CATENA AUREA: FIESTA DEL HALLAZGO DE LA SANTA CRUZ.
CATENA AUREA:
3 DE MAYO.
FIESTA DE LA INVENCIÓN O HALLAZGO DE LA SANTA CRUZ
14 de septiembre de 326, gracias a Santa Elena.
"Quien no carga con su cruz
y me sigue no es digno de mí".
(Mateo 10, 38).
EPÍSTOLA:
"Hermanos:
Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; el cual, siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres.
Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz.
Por eso Dios le sobreensalzó y le dio el Nombre que es sobre todo nombre, para que toda rodilla en el Cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el Nombre de Jesús, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para Gloria de Dios Padre".
Filipenses II, 5-11.
EVANGELIO:
"En aquel tiempo:
Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, principal entre los judíos. Vino de noche a encontrarle y le dijo:
“Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces, si Dios no está con Él”.
Jesús le respondió:
“En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace de lo alto, no puede ver el reino de Dios”.
Nicodemo le dijo:
“¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo?
¿Puede acaso entrar en el seno de su madre y nacer de nuevo?”
Jesús le respondió:
“En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos. Lo nacido de la carne, es carne; y lo nacido del espíritu, es espíritu.
No te admires de que te haya dicho: “Os es necesario nacer de lo alto”.
El viento sopla donde quiere; tú oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va.
Así acontece con todo aquel que ha nacido del espíritu”.
A lo cual Nicodemo le dijo:
“¿Cómo puede hacerse esto?”
Jesús le respondió:
"¿Tú eres el Doctor de Israel, y no entiendes esto?
En verdad, en verdad, te digo:
Nosotros hablamos lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos visto, y vosotros no recibís nuestro testimonio.
Si cuando os digo las cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las cosas del cielo?
Nadie ha subido al Cielo, sino Aquel que descendió del Cielo, el Hijo del Hombre.
Y como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado.
Para que todo el que cree tenga en Él Vida Eterna”.
Juan III, 1-15.
CATENA AUREA:
Explicación de los Santos Padres.
San Agustín, ut supra.
Por qué había creído éste, se conoce en virtud de lo que añade: "Porque ninguno puede hacer estos milagros que tú haces, si Dios no estuviese con él". Por esto Nicodemo era de aquellos muchos que creyeron en su nombre viendo los milagros que hacía.
Crisóstomo, ut supra.
Y sin embargo, a pesar de sus milagros, no había formado gran concepto del Salvador, sino que teniéndole como un ser meramente humano, habla de El como de un profeta que había sido enviado para hacer aquellos milagros, pero que necesitaba de ayuda ajena para hacerlos, siendo así que el Padre le había engendrado perfecto y suficiente en sí mismo, no teniendo nada imperfecto. Y como Jesucristo tenía gran cuidado de no revelar su dignidad y de convencer que nada hacía que fuese contrario al Padre, por esto en sus palabras se expresaba casi siempre en sentido humilde. Pero cuando hacía algún milagro lo hacía con todo su poder. Y así, respecto de Nicodemo, nada dice de sí mismo que pueda contribuir a su enaltecimiento. Pero de una manera oculta Jesucristo rectifica el concepto humilde que de El se había formado, dándole a entender que hace aquellos milagros con autoridad propia. Por esto añade: "Jesús le respondió y le dijo: en verdad, en verdad te digo, que no puede ver el reino de Dios sino aquél que renaciere de nuevo".
Alcuino.
Luego no sabes de dónde viene ni adónde va; porque aunque en presencia tuya el Espíritu descendiese sobre alguien en cierta hora, no podrías ver cómo entra ni cómo sale, porque es invisible por naturaleza.
Teofilacto.
Confúndase, por lo tanto, Macedonio, impugnador del Espíritu Santo, que afirma que el Espíritu Santo es siervo; mas el Espíritu Santo, como obra con poder propio, obra donde quiere y como quiere.
Crisóstomo, In Ioannem hom., 25 y 26.
Sus palabras no son propias de quien está turbado, sino de quien manifiesta su mansedumbre. Y en esto nos da a entender que cuando hablemos con otros y no logremos convencerlos, no nos entristezcamos ni nos incomodemos, sino que procuremos hacer creíbles nuestras palabras, no sólo no incomodándonos, sino también bajando la voz. Se grita cuando hay motivo de ira; mas Jesús, aunque debía explicar los misterios más elevados, se detiene muchas veces, por no ser adecuada a ellos la debilidad de los que oyen. Y lejos de adoptar aquel tono y profundidad que corresponden a tan elevados misterios, prefiere la sencillez de la condescendencia. Por esto añade: "Si os he dicho cosas terrenas y no las creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?"
San Agustín, ut supra.
Aun cuando el Hijo del hombre ha sido engendrado en la tierra, sin embargo no consideró a su divinidad, que vive en el cielo y bajó a la tierra, como indigna del nombre de Hijo del hombre. Porque por la unidad de la persona, que por una y otra sustancia es Cristo y el Hijo de Dios, anda en la tierra, siendo el mismo Hijo del hombre el que estaba en el cielo. Por lo tanto la fe de las cosas creíbles la obtenéis cuando creéis en las cosas increíbles. Pero si la divina esencia, que es muy superior, pudo, sin embargo, tomar esta esencia humana por nosotros, para poder hacerse una sola persona, ¿no ha de ser también creíble que los demás santos se hacen con el Hombre Cristo un solo Cristo? Y si todos suben por medio de su gracia, ¿no es uno mismo el que sube al cielo y el que bajó del cielo?
Teofilacto.
Véase aquí la figura y la realidad. En el primer caso se lee la semejanza de la serpiente con todas sus cualidades de animal, mas privándola del veneno; en el segundo caso Jesucristo, a pesar de estar libre del pecado, asumió la semejanza de la carne del pecado. Y al oír que era exaltado debe entenderse que quiere decir suspendido en lo alto y para que santificase el aire quien había santificado la tierra andando sobre ella. Entiéndase también por exaltación la gloria; porque aquella elevación en la cruz se convirtió en gloria de Jesucristo. Y en lo mismo que quiso juzgar, juzgó al príncipe de este mundo. Adán murió justamente porque pecó; mas el Señor, que había sufrido la muerte injustamente, venció a aquél que le había entregado a la muerte. Y fue vencido porque no pudo obligar al Señor, estando en la cruz, a que aborreciese a los que le crucificaban, sino que más les amaba y rogaba por ellos. De este modo la cruz de Jesucristo se convirtió en su exaltación y en su gloria.
San Hilario, De Trin. l. 6.
Mas si la fe del amor había de medirse por entregar una creatura en bien de otra creatura, no sería de gran mérito el enviarle una creatura de naturaleza inferior. Las cosas de gran valor son las que dan a conocer la grandeza de amor y las cosas grandes se estiman por las cosas grandes. El Señor, amando al mundo, dio a su Unigénito y no a un hijo adoptivo. Era su Hijo propio por generación y verdad. No hay creación, no hay adopción ni falsedad. Aquí hay fe de predilección y de amor en favor de la salvación del mundo, dando a un Hijo que era suyo y que además era Unigénito.
ORACION:
Dios, que en el Glorioso Hallazgo de la Cruz, portadora de la Salvación hiciste brotar los milagros: concédenos que, con el precio derramada sobre el leño de la vida, alcancemos los sufragios para la Eternidad:
Tú que eres Dios, y vives y reinas con Dios Padre en Unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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