MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARS CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el domingo de Cuasimodo
(Jn 20,19-31).

De la Fe de que está penetrada el alma que ha resucitado según la Gracia.

PUNTO I.

Jesucristo entra hoy en la sala donde estaban reunidos los Apóstoles después de su Resurrección, cuando estaban cerradas las puertas, para indicarnos que las puertas del alma que no vive vida renovada y vida de Gracia, están cerradas a todos los movimientos interiores del Espíritu de Dios, y sólo se abren a los movimientos humanos y naturales.

Es éste uno de los efectos de la ceguera del espíritu y de la dureza de corazón que el pecado ha causado en nosotros, que hace que los hombres, ilustrados en las cosas de este mundo, carezcan de toda luz y apertura para lo que se refiere a Dios y a su servicio.

Es lo que nos da a entender Jesucristo, cuando dice que los hijos del siglo son a menudo más prudentes y sagaces en los negocios temporales, que la mayoría de los hijos de la luz en lo referente a su bien espiritual y a la salvación de sus
almas.
¿No estáis vosotros entre ellos?

PUNTO II.

Al entrar Jesús en aquella sala difundió tal impresión de su Divinidad, que Santo Tomás, hasta entonces incrédulo, a la sola vista de Jesucristo y de sus llagas, quedó totalmente penetrado por ella; porque Jesucristo lo llenó entonces de Fe y le hizo conocer, en un instante, por la luz y la penetración de Fe, lo que antes
le había estado escondido.

Del mismo modo, cuando Jesucristo penetra en el alma, la eleva de tal modo por encima de todos los sentimientos humanos, por la fe que la anima, que ya no ve nada sino a su luz; y nada que pueda acontecerle es capaz de hacerla vacilar, de apartarla del servicio de Dios, y ni siquiera de disminuir lo más mínimo el ardor que siente por Él; pues las tinieblas que antes ofuscaban su espíritu se han transformado en luz admirable, lo que hace que, en adelante, ya no vea nada sino con los ojos de la Fe.
¿Os sentís vosotros en esta disposición? 
Pedid a Jesucristo Resucitado que os ponga en ella.

PUNTO III.

Penetrado Santo Tomás de esta luz y de este sentimiento de Fe, no pudo por menos de exclamar, al ver a Jesucristo:

¡Señor mío y Dios mío!

Hasta entonces había mirado a Jesucristo sólo con ojos ofuscados y cubiertos por las tinieblas de la incredulidad; no había podido descubrir la Divinidad, velada por
las sombras de la naturaleza humana. 
Pero, gracias a esta iluminación de Fe, por la que recibió su alma fuerte impresión por la presencia del Salvador Resucitado, descubrió todo lo que de Divino había en Él. 

Y su Fe, así fortalecida, le dio el valor de confesar que quien había muerto en Cruz, y había sido sepultado en la tumba, era su Señor y su Dios.

Así es como un alma penetrada de sentimientos de Fe se ve tan elevada hasta Dios, que no conoce sino a Dios, no estima nada sino a Dios, ni gusta de otra cosa que de Dios. 

Lo que hace que en adelante no pueda aplicarse sino a Dios, puesto que, esclarecida con luces sobrenaturales, ya no experimenta gusto alguno por las cosas de la tierra, y sólo puede mirarlas con desprecio.

En esta disposición estaba San Francisco, cuando penetrado totalmente de Fe y abrasado en el Amor de Dios, repetía a lo largo de su vida: 
¡Mi Dios y mi todo!
Procurad poneros hoy en parecida disposición.

ORACIÓN:

Te suplicamos, ¡oh Dios Omnipotente!, hagas que, celebradas las Fiestas de Pascua, continuemos, con tu Gracia, realizando su ideal en nuestra vida y costumbres.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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