CATENA AUREA: FIESTA DE SAN PASCUAL BAYLON, CONFESOR.


CATENA AUREA: 
17 DE MAYO.
FIESTA DE SAN PASCUAL BAYLON, CONFESOR.

"Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará". (Mateo, XVI, 25).

EPISTOLA:

"Bienaventurado el rico que es hallado sin culpa, y que no anda tras el oro, ni pone su esperanza en el dinero ni en los tesoros. 
¿Quién es éste, y le elogiaremos? porque ha hecho cosas admirables en su vida. 
Él fue probado por medio del oro, y hallado perfecto; por lo que reportará Gloria Eterna. 
Él podía pecar y no pecó, hacer mal y no lo hizo. Por eso sus bienes están asegurados en el Señor; y celebrará sus limosnas toda la congregación de los Santos". Eclesiástico XXXI, 8-11.

EVANGELIO.

"En aquel tiempo: 
Dijo Jesús a sus Discípulos: 
“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas. 
Y sed semejantes a hombres que aguardan a su amo a su regreso de las bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, le abran en seguida. 
¡Felices esos servidores, que el amo, cuando llegue, hallará velando! 
En verdad, os lo digo, el se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles. 
Y si llega a la segunda vela, o a la tercera, y así los hallare, ¡felices de ellos! 
Sabedlo bien; porque si el dueño de casa supiese a qué hora el ladrón ha de venir, no dejaría horadar su casa. Vosotros también estad prontos, porque a la hora que no pensáis es cuando vendrá el Hijo del Hombre”. Lucas XII, 35-40.

CATENA AUREA:
Explicación de los Santos Padres.

Teofilato.

Después que el Señor estableció a su Discípulo en la moderación despojándolo de todo cuidado de la vida y del orgullo, lo induce ahora a servir diciendo: 
"Tened ceñidos vuestros lomos" -es decir estad siempre dispuestos a imitar a vuestro Dios-. 
"Y antorchas encendidas", esto es, no viváis entre tinieblas, sino que la luz de la razón os alumbre siempre dándoos a conocer lo que habéis de evitar. 
Este mundo es una noche, pero tienen ceñidos sus lomos los que llevan una vida práctica o activa. 
Porque tal es costumbre de los que trabajan, a quienes convienen antorchas ardientes, esto es el don de la discreción, para que puedan conocer en la práctica, no sólo lo que conviene hacer, sino cómo debe hacerse. 
De otra manera, los hombres caen en el precipicio de la soberbia. 
Y debe observarse que primero manda ceñir los lomos y después encender las antorchas, porque primero es la acción y después la reflexión, que es la luz del espíritu. 
Por tanto, estudiemos el modo de ejercer nuestras facultades y entonces tendremos dos antorchas ardientes, a saber:
La inhabitación del Espíritu -que nos ilumina brillando en nuestra mente- y la Doctrina con la que ilustramos a los demás.

San Gregorio, in Evang hom, 13.

Viene cuando nos llama a juicio, pero llama cuando da a conocer por la fuerza de la enfermedad que la muerte está próxima. 
Y le abrimos inmediatamente si lo recibimos con amor. 
No quiere abrir al juez que llama el que teme la muerte del cuerpo y se horroriza de ver a aquel juez a quien se acuerda que despreció. 
Pero aquel que está seguro por su esperanza y buenas obras, abre inmediatamente al que llama porque cuando conoce que se aproxima el tiempo de la muerte, se alegra por la gloria del premio. 
Por esto añade: 
"Bienaventurados aquellos siervos, que hallare velando el Señor, cuando viniere".
Vigila aquel que tiene los ojos de su inteligencia abiertos al aspecto de la luz verdadera, el que obra conforme a lo que cree y el que rechaza de sí las tinieblas de la pereza y de la negligencia.

San Cirilo, ut sup.

El Señor conoce, pues, la fragilidad humana para caer en el pecado. 
Pero como es bueno, no nos deja desesperar, sino que más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable. 
Por tanto añade:
"Y si viniese en la segunda vela", etc. Los que velan en las murallas de las Ciudades dividen, pues, en tres o cuatro vigilias la noche para que observen las acometidas de los enemigos.

ORACIÓN:

Oh Dios, que adornaste a San Pascual, tu Confesor, con un amor maravilloso por los Sagrados Misterios de tu Cuerpo y Sangre, concédenos benignamente que también nosotros podamos obtener del Banquete Divino la misma abundancia de Gracias.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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