MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE PASCUAS.
MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.
JUEVES DE LA III SEMANA DESPUES DE PASCUAS.
II ‑ La vana alegría de los mundanos.
"En verdad, en verdad les digo que llorarán y gemirán, mientras el mundo gozará.
Ustedes se entristecerán; pero su tristeza se cambiará en gozo.
La mujer, al dar a luz, sufre tristeza, porque le llegó su hora; pero, después de haber dado a luz a un niño, ya no se acuerda más de los trabajos, por la alegría de que llegó al mundo un hombre". (Jn 16, 20‑21).
En las tribulaciones de este mundo todos los buenos lloran, mientras los amantes del mundo gozan.
Sobre unos y otros se explaya Isaías:
"El Señor de los Ejércitos llamó al gemido y al llanto, a raparse el cabello y a vestirse de saco.
En cambio, ellos gozan y están alegres, matan novillos y carnean chivos, comen carnes y beben vino:
Comamos y bebamos, que mañana moriremos".(22, 12‑13).
Todos los justos son llamados por la Gracia de Dios al gemido de la contrición y al llanto de la Confesión, a raparse la cabeza, o sea, a la renuncia de las cosas temporales, y a vestirse de saco, o sea, al rigor de la penitencia.
En cambio, los amantes del mundo viven en los placeres del mundo, en la alegría del pecado, embriagándose de gula y de lujuria.
Y ésta es la Babilonia, con la que concuerdan las palabras del Apocalipsis:
"Vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata, cubierta de nombres blasfemos, con siete cabezas y diez cuernos.
Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas. Empuñaba con la mano una copa de oro, colmada con las abominaciones y las inmundicias de sus fornicaciones". (17, 3‑4).
La mujer (en latín, mulier), que deriva su nombre de: "molicie", simboliza a aquellos afeminados, que conforman su vida a la de Eva, de la que tuvo comienzo el pecado.
De esta mujer dice Salomón:
"La prostituta es como el estiércol por el camino".
(Ecli 9, 10).
El estiércol es llamado así, porque se extiende por los campos (en latín, sterno).
En la prostituta están representados todos los mundanos, que son conculcados por los demonios, como el estiércol es pisoteado por los viandantes.
De esta meretriz el Señor se lamenta por boca de Jeremías:
"Desde mucho tiempo atrás, rompiste mi yugo y desmenuzaste mis ataduras, y dijiste:
Ya no te serviré!
En efecto, en todo altozano y bajo todo árbol frondoso, te prostituías". (2, 20).
Los hijos de este siglo, generación depravada, adúltera y perversa; y los hijos espurios, cómplices de los ladrones, o sea, de los demonios, rompieron el yugo de la obediencia y quebrantaron las ataduras de los Mandamientos de Dios; y dijeron:
"No serviremos!".
Job retoma el interrogante:
"Quién es el Todopoderoso, para que lo sirvamos?
Y de qué nos aprovecha el adorarle?" (21, 15).
En todo altozano de la soberbia y bajo todo árbol frondoso de la lujuria, porque la lujuria busca lugares frondosos y oscuros, como una meretriz, se prosternan delante del diablo!
Con razón dice Juan:
"Vi a una mujer, sentada sobre una bestia escarlata".
La bestia, casi vastia, devastadora, es el diablo, que devasta las virtudes del alma:
El diablo es sanguinario hacia sí mismo y hacia los suyos.
Sobre él se sientan los mundanos, porque el diablo es su fundamento y en él se apoyan.
Pero, el que se apoya en el diablo que cae del Cielo, necesariamente caerá con él.
Dice Job:
"A la vista de todos, se precipitó".
(40, 28):
Tanto él como los réprobos, de los que él es el jefe.
"Colmada de nombres blasfemos".
El diablo, como dice el Apocalipsis, tiene tres nombres:
En hebreo Abdo, en griego Apollyon y en latín Exterminans.
Abdo significa: "esclavo". Apollyon y Exterminans tienen el mismo significado de: "Exterminador".
El término griego Apollyon puede significar también: "dañoso" e "infernal".
Estos son los nombres blasfemos, con los que el diablo y sus seguidores blasfeman a Dios.
Son esclavos del pecado, dañosos e infernales exterminadores, o sea, se ponen a sí mismos y a los demás extra terminum, fuera de los confines de la Vida Eterna.
"La bestia tiene siete cabezas y diez cuernos".
Las siete cabezas son los siete vicios , de los que habla el Profeta:
"Vi en la Ciudad la injusticia y la discordia.
Día y noche la rodea sobre sus muros la iniquidad; y en medio de ella, ajetreo e injusticia; y no se apartan de sus plazas la usura y el engaño".
(Salm 54, 10‑12).
Es Ciudad sanguinaria, toda llena de engaño, en la cual el Señor no entra. En ella se halla reunida una multitud de carnales y en ella reina la injusticia contra Dios, evocada aquí dos veces, porque de dos maneras se peca contra Dios:
Cometiendo alguna obra mala u omitiendo alguna obra buena.
La discordia se refiere al prelado; el ajetreo y la injusticia, a ti mismo; y la usura y el engaño, al prójimo.
De los diez cuernos habla el Apóstol:
"Están atestados de toda injusticia, maldad, fornicación, avaricia, perversidad, envidias, homicidios, contiendas, engaños y malignidad". (Rom 1, 29).
O también, las siete cabezas y los diez cuernos podrían ser aquellos de que habla la Sabiduría:
"Todo está en gran confusión:
Sangre y homicidio, robo y engaño, corrupción e infidelidad, peleas y perjurio, turbación entre los buenos, olvido del Señor, ‑corrupción de las almas, perversión sexual, infidelidad matrimonial, desórdenes, concubinatos, deshonestidad, culto de ídolos abominables". (14, 25‑27).
"Y la mujer estaba revestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas". (Ap 17, 3‑4).
En la púrpura se indica la pasión por las dignidades; en la escarlata, que es de color sanguíneo, la crueldad de la mente; en el oro, la sabiduría mundana; en las piedras preciosas y en las perlas, la abundancia de las riquezas.
De todos estos adornos se rodea y se embellece la mujer meretriz, o sea, la gran Babilonia, la sinagoga de Satanás, la multitud de los carnales.
"Y tiene en mano una copa de oro".
La copa, o el cáliz de oro, en mano de Babilonia es la gloria mundana, dorada por fuera, pero por dentro repleta de toda suciedad y abominación.
Por esto dice Salomón:
"Falsa es la gloria y vana la belleza". (Prov 31, 30).
Con este cáliz se embriagan los reyes de este mundo, los prelados de la Iglesia, las religiosas y los religiosos. Por eso dice Juan:
"Con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución". (Ap 17, 2).
De esa ebriedad habla Isaías:
"El Señor envió en medio de Egipto un espíritu de vértigo, y lo hizo errar en toda su obra, como tambalea el ebrio en su vómito".(19, 14).
El vértigo en sentido propio es cualquier viento que levanta la tierra y la hace girar (remolino), o también es dolor de la cabeza (vahído).
En medio del Egipto, o sea, entre los mundanos, el Señor envió, o permitió que se desarrollara, el espíritu del vértigo, o sea, la pasión y la codicia, por cuyo impulso, como si fuera un torbellino, giran y dan vueltas; y así van errando, como un ebrio, que nunca encuentra un camino bastante ancho. Y como el ebrio, mientras es arrastrado o golpeado, no siente nada, así también los mundanos se tornan insensibles.
Se lee en los Proverbios:
"Mientras me azotaban, no sentí dolor; y mientras me arrastraban, no me di cuenta".(23, 35).
Porque el desgraciado pecador no siente dolor, cuando es azotado por los demonios; ni se da cuenta, cuando los mismos lo arrastran de pecado en pecado.
Concuerdan con lo anterior las palabras de Jeremías:
"Goza y alégrate, hija de Edom, que habitas en la tierra de Uz.
También a ti te llegará el cáliz, te embriagarás y serás desnudada".
(Lm 4, 21).
Edom se interpreta: "sangre".
La hija de Edom es figura de la afeminada voluptuosidad de los carnales.
A ella se dirige el Profeta irónicamente:
"Goza y alégrate".
Ella goza de la abundancia del mundo y se alegra en la lujuria de la carne. Ella vive en la tierra de Uz, que se interpreta: "consejo", del cual dice Isaías:
"Los sabios consejeros del faraón le dieron un consejo necio".(19, 11).
Los sabios de este mundo dan consejos necios:
Buscar los bienes temporales, correr en pos de los transitorios, creer en las falsas promesas del mundo.
La hija de Edom, engañada por el consejo de este mundo, se embriaga con la copa de oro de la gloria mundana y después es desnudada. Los amantes de este mundo, después de la embriaguez de las cosas temporales, serán despojados de todos sus bienes y, así despojados, serán condenados a las penas eternas.
Sigue Juan en el Apocalipsis:
"Un Ángel poderoso levantó una piedra, como una gran piedra de molino, y la echó al mar, gritando:
Con la misma violencia será derribada Babilonia, la gran Ciudad, y nunca más será hallada". (18, 21).
El Ángel fuerte es Cristo, que vence los poderes del aire.
"Levantó una piedra", porque levanta a los malos y a les que tienen el corazón endurecido, para castigarlos con mayor rigor.
"Una gran piedra de molino", porque están revueltos por las cosas mundanas, o también, porque aplastan a los demás; "y la echó al mar", o sea, a las amarguras del infierno, para que, en la medida en que Babilonia se exaltó y se abandonó a los placeres, en la misma medida sufra los tormentos (del infierno).
Con razón en el Evangelio del Domingo decia el Señor:
"El mundo gozará mientras ustedes estarán en la tristeza, pero su tristeza se cambiará en gozo; y el gozo del mundo en tristeza".
Y dice el Señor en otra parte del mismo Evangelio:
"Todo hombre presenta ante todo el buen vino y después el menos bueno". (Jn 2, 10).
En este mundo beben el vino de la alegría; pero en el otro beberán el vinagre de la gehena.
Dice Jeremías:
"He aquí que los que no estaban condenados a beber el cáliz, lo beberán ciertamente; y tú, quizás, quedarás impune?
No serás considerado inocente, sino que también tú deberás beberlo, juro por mí mismo, dice el Señor, que Bosra será reducida a desierto, oprobio, escarnio y maldición". (49, 12‑13).
Los santos, a los que ningún tribunal impuso beber el cáliz de la tristeza de este mundo, lo beberán con la amargura del corazón y lo beberán con el sufrimiento del cuerpo, porque ellos sufren y gimen por todas las abominaciones, que se cometen en toda la tierra.
Y tú, Babilonia, madre de fornicaciones, serás considerada inocente?
No eres inocente; y por esto, después de haber bebido en este mundo el vino del placer, beberás en el otro mundo el vinagre del infierno.
Dice San Gregorio:
"Si es tan grande la fragilidad de esta vida mortal que ni los justos, que un día habitarán en el Cielo, pueden pasar la vida sin trabajos, dado el inmenso cúmulo de la miseria humana, cuánto más los que serán privados de la Gloria Celestial, deberán aguardar como seguro desenlace la eterna condenación?".
Y de nuevo.
Cada vez que yo medito en la paciencia de Job o evoco la muerte de Juan el Bautista, te digo a ti, pecador, busca entender de allí qué cosa padecerán aquellos a los que Dios condena mientras tanto sufren los que son elogiados por el testimonio del mismo juez?
Qué cosa hará el arbusto del desierto, si hasta el cedro del paraíso será sacudido por el terror?".
"Juro por mí mismo, dice el Señor" ‑porque no hay otro por encima de mi‑, que "Bosra", que se interpreta: "fortificada", o sea, la pérfida sinagoga de los mundanos, que se fortifica con los bastiones de los pecados y con las flechas de las defensas, ‑llegará a ser un desierto", porque quedará aislada sin la compañía de la Gracia; "y un oprobio)", porque despojada de todos los bienes temporales; "y un escarnio", porque engañada por los demonios; "y una maldición", como la que sigue: Vayan, malditos, al fuego eterno!".
"La mujer, cuando da a luz, siente tristeza".
Triste suena como a "triturado", del latín tero, machacar.
Los santos, en la peregrinación de este destierro, son machacados, afligidos y angustiados:
De ellos el mundo no es digno.
A ellos les habla hoy Pedro con las palabras de su Epístola:
"Queridísimos, los exhorto como a forasteros y peregrinos a abstenerse de los deseos carnales, que luchan contra el alma".(1 Pe 2, 11).
Se llama forastero, porque viene de otro lugar; y peregrino es el que va lejos de su patria.
Todos somos forasteros, porque venimos de otro lugar; o sea, del gozo del Paraíso (terrenal) hemos llegado a la mísera condición de este destierro. Somos también peregrinos, porque, echados del rostro y de los ojos de Dios, vamos de acá para allá mendigando, lejos de la patria del cielo.
Abstengámonos, pues, de los deseos carnales, a semejanza de Nabot, que se interpreta: "excelso".
Como él prefirió morir a vender su heredad, como se lee en el tercer libro de los Reyes (21, 1‑14), así nosotros debemos preferir sufrir cualquier penalidad a trocar la Gloria Eterna con los placeres de la carne.
Si lo hacemos, nuestra tristeza se convertirá en gozo.
Con todo esto van de acuerdo las palabras del Introito de la Misa de este Domingo pasado:
"Aclamen a Dios con alegría, tierra entera; canten un himno a su Nombre; denle la Gloria y la alabanza". (Salm 65, 1‑2).
Nos exhorta a hacer tres cosas: aclamen a Dios, con la alegría del corazón; canten un himno, con la boca, y denle Gloria, con las obras.
De esa manera, mereceremos Regar a la Gloria del Gozo Eterno.
ORACIÓN:
Dios Todopoderoso, que muestras a los que están en error la luz de tu verdad, con el propósito de que regresen al camino de la rectitud, concede a todos los que son admitidos en la comunión de la Religión de Cristo, que puedan evitar aquellas cosas que son contrarias a su Profesión y seguir todas las cosas que son agradables a la misma.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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