MEDITACIÓNES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS.


MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS.

El Espíritu Santo y la propiedad del crisólito.

"Al cumplirse los días de Pentecostés, todos los discípulos estaban juntos en el mismo lugar". (Hech 2, 1).

Dice Ezequiel:

"El Espíritu de vida estaba en las ruedas". (1, 20). 

Los Apóstoles fueron ruedas que giraban velozmente, llevando a todas partes al Hijo de Dios. 
Estas ruedas, como el mismo Profeta añade:

"Tenían el aspecto de la piedra de crisólito". (10, g).

La piedra de crisólito (topacio) brilla como el oro, como ya lo indica su nombre griego: chtysós, oro, y lithos, piedra.

Esta piedra parece despedir por sí misma chispas ardientes, y ahuyenta toda especie de serpientes. 
Y simboliza a los Apóstoles que, resplandecientes por el oro de la Gracia Septiforme (los Siete Dones del Espíritu Santo), despidieron por sí mismos las chispas de la predicación que inflamaban a los oyentes, y con ellas ahuyentaron a todo género de demonios.

Estas ruedas, como el mismo Profeta aclara, eran de gran dimensión y altura, y de aspecto terrible. 
Y también los Apóstoles fueron grandes en la perfección de su Doctrina, excelsos por la sublimidad de las promesas Celestiales y terribles por las amenazas y espantosos castigos que sucederían.

El penitente dice en el Cantar de los Cantares:

"Mi alma se conturbó a motivo de las cuadrigas de Aminadab". (6, 11). 

Aminadab se interpreta: "espontáneo", y es figura de Jesucristo que espontáneamente se ofreció a sí mismo en la Cruz por nosotros. 
Y sus cuadrigas fueron los Apóstoles, de los que dice Habacuc:

"Y tus cuadrigas son la Salvación"
 (3, 8).

O sea, a motivo de ellas das la Salvación. 
Y a motivo de su predicación, mi alma, confiesa el penitente, se conturbó, o sea, se turbó toda y me impulsó a la penitencia.

Todavía Habacuc:

"Lanzaste al mar tus caballos para agitar las aguas profundas. 
Lo oí mis entrañas se estremecieron". (3, 15‑16). 

El Señor lanzó y al mar, o sea, al mundo los caballos, o sea, a los Apóstoles, que, mediante su predicación, agitaron las aguas profundas, o sea, a muchos pueblos y los convirtieron a la penitencia. 
Dice el penitente:

"Yo escuché su predicación, y mis entrańas, o sea, mi carnalidad, se estremecieron".

ORACION.

Oh Dios, que hoy has iluminado los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo. 
Haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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