MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo tercero después de Pascua.
(Jn 16,16-22).

Sobre las falsas alegrías del mundo, y de la verdadera que poseen los servidores de Dios.

PUNTO I.
Jesucristo dice en el evangelio de este día que el mundo se alegrará, y que los servidores de Dios permanecerán algún tiempo en la tristeza, pero que su tristeza se cambiará en gozo. 

Lo cual os da ocasión para considerar la diferencia que hay entre la alegría de los mundanos y la de los servidores de Dios.
La alegría del mundo será corta, y la de los servidores de Dios no tendrá fin.

Eso es lo que se manifiesta en las palabras del Santo Evangelio. 
El mundano, dice Jesucristo, se alegrará; pero, ¿por cuánto tiempo? 
A lo sumo, mientras esté en el mundo. 
Pero cuando deje de estar en el mundo, es decir, después de esta vida, su alegría acabará, y la tristeza que siga será eterna.

En cuanto a la alegría de los servidores de Dios, será tal, que nadie, dice Jesucristo, se la podrá arrebatar. Si tienen penas y motivos de tristeza, será sólo por poco tiempo, y la alegría que ha de seguir a sus penas no tendrá fin.
¡Ay de aquellos que sólo buscan contentarse en este mundo, porque ese contento durará poco!

PUNTO II.

La segunda diferencia que existe entre la alegría de las gentes del mundo y la de los servidores de Dios, es que la de los primeros es sólo superficial, mientras que la de los segundos es muy sólida.

Esta diferencia se advierte en las palabras de Jesucristo:
El mundo se alegrará; pero en cuanto a los servidores de Dios, será su corazón el que se regocije.

Lo cual nos indica que la alegría de los primeros es sólo aparente; en el mundo todo es ostentación y apariencia. 
Pero cuando los servidores de Dios están gozosos, es su corazón el que se regocija. 
Y como este es el sostén de la vida del hombre, pues es en ellos lo último que muere, su alegría es muy sólida, según la aplicación de Nuestro Señor; y no se ve fácilmente sujeta a alteración, porque se fundamenta en lo que es para ellos soporte de la vida de Gracia; a saber, el amor de Dios y la comunicación con Dios, por medio de la oración y el uso de los sacramentos. 

Esto hace que su alegría esté sólidamente fundada, como apoyada en Dios; pues es Dios quien la sostiene y la alimenta.

Vuestra alegría es sólida si os regocijáis en medio de los sufrimientos y de las penas más amargas. 
Pero si hacéis consistir vuestra alegría en gozar de los placeres de los sentidos, ¡ah!, cuán cierto resulta que todo en ella es superficial, pues participa de la misma naturaleza de su objeto, que no es sino un bien frágil
y perecedero.

PUNTO III.

Hay aún otra diferencia muy notable entre la alegría de la gente del mundo y la de los servidores de Dios:
La alegría de los primeros es totalmente exterior; la de los últimos es interior, porque reside en el corazón.
De ahí que en los mundanos, la menor pena perturbe su alegría y los sumerja en el abatimiento; mientras que la alegría de los servidores de Dios, al residir dentro de ellos mismos, no puede ser menoscabada por nada exterior; pues nada de lo externo puede penetrar hasta el fondo del corazón, que no tiene comunicación con el exterior, sino en cuanto se deja influenciar por los sentidos. 
Y como la alegría de los justos está originada por el amor de Dios, que se asienta en el fondo de su corazón, y como el objeto de este amor es un bien inalterable, inmutable y eterno, se sigue que, mientras la caridad mantenga sus almas unidas a Dios, no podrán verse turbados en la posesión de tan delicioso contentamiento.
¿Procede vuestra alegría del interior? ¿No os dejáis llevar alguna vez de cierta alegría vana y del todo exterior?

ORACIÓN:

Dios Todopoderoso, que muestras a los que están en error la luz de tu verdad, con el propósito de que regresen al camino de la rectitud, concede a todos los que son admitidos en la comunión de la Religión de Cristo, que puedan evitar aquellas cosas que son contrarias a su Profesión y seguir todas las cosas que son agradables a la misma.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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