, corrijan sus vidas.
Con semejante vara el Buen Pastor, el buen Prelado de la Iglesia o el predicador corrijan y pastoreen el Rebaño de sus ovejas, como las corregía y las apacentaba aquel Buen Pastor, que en el Evangelio de la Misa de este Domingo:
"Yo soy el buen pastor".
Observa que en este Evangelio sobresalen cuatro elementos.
Primero: los cuidados solícitos del Buen Pastor por sus ovejas y la disponibilidad de dar la vida por ellas, si fuere menester, cuando dice:
"Yo soy el Buen Pastor".
Segundo: la fuga del mercenario y la rapiña del lobo, cuando añade:
"El mercenario, que no es pastor y al que no pertenecen las ovejas".
Tercero: el recíproco conocimiento del pastor y de las ovejas:
"Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí".
Cuarto: la formación y el incremento de la Iglesia Católica a través de la unión de los dos pueblos, el judío y el gentil (pagano), donde dice:
"Tengo otras ovejas, que no son de este Rebaño".
En este Domingo y en el siguiente se canta y se lee un pasaje del Apocalipsis, que queremos dividir en siete partes.
La primera parte habla de las siete Iglesias; la segunda, de los cuatro caballos; la tercera, de los electos de las doce tribus; la cuarta, de la mujer revestida de sol.
Estas primeras cuatro partes queremos confrontarlas con las cuatro partes del Evangelio de esta semana.
La quinta parte del Apocalipsis habla de los siete Ángeles, que llevan las ampollas, llenas de la ira de Dios; la sexta parte, de la condenación de la gran meretriz, o sea, de la vanidad mundana; la séptima parte, del río de agua viva, o sea, de la perennidad de la vida eterna. Y estas tres partes, con la ayuda de Dios, las confrontaremos con las tres partes del Evangelio del Domingo próximo.
En fin, en el Introito de la Misa de este Domingo se canta:
"La tierra está llena de la Misericordia del Señor". (Salm 32, 5).
Y se lee la Epístola del Bienaventurado Pedro:
"Cristo padeció por nosotros".
(1 Pe 2, 21).
ORACIÓN.
Oh Dios, que con la humillación de tu Hijo, levantaste al mundo caído; concede a tus Fieles una perpetua alegría, de suerte que, aquéllos a quienes libraste del abismo de la muerte eterna, gocen por tu Bondad de la Perpetua Bienaventuranza.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.
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