MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo quinto después de Pascua.
(Jn 16,23-30).

De la necesidad de la oración.

PUNTO I.

Pedid y recibiréis. 

Con estas palabras del Evangelio de este día, Jesucristo quiere darnos a entender que, puesto que necesitamos recibir sus Gracias, debemos también pedírselas; y que Dios, que desea dárnoslas, nos ha proporcionado un medio seguro para obtenerlas. 
Este medio es la oración, que nos resulta tanto más fácil cuanto que siempre la tenemos al alcance, y podemos servirnos de ella cuando queramos.

Por eso San Agustín, para darnos a entender la facilidad que tenemos de hacer el bien, nos dice: 

«Si os veis impotentes para obrar, sea a causa de vuestra debilidad, sea a causa de la violencia de la tentación, o por cualquier otro motivo, recurrid a la oración, que os dará infaliblemente el poder de ejecutar lo que supera vuestras fuerzas naturales».

Cuando tengáis dificultad para practicar la virtud, actuad de forma que se os haga fácil, por vuestra aplicación a la oración; acudid a ella con prontitud recordando estas palabras de Jesucristo: 

"Pedid y recibiréis".

PUNTO II.

Lo que debe induciros particularmente a orar, es la debilidad a la que os ha
reducido el pecado; debilidad que os haría incapaces de producir ningún bien sobrenatural. 
Y como cada día somos más débiles, porque a diario caemos en nuevos pecados, también cada día tenemos mayor necesidad de este auxilio.

San Crisóstomo dice que:

«Es medicina Divina, que arroja del corazón toda la malicia que encuentra en él, y lo llena de toda justicia».

Por eso, si queremos liberarnos completamente del pecado, no podemos hacer nada mejor que aplicarnos a la oración. 

En efecto, por numerosos que sean los pecados cometidos por una persona que ama la oración, en medio de los mayores desórdenes, cuenta en la oración con el recurso rápido y fácil para obtener la Gracia de la penitencia y del perdón.

Pedid, pues, a Dios un corazón puro, que rehúya y deteste no sólo los pecados. más graves, sino todo cuanto pueda empañar vuestra conciencia y haceros desagradables a Dios.

PUNTO III.

Estamos tan sometidos a la tentación, que Job dice que nuestra vida es tentación continua. 

Y por eso dice San Pedro que el demonio, nuestro enemigo, gira en torno nuestro como león rugiente, buscando sin descanso algún medio para devorarnos.

La oración es la que nos capacita para resistirlo. 
Jesucristo dice, incluso, del demonio de la impureza, que no puede ser arrojado sino por la oración y el ayuno. 

Y coloca la oración por delante del ayuno para indicarnos que, aunque la mortificación sea muy necesaria para vencer al espíritu inmundo, es mucho más importante aún armarse con la oración de cara a sus ataques.

Así, pues, cuando os veáis asaltados por el espíritu tentador, no ceséis de orar, hasta que lo hayáis alejado totalmente de vosotros.

ORACION:

Oh Dios, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas: concédenos, inspirados por Ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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