MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

VIERNES DE LA II SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

En sentido moral.

"Yo soy el Buen Pastor".

Bienaventurado aquel prelado de la iglesia, que puede decir con sinceridad:

"Yo soy el Buen Pastor!". 

Para que sea bueno, es necesario que se asemeje al Hijo del hombre y esté en medio de los siete candelabros de oro. 
De ellos dice Juan:

"Vi siete candelabros de oro"; y en ellos se destacan las siete cualidades que son necesarias al prelado de la iglesia: inocencia de la vida, ciencia de la Sagrada Escritura, elocuencia de palabra, asiduidad en la oración, misericordia hacia los pobres, disciplina con respecto a los súbditos, cuidado solícito del pueblo que le fue confiado. 
Estos siete candelabros hallan correspondencia en el significado de las siete iglesias.

Éfeso se interpreta: "mi voluntad" o "mi consejo". 
Aquí está señalada la inocencia de la vida, de la que habla el Apóstol:

"Esta es la voluntad de Dios: 
su santificación: 
que cada uno sepa conservar su cuerpo en el honor y en la santidad". (1Tes 4, 3‑4). 

E Isaías:

"Toma una decisión, notifica un consejo", (16, 3). 

Toma una decisión, para vivir en la inocencia con respecto al alma; notifica un consejo, o sea, frena los cinco sentidos, para que vivas en la castidad, con respecto al cuerpo.

Esmirna se interpreta: "su canto". 
Y aquí está indicada la ciencia de la Sagrada Escritura. 
Dice el Profeta:

"Canten a Dios un cántico nuevo". (Salm 95, 1). 

Todas las ciencias mundanas y lucrativas son los cánticos viejos, los cánticos de Babilonia. 
Sólo la teología es el cántico nuevo, que resuena suavemente en los oídos de Dios y renueva el espíritu. 
La Sagrada Escritura debe ser el cántico de los prelados.
"Si no hubiera herreros en Israel ‑dice el primer libro de los Reyes‑, no sería de admirarse si los hijos de Israel descendieran a los filisteos para afilar el arado, la azada, el hacha y el escardillo".(1Rey 13, 19‑20). 

Pero, gracias a Dios, en Israel, o sea, en la iglesia, existen, no diría un solo herrero, sino muchos herreros, o sea, muchos teólogos, que saben muy bien afilar el arado, la azada, el hacha y el escardillo y lo saben acabar a la perfección.

El arado es llamado así, porque cava la tierra o la "vomita"; la azada, porque levanta la tierra; el hacha (en latín, securis), porque corta (en latín, succidit) los árboles; el escardillo es una herramienta con mango, muy necesaria para los trabajos agrícolas. 
Con estos instrumentos de los labriegos se seńalan los ejercicios de la predicación, que cavan el humus de la codicia y la tierra de la iniquidad, y las sacan de la atención de la mente; cortan las ramas secas del árbol infructuoso y cultivan el campo de la Iglesia militante.

Por qué, pues, los hijos de Israel, o sea, los prelados, van a los filisteos, nombre que se interpreta: 
"caídos por la beodez", o sea, a las ciencias lucrativas? 
Y acuden a ellas para embriagarse con el brebaje de una dignidad efímera, de la gula y de la lujuria, con la ambición de la vanagloria y del dinero; y, así embriagados, se desploman en lo profundo del infierno. 
Bernardo los amonesta así:

"Oh ambición de veras desafortunada, que no sabe aspirar a las cosas grandes! Aman los primeros puestos; pero habría que temer para ellos que caerán como higos que no maduran. 
Cuiden, pues, los que anhelan los primeros puestos, de no perder también los segundos; y terminen por precipitarse vergonzosamente en el último lugar del infierno!".

Pérgamo se interpreta: "el que divide los cuernos" o "el que deseca el valle". 
Aquí está indicada la elocuencia de la lengua erudita, que divide los cuernos de los soberbios y deseca el valle de los carnales. 
Pero el Señor amenaza por boca del Profeta:

"Quebraré todos los cuernos de los pecadores". (Salm 74, lo). 

Y Job:

"Atarás tú con coyundas al rinoceronte, para que are o para que rompa los terrones de los valles detrás de ti?" (39, 10).

El rinoceronte es un animal pequeño, semejante al chivo (sic), que tiene sobre las narices un cuerno muy puntiagudo. 
Es una figura del Bienaventurado Pablo, que, aún respirando amenazas y muerte, mientras iba a Damasco, fue atado con la correa del Divino Poder, para que arara, o sea, para que predicara. 
Pero el Señor le dijo a Ananías:

"Este es para mí un vaso de elección, para que lleve mi nombre delante de los gentiles (paganos), de los reyes y de los hijos de Israel". (Hech 9, 15). 

El romperá los terrones de los valles, o sea, las mentes de los carnales y de los infieles, con el arado de la predicación.

Tiatira se interpreta: "iluminada". 

Esta representa la asiduidad de la oración, que ilumina la mente. 
Se lee en el Apocalipsis:

"El esplendor de Dios ilumina la ciudad y su lámpara es el Cordero". (2, 18). 

En el cordero resaltan la inocencia y la simplicidad, dos virtudes que de manera particular son necesarias al que ora y, al mismo tiempo, como el esplendor y la lámpara, iluminan la mente del que ora.

Sardis se interpreta: "principio de belleza", y representa la misericordia hacia los pobres, que echa fuera la lepra de la avaricia hace hermosa al alma. 
Está escrito:

"Ofrezcan limosnas, y he ahí que todo estará limpio para ustedes".
(Lc 11, 41).

Filadelfia se interpreta: "el que custodia y salva al que adhiere al Señor". 

Aquí está representada la corrección con respecto a los súbditos, la que custodia al que se pone al servicio del Señor, y salva del peligro de la muerte. De ella habla el Apóstol a los Hebreos: 

"Toda corrección en ese momento no es causa de gozo, sino de tristeza; después, reporta un fruto de paz y de justicia, para los que se dejan guiar por ella". (12, 11).

Laodicea se interpreta: "tribu amable" para el Señor. 
Y aquí está representada la Iglesia Católica del Pueblo Cristiano, sobre la cual el Prelado debe vigilar con cuidados solícitos. 
Del amor hacia ella dice Juan:

"Después de haber amado a los suyos, los amó hasta el fin".
(13, 1).

O sea, tanto los amó, que su Amor lo llevó hasta la muerte.

ORACIÓN.

Oh Dios, que con la humillación de tu Hijo, levantaste al mundo caído; concede a tus Fieles una perpetua alegría, de suerte que, aquéllos a quienes libraste del abismo de la muerte eterna, gocen por tu Bondad de la Perpetua Bienaventuranza.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.

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