MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

VIERNES DE LA III SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

III ‑ La Gloria Eterna.

"Yo los veré de nuevo, y su corazón se alegrará, y nadie podrá quitarles su gozo".

Observa que el Señor nos ve de tres maneras. 
Primera: infundiéndonos la Gracia. 
El dijo a Natanael:

"Cuando estabas bajo la higuera, yo te vi". (Jn .1, 48). 

Los desterrados del Paraíso terrenal recibieron un vestido de hojas de higuera, que provocan el prurito de la carne. 

Está bajo la higuera aquel, que busca para si una morada a la "sombra" de una conducta desganada y se deja atrapar por el prurito de la libido de la carne. 
Dios lo ve, cuando le confiere la Gracia. 
Segunda:
Lo ve, cuando le conserva la Gracia que le dio. 
Se lee en el Génesis:

"El Señor vio todas las cosas que había hecho; y eran muy buenas".
(1, 3 1). 

Todas las cosas que obra el Señor en nosotros, cuando nos infunde la gracia, son buenas; pero, cuando ve, o sea, conserva en nosotros lo que obró, entonces son muy buenas, o sea, perfectas. 
Tercera:
Nos verá, cuando nos tome consigo. Por eso dice:

"Los veré de nuevo, y gozará su corazón".

El corazón es la fuente del calor y el principio de la sangre, y es también el principio de los movimientos de las cosas agradables y de las perjudiciales; y en general, los movimientos de cada uno de los sentidos nacen de él y a él vuelven. 
Y la energía del espíritu permanece en el corazón hasta el último instante; y la consunción de todos los miembros sucede antes que la del corazón, el cual es el primero en pulsar y el último en detenerse (Aristóteles) Como el corazón es el órgano más noble que los demás, dice de él el Señor:

"Y su corazón gozará". 

Como la vida procede del corazón, así también del corazón proviene el gozo.

"Y nadie podrá quitarles su gozo". 

Con esto concuerda la última parte del Apocalipsis:

"El Ángel me mostró un río de agua viva, espléndido como el cristal, que procedía del Trono de Dios y del Cordero, en medio de la plaza de la Ciudad". (22, 1‑2). 

En el río está indicada la Eternidad, en el agua viva la saciedad, en el esplendor del cristal la luminosidad, y en el Trono de Dios y del Cordero, que es Dios y Hombre, la humanidad glorificada.
He ahí su gozo, que nadie les podrá quitar!

De la perennidad del río dice el Señor por boca de Isaías:

"Ojalá hubieses prestado atención a mis Mandamientos! 
Tu paz sería como un río".
(48, 18). 

El río tiene el agua perenne. 
Oh hombre, si tú prestas atención a los mandamientos de Dios, gozarás seguro en la Paz de la Eternidad.

Sobre la saciedad del agua viva se lee en el Salmo:

"En ti está la fuente de la vida".
(35, 10). 

Es una fuente perenne, una fuente que sacia a todos, ya que:

"El que beba de ella, no tendrá sed jamás". (Jn 4, 13).

Sobre el esplendor dice siempre el Apocalipsis:

"La Ciudad no necesita ni de sol ni de luna, porque la ilumina la Luz de Dios, y su lámpara es el Cordero". (21, 23).

O sea, el Hijo de Dios. 
De su Trono, o sea, de su humanidad, en la cual se humilló la Divinidad, proceden la luz de la perennidad, el agua viva de la eterna saciedad, el cristalino esplendor del divino fulgor, y se expanden al centro, o sea, a la comunidad, de la plaza de la Ciudad, de la Jerusalén Celestial, porque:

"Dios será todo en todos".
(1Cor 15, 28). 

Todos recibirán denario, todos compartirán la única recompensa y todos darán gracias al Verbo encarnado, porque, por medio de El, llegaron a ser eternos, satisfechos, esplendorosos y bienaventurados.

También nosotros te rogamos, Señor Jesús, que en el septenario de esta corta existencia nos concedas la gracia de concebir el espíritu de Salvación y de dar a luz al heredero de la Vida Eterna, a través de la tristeza del corazón; y así mereceremos beber del río de agua viva en la Jerusalén Celestial y gozar para siempre contigo.

Dígnate concedérnoslo Tú, que eres el Dios Bendito, Glorioso, digno de alabanza y de Amor, dulce e Inmortal por los siglos Eternos.

Y toda criatura responda:
Amén! Aleluya!.

ORACIÓN:

Dios Todopoderoso, que muestras a los que están en error la luz de tu verdad, con el propósito de que regresen al camino de la rectitud, concede a todos los que son admitidos en la comunión de la Religión de Cristo, que puedan evitar aquellas cosas que son contrarias a su Profesión y seguir todas las cosas que son agradables a la misma.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.


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