MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.

MEDITACION DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO PASCUAL.



MARTES DE LA V SEMANA DESPUES DE PASCUAS.

Petición del gozo pleno.

"En verdad, en verdad les digo: 
Si piden algo al Padre en mi nombre, se lo dará. 
Hasta ahora no pidieron nada en mi Nombre. 
Pidan y recibirán, para que su gozo sea cumplido".
(Jn 16, 23‑24).

"En verdad", se dice en hebreo amén; y es una afirmación solemne, un juramento. 
La Verdad (Jesucristo) nos promete el gozo repitiendo dos veces la palabra del juramento, para que creamos sin duda alguna en lo que dice.

"Si piden algo al Padre en mi Nombre". Presta atención a estas tres palabras: Padre, alguna cosa, en mi Nombre.

No puede llamarse Padre sino aquel que tiene un hijo, porque padre e hijo son nombres correlativos. 
Cuando dices "padre", piensas en el "hijo", del cual es padre. 
Dios es el Padre, del que nosotros somos hijos y al cual cada día decimos:

"Padre Nuestro que estás en el Cielo". También Isaías dice:
"Tú, Señor, eres Nuestro Padre, Nuestro Redentor:
Desde siempre éste es tu Nombre".

Y Dios mismo nos dice con las palabras de Jeremías:

"Ahora llámame así:
Oh Padre mío, tú eres el guía de mi virginidad".(3, 4). 

La virginidad del alma es la Fe, que obra por medio del amor y preserva al alma de la corrupción:
Es Dios Padre quien, como un capitán, guía al alma a la Fe.

Nosotros, los hijos, debemos pedir a Nuestros Padre alguna cosa. 
Todo lo que existe es nada, a excepción de amar a Dios. 
Amar a Dios es algo y es esto algo que debemos pedir, o sea, que nosotros, los hijos, amemos a Nuestro Padre, como el hijo de la cigüeña ama a su padre.

Se cuenta que el hijo de la cigüeña tanto ama al padre, que, cuando envejece, lo sustenta y lo alimenta; y eso hace parte de sus características (instinto) (Aristóteles). 

Así en este mundo que ya envejece, nosotros debemos sustentar a nuestro padre en sus miembros débiles y enfermos, o sea, alimentarlo en los pobres y en los necesitados.

"Lo que ustedes hacen a uno de los míos, aunque fuere el más pequeño, a Mí me lo hacen".
(Mt 25, 40).

Si pedimos amor, el mismo Padre, que es amor, nos dará lo que El es: el amor.

Dice Dios mismo en el Éxodo:

"Te daré una tierra, que mana leche y miel".(13, 5). 

Presta atención a estas cuatro palabras:

La tierra, mana, leche y miel. 
La tierra, por su estabilidad, simboliza el Amor de Dios, que da a la mente del hombre la seguridad de estar en la verdad. 
Dice Salomón en el Eclesiastés:

"Una generación pasa, otra viene; pero la tierra permanece eternamente'. (1, 4).

La generación, o sea, el amor de la carne, pasa; y la generación, o sea, el amor del mundo, viene; pero la tierra, o sea, el amor de Dios, permanece para siempre, porque, como dice el Apóstol:

"La caridad jamás tendrá fin".
(1Cor 13,8).

De esta tierra se dice que "mana", a motivo de su abundancia. 
Se dice en el Salmo:

"La vehemencia del río".

O sea, la abundancia del Amor de Dios, "alegra la ciudad de Dios", o sea, el alma, en la que vive el mismo Dios 
(45, Salm).

Esta tierra abunda de leche y de miel. 
La leche alimenta, la miel endulza; así el amor de Dios alimenta el alma, para que crezca de virtud en virtud, y endulza el tormento de todas las tribulaciones:

"Para el que ama, nada es difícil". (Cicerón).

Cuando la dulzura del Amor Divino llega a faltar, la amargura de la tribulación aun la más pequeña, se vuelve intolerable. 

Pero: 

"El madero endulzó las aguas de Mara".(Ex 15, 23).
"La harina del Profeta Eliseo transformó en comestibles las amargas calabazas silvestres"
(4 R 4, 38‑41). 

Así el amor de Dios transforma toda amargura en dulzura. Dice el Eclesiástico:

"Mi espíritu es dulce, y mi herencia supera en dulzura la miel y el panal". (24, 27).

El Espíritu del Señor es el Espíritu de pobreza, del que dice Isaías:

"El Espíritu de los fuertes es como un torbellino que se abate contra la pared".(25, 4). 

Los fuertes son los pobres, que no vacilan ni en la prosperidad ni en las adversidades. 
Su espíritu, como el torbellino, abate la pared de las riquezas, de la que se lee en el mismo Profeta:

"El escudo desnudó la pared". (22, 6).

Escudo se dice en latín clypeus, porque clepit, o sea, esconde y protege el cuerpo; y simboliza el espíritu de pobreza, que esconde y repara al alma de los dardos de los demonios. 
Este escudo desnuda la pared de las riquezas.

La herencia del Señor fue la Pasion de la Cruz, que dejó a sus hijos. 
Por esto dijo:

"Hagan esto en memoria mía".
(Lc 22, 19).

O sea, en memoria de mi Pasion. 
El Apóstol, en cuanto heredero, poseía esta herencia, al decir:

"Llevo en mi cuerpo los estigmas de Cristo". (Gal 6, 17). 

El espíritu de pobreza y la herencia de la Pasion son más dulces que la miel y el panal para el corazón del verdadero amante de Cristo.

Con toda razón se dice:

"Si piden algo al Padre en mi Nombre".

El Nombre de Cristo, en hebreo, es Mesías; en griego, Cristo o Soter; en latín, Ungido o Salvador.

Pidamos, pues, al Padre en Nombre del Salvador, que, si no por nosotros, al menos en Nombre de su Hijo, por medio del cual salvó al género humano, nos conceda el privilegio de su Amor. 

Roguémosle con las palabras del Profeta:

"Oh Dios, Nuestro Protector, dirige tu mirada y mira al Rostro de tu Cristo". (Salm 83, 10).

Como si dijera:

"Si no quieres mirarnos a nosotros por nuestro amor, mira al Rostro de tu Cristo, que por nosotros fue golpeado por las bofetadas, ensuciado por los escupitajos, empalidecido por la muerte".
Mira al Rostro de tu Cristo!"

Y cuál Padre no miraría al Rostro de su hijo muerto? 
Por esto, también tú, oh Padre, míranos a nosotros, porque por nosotros, que fuimos la causa de su muerte, Cristo, tu Hijo, murió. 
Como El nos mandó, en su Nombre te pedimos que tú nos des a Ti mismo, porque sin ti no hay existencia".

Dice Agustín:

"Señor, si quieres que me aleje de Ti, dame a otro, igual a ti mismo; diversamente yo no me alejaré de Ti".

Con razón dice el Señor:

"En verdad, en verdad les digo: 
Si piden algo al Padre en mi Nombre, se lo dará. 
Hasta ahora no pidieron nada en mi Nombre".

Comenta la Glosa:

"Confiando en mi presencia, ustedes no pidieron cosa alguna, o sea, algo que se compare a lo que es eterno". 

En este paso el Señor reprende a los que piden cosas temporales, que son una nada. 
De ellos habla Oseas:

"Su Misericordia es como neblina de la mañana y como el rocío de la madrugada, que se desvanece". (6, 4). 

Como si dijera:

"Cuando piden a Dios la Misericordia, ustedes piden cosas temporales, que son como neblinas mañaneras, que son sólo aire condensado, símbolo de la vanidad condensada".

Así los bienes temporales son como una nada; pero esa nada, para parecer algo, se disfraza de apariencias fantasmagóricas. 
Como las nubes impiden la vista del sol, así la abundancia de las cosas temporales estorba el conocimiento de Dios. 
Job dice:

"La gordura cubre su rostro". 
(15, 27).

Porque la gordura de las riquezas ciega los ojos de la mente. 
Leemos en el Salmo:

"Cayó sobre ellos el fuego y ya no vieron el sol". (57, g).

El fuego del amor de las cosas mundanas ciega los ojos de los hombres, como una sartén hirviendo ciega los ojos del oso. 
Entonces:

"Su Misericordia, como neblina de la mañana y como rocío que al alba se disuelve".

se desvanece al calor del sol, justamente cuando sería más necesaria; las hierbas y las flores quedan expuestas al ardor del sol y así se queman. 
Por cierto la felicidad terrena da algún consuelo en esta vida, pero, desgraciadamente, encamina a los hombres hacia los suplicios eternos.

Leemos en Nahúm:

"Nínive fue como un estanque de aguas, pero de aguas que se van". (2, 8). 

Nínive se interpreta: "spléndida", y simboliza al mundo, que se cubre de falsa belleza, como el barro cubierto de nieve. 
Su consuelo es comparado al de un estanque, que abunda de aguas en el invierno, pero se seca durante el verano. 
El mundo abunda ahora de aguas de riquezas; pero, al llegar el ardor de la muerte, perderá sus riquezas y será entregado a los suplicios eternos. 
Por esto, hasta ahora, ustedes no pidieron nada; y si pidieron algo, no fue en mi Nombre, o sea, para la Salvación de sus almas".

ORACIÓN:

Oh Dios, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas: concédenos, inspirados por Ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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