MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS.


MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA LA SEMANA DE PENTECOSTÉS.

La infusión de la Gracia del Espíritu Santo en los Apóstoles en forma de lenguas de fuego.

En estas ruedas estaba el Espíritu de Vida, que todo vivifica. 

Se lee en la Epístola:

"Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los Discípulos estaban reunidos juntos en el mismo lugar. 
Y de repente vino del Cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, que llenó toda la casa donde estaban sentados. 
Y se les aparecieron lenguas repartidas de fuego, que se posaban sobre cada uno de ellos. 
Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen". (Hech 2, 1-4).

Pentecostés es un término griego, que significa: "cincuenta"; y el antiguo pueblo elegido lo festejaba, porque, cincuenta días después de la inmolación del cordero, por medio del cual los hijos de Israel salieron de Egipto, les fue dada la Ley por Dios, rodeado de fuego. 
En el Nuevo Testamento, cincuenta días después de la Pascua de Cristo, descendió el Espíritu Santo sobre los Apóstoles, apareciendo en el fuego. 
La Ley fue dada en el Monte Sinaí, el Espíritu en el Monte Sión. 
La Ley fue dada en un alto lugar del Monte, el Espíritu en el Cenáculo.

"Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los Discípulos estaban reunidos juntos en el mismo lugar". 

No faltaba ninguno, tanto porque el número doce estaba completo, como porque eran un solo corazón y una sola alma.

"Estaban en el mismo lugar", o sea, en el Cenáculo, al cual habían subido. 
El que desea recibir al Espíritu, pisotea la habitación de la carne, superándola con la contemplación de la mente.

"De repente vino del Cielo un estruendo como de un viento impetuoso, y llenó toda la casa, en la cual se hallaban". 

No conoce demoras la Gracia del Espíritu Santo, según el dicho:

"El ímpetu del río alegra la Ciudad de Dios". (Salm 45, Salm). 

Con el estruendo llegó aquel que había venido para instruir a los suyos.

Tenemos una concordancia con el Éxodo:

"Al llegar el tercer día y al clarear la mañana, se oyeron truenos y se vieron resplandecer relámpagos. 
Densísimas nubes cubrían el monte, y retumbaba un fortísimo sonido de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento, se estremeció de miedo".

El primer día fue el de la Encarnación de Cristo; el segundo, el de su Pasion; y el tercero, el de la venida del Espíritu Santo. 
A su venida, se oyeron truenos, porque de repente vino del Cielo un estruendo; y resplandecieron los relámpagos, símbolos de los milagros de los Apóstoles. 
Y densísimas nubes, o sea, la compunción de los corazones y el arrepentimiento, cubrieron el Monte Sinaí, o sea, al pueblo que se hallaba en Jerusalén.

Por esto se lee en los Hechos de los Apóstoles que: 

"Los arrepentidos de corazón preguntaban a Pedro y a los demás Apóstoles:
Hermanos, qué debemos hacer? 
Y: "el sonido de la trompeta", o sea, de la predicación, "resonaba con más fuerza". 
En efecto, Pedro exhortó:

"Hagan penitencia, y cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para la remisión de sus pecados; después, recibirán el don del Espíritu Santo. 
Y todo el pueblo que se hallaba en los campamentos, se estremeció de miedo; y por eso "se bautizaron; y en aquel día se les unieron unas tres mil personas". 
(Hech 2, 37-38; y 2, 41).

"Y se les aparecieron lenguas repartidas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos".

Por medio de las lenguas de la serpiente, de Eva y de Adán:

"La muerte entró en el mundo". (Sb 2, 24). 

La lengua de la serpiente inoculó el veneno en Eva; la lengua de Eva infundió el veneno en Adán; y la lengua de Adán intentó retorcerlo contra Dios. 
La lengua es un miembro frío, nada en la humedad; y es por eso un mal rebelde, y está llena de veneno mortal (Sant 3, 8), del cual no hay nada más frío.

Por eso, el Espíritu Santo se apareció en lenguas de fuego, para contraponer lenguas a lenguas y fuego a veneno mortal.

Y observa que el fuego posee cuatro propiedades:
Quema, purifica, calienta e ilumina. 
De manera semejante, el Espíritu Santo quema los pecados, purifica los corazones, sacude el entumecimiento del frío e ilumina las ignorancias.

El fuego es también incorpóreo e invisible en su naturaleza; pero, al atacar algún objeto, asume diversas coloraciones, según los materiales, en los que arde. 
Así el Espíritu Santo no puede ser visto, sino por medio de las criaturas, en las que obra.

Recuerda también que: "La dispersión de las lenguas sucedió en la torre de Babel", según el principio:
La soberbia desune y dispersa, la humildad reúne, la soberbia está la dispersión, en la humildad la concordia.

He aquí que se cumple la Promesa del Señor:

"No los dejaré huérfanos, sino que les enviaré al Espíritu Paráclito". (Jn 14, 18 y 26).

Que fue su abogado y habló a todos en su favor. 
Trajo las lenguas aquel, que venía por la Palabra. 
Entre la lengua y la palabra hay un parentesco, tanto que no pueden estar separadas una de la otra. 
Así la Palabra (el Verbo) del Padre, o sea, el Hijo, y el Espíritu Santo son inseparables, más aún, tienen una misma naturaleza.

"Y todos estuvieron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar diversas lenguas, según el Espíritu Santo les daba que hablasen".

He ahí el signo de la plenitud:
El vaso lleno desborda, el fuego no puede ser ocultado. 
Hablaban todas las lenguas; o también, hablaban su lengua hebrea, y todos los entendían, como si hablaran las lenguas de cada uno de ellos. 
El Espíritu Santo:

"Distribuyendo sus dones a cada uno como quiere". (1Cor 12, 11).

Infunde su Gracia, donde quiere, como quiere, cuanto quiere, cuando quiere y a quien quiere.

Roguemos, pues, que se digne infundir su Gracia también en nosotros aquel Espíritu Santo, que hoy infundió su Gracia en los Apóstoles por medio de las lenguas de fuego. 
A El sean siempre la alabanza y la Gloria por los siglos eternos. Amén!Así sea!

ORACION.

Te suplicamos, Señor, que nos asista la Vírtud del Espíritu Santo, para que purifique nuestros corazones y nos defienda de toda adversidad.  
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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