MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.
MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.
Martes de la I Semana después de la Octava de Pascuas.
1. La reunión de los Discípulos.
"La tarde de aquel día".
En esta primera parte se destacan cinco elementos: la tarde, aquel día, el primero después del sábado, puertas cerradas, la reunión de los Discípulos por miedo de los judíos.
El día, del sánscrito dian, o sea, luminosidad, señala la gloria de la vanidad mundana, que el Señor rechazó:
"Yo no recibo gloria de parte de los hombres". (Jn 5, 41).
Y Jeremías:
"No ambicioné, ni deseé el día de los hombres: tú lo sabes". (17, 16).
Y en Lucas:
"Y ahora, en este tu día, y no mío,
si tú conocieras lo que te conviene para la paz, y no a mí". (19, 42).
Y en los Hechos de los Apóstoles:
"El día siguiente, Agripa y Berenice llegaron con gran pompa". (25, 23)
(En latín, ambitione), o sea, rodeados de un gran gentío.
La Glosa pondera que en griego, en lugar de ambitione, se usa el término phantasia.
Agripa se interpreta: "acopio urgente" y Berenice: "Hija excitada por la elegancia".
Agripa simboliza a los ricos de este mundo, que se apresuran a acumular riquezas con la usura y con falsos juramentos; pero dice Job:
"Las riquezas que devoró, las vomitará; y Dios se las arrancará de las entrañas" (20, 15).
Berenice simboliza la lujuria de la carne, hija del diablo, que se excita con la elegancia exterior y hace que otras se exciten.
Agripa, pues, y Berenice, o sea, los ricos y los lujuriosos, en el día de la suntuosidad mundana, proceden con mucha ambición, que es una fantasía frustrante, porque aparenta ser algo, cuando en realidad nada es; y cuando se cree tener algo, todo se evapora.
"La tarde de aquel día".
La tarde de este día es la penitencia, en la cual el sol del esplendor mundano se convierte en tinieblas y la luna de la concupiscencia carnal se transmuta en sangre.
En los Hechos de los Apóstoles Pedro, usando las palabras del Señor, reportadas por Joel, dice:
"Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo.
El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre". (2, 19‑20).
En sentido alegórico.
El Señor hizo prodigios en el cielo y en la tierra, cuando descendió a la tierra mediante la sangre de la Cruz; y en el fuego, cuando envió al Espíritu Santo a los Apóstoles; y así subió en alto el humo de la compunción.
Se lee en los Hechos:
"Se sintieron con el corazón traspasado, y preguntaron a Pedro y a los demás Apóstoles:
Qué haremos, hermanos?
Y Pedro les dijo:
Arrepiéntanse; y cada uno de ustedes se bautice en el nombre de Jesucristo".(Hech 2, 37‑38).
En sentido moral.
En la sangre está indicada la maceración de la carne; en el fuego, el ardor de la caridad; y en el vapor del humo, la compunción del corazón, Estos prodigios hace el Seńor en el cielo, o sea, en el justo, y en la tierra, o sea, en el pecador.
Con estas tres cosas concuerda la Epístola de hoy:
"Tres son los que dan testimonio en el cielo: el espíritu, el agua y la sangre". (1Jn 5, 8).
En sentido alegórico.
El Espíritu es el alma humana, que Jesucristo exhaló en la Pasion; el agua y la sangre brotaron de su costado, que no podía suceder, si El no hubiese tenido la verdadera naturaleza de la carne (Humana).
En sentido moral.
El espíritu es la caridad; el agua, la compunción; y la sangre, la maceración de la carne.
Con estas tres cosas concuerdan también las palabras del Éxodo:
"Todo el Monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en el fuego; y de él subía el humo como el humo de un horno; y todo el Monte se estremecía con gran violencia, Y el sonido de la trompeta iba aumentando en extremo y se hacía más penetrante". (19, 18‑19).
El Monte Sinaí es figura de la mente del penitente, en la que, cuando el Señor desciende en el fuego de la Caridad ‑del que El mismo dijo:
"Yo vine a traer fuego a la tierra".
(Lc 12, 49).
Todo el Monte humea, y de él sube el humo de la compunción como de un horno, o sea, del ardor de la mente.
Y así todo el Monte se estremecía con violencia por la maceración de la carne, o causaba espanto a los espíritus inmundos.
Dice Job:
"Nadie le dirigía palabra, y todos veían que su sufrimiento era terrible".(2, 13).
Y el sonido de la trompeta, o sea, de la confesión, poco a poco se hacía más fuerte y más penetrante, porque el penitente, cuando se confiesa, debe comenzar por los pensamientos ilícitos, luego pasar a las palabras y después a las obras malas.
El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre.
El sol se convierte en tinieblas, cuando el lujo mundano es oscurecido por el saco de la penitencia; y la luna se cambiará en sangre, cuando la concupiscencia de la carne es reprimida con la maceración, las vigilias y la abstinencia.
Con razón está dicho:
"La tarde de aquel día, el primero después del Sábado".
Y el Señor dice en el Éxodo:
"Acuérdate de santificar el Sábado".(20, Salm).
Santifica el día Sábado aquel que permanece en el reposo del espíritu y se abstiene de las obras prohibidas.
"Y las puertas estaban cerradas".
Las puertas son los cinco sentidos del cuerpo, que debemos cerrar con las cerraduras del amor y del temor de Dios, para que no nos suceda lo que preanunciaba Pablo en los Hechos de los Apóstoles:
"Sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño".(20, 29).
Pablo se interpreta: "humilde".
Cuando la humildad desaparece del corazón, los lobos rapaces, o sea, los deseos carnales, entran por las puertas de los cinco sentidos y devoran la grey de los buenos pensamientos.
"Donde estaban reunidos los Discípulos por miedo de los judíos".
Los Discípulos son los juicios de la razón, que deben reunirse juntos por miedo de los judíos, o sea, de los demonios, para que no les perjudiquen.
Se lee en el Cantar de los Cantares:
"Eres hermosa y de lindo semblante, oh hija de Jerusalén, terrible como un ejército en orden de batalla".(6, 4).
El alma es la hija de la Jerusalén celestial, bella por la Fe y graciosa por la Caridad.
Ella también será terrible a los espíritus malvados, si dispone los juicios de la razón y los pensamientos de la mente, como un ejército de soldados para pelear contra los enemigos.
Sobre esa reunión de los Discípulos concuerdan los Hechos de los Apóstoles:
"Entonces regresaron a Jerusalén desde el Monte de los Olivos, que dista de Jerusalén como una caminata del Sábado.
Y, entrados, subieron al Cenáculo donde moraban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelote y Judas de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración con las mujeres, con María la Madre de Jesús y con los hermanos de El".(1, 12‑14).
El Monte de los Olivos dista de Jerusalén una milla y la caminata del Sábado era de mil pasos: en el día Sábado no estaba permitido a los judíos caminar más.
El Cenáculo es llamado por la Glosa:
"Tercer techo", y es figura de la Fe fortalecida, de la Esperanza y de la Caridad.
Debemos subir a este Cenáculo, quedar con los Discípulos y perseverar unánimes en la oración, en la contemplación y en la efusión de las lágrimas, para merecer recibir la Gracia del Espíritu Santo.
Dijo el Señor:
"Permanezcan en la Ciudad, hasta ser investidos de Poder desde lo alto, o sea, del Espíritu Santo". (Lc 24, 49).
SI, pues, el día de la gloria mundana esté declinando se ponga en la tarde de la penitencia, en la que, como en día Sábado, el hombre debe apartarse de toda obra mala, y las puertas de los cinco sentidos estén cerradas, y todos los Discípulos de Cristo, o sea, los Cristianos, o los sentimientos del Justo, estén reunidos juntos, entonces el Señor obrará lo que dice el Evangelio a continuación".
ORACIÓN.
Te suplicamos, ¡oh Dios Omnipotente!, hagas que, celebradas las Fiestas de Pascua, continuemos, con tu Gracia, realizando su ideal en nuestra vida y en nuestras costumbres.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.
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