MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.


MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

MARTES DE LA IV SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

I El retorno de Jesucristo al Padre.

"Yo voy al Padre que me envió". 

Poco antes, el Señor había dicho:

"Ustedes ya saben adónde voy y conocen también el camino". 

Pero Tomás lo interrumpió:

"Señor, no sabemos adónde vas".

Poco después, el Señor ańadió:

"Voy al Padre que me envió. 
Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre". (Jn 14, 4‑5; 16, 28). 

Este es el círculo, del que habla el Padre en Isaías, amenazando al diablo:

"Yo pondré un anillo en tu nariz y un freno en tus labios, y te haré volver por el camino por el que viniste". (37,29).

El círculo, llamado así porque corre alrededor, es figura de Jesucristo, que, como el círculo, regresó allí de donde había partido. 
En efecto, había salido del Padre, incursionó hasta los infiernos y volvió al Trono de Dios.

Un anillo fue puesto en las narices del diablo, porque la Sabiduría de Dios se encarnó, para enseñarnos la verdadera Sabiduría, y así, a través de la Sabiduría por El enseñada, reducir a la nada las acechanzas del diablo, simbolizadas en sus narices. 
Las narices, llamadas en latín nares porque sale de ellas el aire (en latín, aer), o sea, el aliento, simbolizan la astucia de las acechanzas diabólicas. 

En efecto, el diablo, a través de conjeturas externas y del temperamento de los hombres, intuye y husmea, como por el olfato de las narices, a cuáles vicios es uno más propenso, y allí coloca sus trampas. Pero cada hombre, iluminado por la sabiduría de Dios, si quiere, puede evitar esas trampas.

"Y pondré un freno en tus labios". 

El freno es la Cruz de Jesucristo. 
El diablo, frenado como un caballo por la Cruz, ya no nos puede devorar, como lo hacía antes. 
Concuerda con esto lo que se lee en Job:

"Quién se atreverá a poner una argolla en las narices de Behemot y a perforar sus quijadas con un gancho?"(40,24).

El gancho ‑en latín, armilla, pequeña arma‑ es la Cruz de Jesucristo, de la que dice Isaías:

"El Poder se estableció sobre sus hombros".(9, 6). 

Con semejante gancho, el Hijo de Dios perforé las quijadas del diablo, y liberó de sus fauces al género humano. Después, añade:

"Te haré volver por el camino por donde viniste".

El diablo perdió la posesión del mundo por el mismo camino, por el cual lo había usurpado. 
Había engañado al hombre y a la mujer con el árbol prohibido y con la serpiente. 
Por un hombre también, o sea, por Jesucristo, y una mujer, o sea, la Bienaventurada Virgen, por medio del árbol de la Cruz y la serpiente, o sea, la muerte de Jesucristo, simbolizada por la serpiente que Moisés enarboló en el desierto en un asta de madera, el diablo perdió el dominio sobre el género humano. 
Cumplida la obra de Nuestra Salvación, Cristo dice:

"Voy al Padre que me envió".

Con todo lo anterior concuerda lo que se lee en Tobías, cuando Rafael, después de haber encadenado al demonio y restituido la vista a Tobías, dijo:

"Ya llegó el tiempo de regresar a aquel que me envió".(12, 20). 

Rafael se interpreta: "medicina de Dios". 
El es figura de Jesucristo, quien, con su carne clavada en el madero de la Cruz, sacó de la serpiente un antídoto para nosotros; y asi encadenó al diablo y restituyó la vista al género humano. 
Y después dijo:

"Ya llegó el tiempo de regresar a aquel que me envió", o sea, "voy al Padre que me envió".

El Padre nos envió al Hijo, regalo óptimo y don perfecto, como se expresa en concordancia la Epístola de este Domingo:

"Todo regalo óptimo y todo don perfecto".(Sant 1, 17). 

Es óptimo, porque es sumo; y es perfecto, porque no se le puede añadir nada. 
Cristo es el regalo óptimo, porque nos fue dado por el Padre, del que es sumo y Coeterno Hijo. 
Por esto se dice en el segundo Libro de los Reyes:

"La tercera batalla se realizó en Gob contra los filisteos; y en ella Adeodato, hijo de Salto, tejedor de vestidos variopintos, betlemita, mató a Goliat, el geteo"(2 1, 1 g).

Adeodato ‑literalmente, dado por Dios al pueblo de Israel‑ es David, hijo de Salto, porque apacentaba a las ovejas de su padre en barrancas boscosas. Se dice de él:

"Dios lo sacó del cuidado de las ovejas grávidas". 

Era tejedor de vestidos variopintos, porque su madre era de la familia de Bezaleel, quien fue tejedor de vestidos de varios colores, como dice el Éxodo (38, 23). 
Era betlemita, porque oriundo de Belén.

Sentido alegórico.

"La tercera batalla sucedió en Gob". 

Observa que el diablo acometió tres batallas contra el Señor:
En el cielo, cuando por soberbia quiso usurpar la Majestad de la Divinidad; en el Paraíso terrenal, cuando, para ultraje del Creador, engañó a nuestros Primeros Padres con los halagos de falsas promesas; en el mundo, cuando en el desierto tentó al mismo Dios y Hombre y después lo hizo Clavar en el patíbulo de la Cruz. 
De esta última batalla se dice:

"La tercera batalla sucedió en Gob".

Que se interpreta: "lago", y simboliza al mundo, que es "un lago de miserias y barro de impurezas" (Salm 39, 3). 

El lago es llamado así, porque es "el lugar del agua", que está estancada y no corre. 
Este mundo es el lugar del agua, o sea, de la soberbia, lujuria y avaricia, que no corren, sino que crecen cada día. En este lago David, que se interpreta: "misericordioso", es figura de Jesucristo, cuya Misericordia es inconmensurable, y que sólo por Misericordia nos fue dado por el Padre, y que es el regalo precioso. 

El mató a Goliat, el geteo. 
Goliat se interpreta: "transfigurado"; y geteo: "espantado"; y es figura del diablo, que se transfiguró en ángel de luz (2 Cor 11, 14), porque temía ser sorprendido en su verdadero aspecto. Nuestro David lo mató, cuando le quitó el dominio del mundo y lo encerró en la cárcel del infierno.

"Era hijo de Salto". 

Es llamado "salto", o sea, desfiladero boscoso, porque en él crecen los árboles muy en alto.

"Saltos" fueron los Antiguos Padres, los Patriarcas y los Profetas, que, inspirados por el Espíritu de Dios, como árboles que se lanzan muy en alto, profetizaron la Encarnación del Hijo de Dios. 
De esos mismos Padres el Hijo de Dios asumió su carne, y por esto es llamado: "hijo de Salto".

Se le llama también:
"Tejedor de vestidos variopintos". 

Los vestidos variopintos se hacen con la aguja.
Observa que en la aguja hay dos extremidades:
Aguda y horadada. 
En la extremidad aguda se indica la Divinidad, y en la perforada, la humanidad. 
De esta aguja dice el mismo Señor en el Evangelio:

"El camello no puede pasar por el ojo de la aguja" (Mt 19, 24). 

El camello con la joroba, o sea, el rico podrido en dinero, no puede pasar por el ojo de la aguja, o sea, por la pobreza de Jesucristo.
O también:
En la parte embotada pueden ser simbolizadas la mansedumbre y la misericordia, que Cristo mostró en su primera venida; y en la aguda, la punzada de la justicia, con la que perforará en el juicio final.

Con esta aguja, nuestro tejedor de vestidos variopintos confecciona para el alma fiel una túnica variopinta que se distingue por el diverso color de las virtudes. 
Dice Salomón:

"La mujer virtuosa se confecciona un vestido de diversos colores; sus vestidos son de lino y de púrpura". 
(Prov 31, 22). 

El lino de la castidad y la púrpura de la pasión del Señor son los vestidos del alma fiel.

Se dice también: "betlemita". 
Belén se interpreta: "casa del pan". 
Cristo, en su casa que es la Iglesia, nos alimenta con el Pan de su cuerpo:

"El pan que les daré, es mi carne para la Vida del mundo".
(Jn 6, 52).

Otro comentario. 
Jesucristo nos fue dado por Dios en la Natividad. 
Dice Isaías:

"Nos nació un niño, nos fue dado un hijo". (9, 6). 

Fue Hijo de Salto en la predicación y en la Pasion:
En la predicación, porque escogió a los Apóstoles como árboles que se lanzan hacia lo alto; y por eso dijo:

"Yo los escogí para que vayan y lleven fruto". (Jn 15, 16).

Y en la Pasion, porque fue coronado con las espinas de nuestros pecados.

Fue: "tejedor de vestidos variopintos" en la Resurrección, en la que con la aguja de su Potencia y de su Sabiduría recompuso la túnica variopinta, o sea, la carne Gloriosa, asumida de la Virgen María, desplegada por nosotros en el madero de la Cruz, traspasada por los clavos y perforada por la lanza, y la restituyó a la inmortalidad.

Será para nosotros: "betlemita" en la Bienaventuranza Eterna, en la que nos saciaremos, cuando:

"Lo veremos cara a cara". 
(1Cor 13, 12). 

Bien decimos, pues, que es un regalo óptimo. 
El Padre de las luces, como espléndido y Misericordioso limosnero, no nos dio un regalo bueno o mejor, sino óptimo.

"Y todo don perfecto". 

Dice el Apóstol:

"Con Cristo nos lo dio todo".
(Rom 8, 32).

Y de nuevo:

"Lo dio como cabeza de la Iglesia". (Ef 1, 22). 

Comenta la Glosa:

"Un don más grande no pudo dar!".

Con toda razón Cristo es llamado:

"Todo óptimo regalo", porque, cuando el Padre nos lo dio, por medio de El llevó a cabo todas las cosas". 

En efecto:

"El Hijo del hombre vino a salvar lo que había perecido". 
(Mt 18, 11). 

Por eso hoy, en el Introito de la Misa, canta la Iglesia:

"Canten al Señor un cántico nuevo!", como si dijera: "Oh fieles, que fueron salvados y renovados por medio del Hijo del hombre, canten un cántico nuevo. 
Deben arrojar las cosas viejas, porque llegan las nuevas, Canten, repito, porque Dios Padre cumplió maravillas, cuando nos envió todo óptimo regalo, o sea, a su Hijo.

"En presencia de las gentes manifestó su justicia".
(Salm 97, 2).

Cuando nos dio todo óptimo regalo, o sea, a su mismo Hijo Unigénito, quien justifica a las gentes y lleva todas las cosas a la perfección.

Con razón se dice:

"Todo don perfecto"

Dios todo lo hizo en seis días:

"Dijo y fue hecho".(Salm 148, Salm). 

En el sexto período:

"El Verbo se hizo carne". 
(Jn 1, 14). 

El sexto día y a la hora sexta padeció por nosotros, y asi lo cumplió todo. Por eso dijo en la Cruz:

"Todo está cumplido!".
(Jn 19, 30).

Cuanta es la distancia entre el decir y el hacer, tanta fue entre el crear y el recrear. 
Ágil y fácil fue la creación, que se realizó con una sola palabra, más aún, con la sola Voluntad de Dios, cuyo decir es querer; pero la recreación fue muy difícil, porque aconteció con la Pasion y Muerte.

Adán fue creado con facilidad y con grandísima facilidad cayó.
Ay de nosotros! Qué desgraciados somos! 
Fuimos recreados y redimidos con una Pasion tan grande y tan grandes sufrimientos y dolores; y después con tanta facilidad caemos en gravísimos pecados y volvemos vana tanta fatiga del Señor!

El mismo Jesús se queja por boca de Isaías:

"En vano trabajé, sin motivo y sin provecho consumí mis fuerzas".
(49, 4). 

En la creación el Señor no fatigó, porque:

"hizo todas las cosas que quiso".
(Salm 134, 6)

Pero en la re‑creación tanto fatigó que: 

"Su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a tierra".(Lc 22, 44). 

Si tantos sufrimientos padeció en la oración (de la agonía), cuántos piensas tú que haya experimentado en la crucifixión? 

El Señor fatigó y con la fatiga nos arrancó de las manos del diablo. 
En cambio, nosotros, pecando mortalmente, caemos en manos del diablo; y así, en cuanto dependa de nosotros, volvemos vana la fatiga del Señor.

Por eso dice:

"Trabajé en vano, para nada, sin provecho alguno". 

En efecto, no veo ninguna ventaja de mi Pasión, porque:

"No hay quien haga el bien, ni uno solo!". (Salm 13, 1).

"El homicidio, el adulterio, el perjurio, el robo, la maldición y el engaño inundaron, y se derrama sangre sobre sangre".(Os 4, 2).

"Los sacerdotes se preguntan:
Dónde está el Señor?".

Y a pesar de ser los custodios de la Ley, me desconocieron; y los pastores ‑o sea, los prelados se rebelaron contra Mí; y los Profetas ‑o sea, los predicadores‑ profetizaron en el nombre de Baal", o sea, en un lugar alto. 
Ellos predican, para hacerse ver superiores a los demás.

Con razón se queja el Señor:

"Trabajé en vano, para nada, y en vano consumí mis fuerzas". 

La fortaleza de la Divinidad casi se consumió en la debilidad de la humanidad.
No te parece que gastó su fortaleza, cuando El, Dios y Hombre, fue atado a la columna como un ladrón, fue golpeado con los flagelos, fue abofeteado, fue cubierto con escupitajos, le fue arrancada la barba, su rostro que hace temblar a los Ángeles, fue aporreado; y finalmente fue crucificado entre dos ladrones?

Ay de los miserables, de los ruines y de los necios, que, a pesar de tantos martirios, no se sienten apremiados a huir de las vanidades mundanas! Inútilmente Cristo consumió sus fuerzas, porque se volvieron vanos aquellos, por los que las gastó. 
Por eso es necesario tener un gran temor para que, como al principio dijo: 

"Me arrepiento de haber formado al hombre".

No diga también ahora:

"Me arrepiento de haber Redimido al hombre, porque gasté todas mis fuerzas; pero su maldad no fue destruida!".

Dice Jeremías:

"Falló el fuelle, el plomo se consumió por el fuego; en vano fundió el fundidor; su maldad no fue consumida. 
Llámenlo plata desechada, porque el Señor los deseché". 
(6, 29‑30). 

En esta cita son dignos de notar cinco elementos:

El fundidor, el fuelle, el fuego, el plomo y la plata. 
En el fundidor está indicada la Divinidad; en el fuelle, la predicación; en el fuego, la Pasion; en el plomo, la Humanidad de Jesucristo y en la plata, nuestras almas.

En el horno de fuego, la plata se libera del plomo y se refina. 
Para liberar la plata de la escoria, que simboliza la maldad de nuestras almas, se juntaron Dios y el Hombre y su predicación. 
Pero inútilmente el fundidor hizo la fundición y en vano gastó sus fuerzas. 
Falló el fuelle y el plomo se consumió por el fuego de la Pasion; así fatigó en vano y para nada, porque nuestras maldades no fueron destruidas, Por eso, la plata desechada será arrojada en el estercolero de la gehena, porque las almas de los pecadores serán arrojadas en el estanque del fuego ardiente.

Dice Oseas:

"La ortiga heredará su amada plata y los lampazos crecerán en sus tiendas". (9, 6). 

La ortiga, que quema (en latín, urtica, urit), simboliza el fuego del infierno; y el lampazo, que se adhiere, simboliza el encarnizamiento de las penas, con que serán atormentadas las almas de los impíos, porque no quisieron recibir el Don perfecto de Dios, del cual se dice:

"Todo regalo óptimo y todo Don perfecto vienen de lo alto y descienden del Padre de las luces".(Sant 1, 17).

Como los rayos descienden del sol.

Como el rayo del sol, descendiendo, ilumina al mundo, pero nunca se aleja del sol, así el Hijo de Dios, descendiendo del Padre, ilumina al mundo; y, sin embargo, nunca se aleja del Padre, porque es una sola cosa con el Padre. 
El mismo lo dijo:

"Yo y el Padre somos una sola cosa". (Jn 10, 30).

Dice Juan Damasceno:

"El Verbo se encarnó sin salir de su inmaterialidad; y así fue totalmente encarnado y totalmente incircunscrito (sin límites), En lo corporal se achicó y disminuyó; pero en lo Divino permaneció sin límites, pero no porque se haya extendido la carne, ya que se mantuvo circunscrita (limitada) por la Divinidad. 
Estaba en todas las cosas y por encima de todas las cosas; y, sin embargo, estaba en el seno de la Santa Madre". 

Y Agustín:

"Cuando se lee:
El Verbo se hizo carne, en el Verbo reconozco al Verdadero Hijo de Dios, y en la carne al Verdadero Hijo del Hombre, uno y otro juntos en una sola persona, Dios y Hombre, unidos por la inefable grandeza de la Gracia Divina".

Con razón se dice:

"Descendió del Padre de las luces, en el cual no hay variación ni sombra de cambio". 
(Sant 1, 17). 

En Dios no hay cambios, como si ora otorgara el bien y ora el mal, u otorgara el bien con alguna mezcla de mal. 

La Glosa comenta:

"En su naturaleza no hay cambio alguno, sino sólo identidad; y esto no sólo en su naturaleza, sino también en la distribución de los dones, porque sólo infunde dones de luz y no tinieblas de errores".

Añade Santiago:

"El, de su Voluntad, nos hizo nacer a nosotros, que antes éramos hijos de las tinieblas, con el agua de regeneración, en hijos de la luz, a través de la Palabra de la Verdad, o sea, la doctrina del Evangelio, ,con el fin de que fuésemos el comienzo de su creación". 

Ahora comienza la reforma del espíritu; pero la reforma completa se realizará en el futuro o, según otra versión,
"para que fuésemos la primicia de sus criaturas", o sea, teniendo el primado sobre todo lo creado (Sant 1, 18).

Habría también otra interpretación:

"Dios nos engendró con una Palabra de Verdad, para que comencemos a gemir con la contrición y a dar a luz con la Confesión, porque, según el Apóstol:

"Toda criatura gime y sufre dolores de parto hasta hoy". (Rom 8, 22).

Para que después gocemos con el Hijo de Dios, que dice:

"Voy al Padre que me envió".

Cristo hizo como la tórtola, que durante el periodo invernal desciende a los valles y sin pluma se refugia en los troncos huecos de los árboles; en cambio, en el período estivo regresa a los montes. 
Así Cristo, en el invierno de la infidelidad y en el hielo de la persecución del demonio, descendió en el seno de la humildísima Virgen y habitó en este mundo pobre y abyecto, como un ave sin pluma.

De esta tórtola dice Salomón en el Cantar de los Cantares:

"La voz de la tórtola ya se oyó en nuestra tierra". (2, 12). 

La voz de la tórtola se asemeja al gemido y al llanto. 
Cristo descendió entre nosotros para gemir y llorar ‑jamás se lee que haya reído‑, para enseñarnos también a nosotros a gemir y a llorar.

"En nuestra tierra se oyó la voz de la tórtola:
Hagan penitencia".

Cuando se acercó el verano y comenzó a inflamarse la crueldad de la persecución judía y estalló el fuego de la Pasion, entonces Cristo volvió al monte, o sea, al Padre. 
En efecto dijo:

"Voy al Padre que me envió; y ninguno de ustedes me pregunta:
A dónde vas?". 

Preguntemos a Cristo por cuál camino regresó al Padre. 
Y contestará:

"Por el camino de la Cruz!".

El mismo lo anunció:

"No era necesario que Cristo padeciera y así entrara en su Gloria?" (Lc 24, 26).

Cristo tuvo una doble herencia:

Una de parte de la Madre, o sea, trabajos y dolores; y otra, de parte del Padre, o sea, gozo y reposo. 
Entonces, dado que somos coherederos, también nosotros debemos procurar esa doble herencia. Por eso, nos equivocamos si queremos obtener la segunda herencia sin la primera, porque el Señor plantó la segunda sobre la primera, para que no buscáramos la una sin la otra.

Injertó el árbol de la vida en el árbol de la ciencia del bien y del mal, cuando:

"El verbo se hizo carne". 

Entonces:

"Será como árbol plantado junto a la corriente de agua".
(Salm 1, 3). 

E Isaías:

"Fundó la tierra y plantó los cielos". (51, 16).

En la tierra de la humanidad, fundada sobre las siete columnas de los siete Dones de la Gracia, plantó los Cielos de la Divinidad. 
Procuremos, pues, entrar en posesión de la primera heredad que nos dejó Jesucristo, y así mereceremos llegar a la segunda.

 ORACIÓN:

Oh Dios, de quien procede que las mentes de tu pueblo fiel sean todas de una sola voluntad, concede a tu pueblo que ame lo que mandas y desee lo que prometes, para que así, en medio de los diversos y múltiples cambios del mundo, nuestros corazones permanezcan firmes allí, donde se encuentran las verdaderas alegrías.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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