SERMON PARA EL V DOMINGO DESPUES DE PASCUAS. R.P.L.C.


SERMON PARA EL V DOMINGO DESPUÉS DE PASCUAS.

EVANGELIO:

"En aquel día no me preguntaréis más sobre nada. 
En verdad, en verdad, os digo, lo que pidiereis al Padre, Él os lo dará en mi Nombre. 
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi Nombre. 
Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado”.
“Os he dicho estas cosas en parábolas; viene la hora en que no os hablaré más en parábolas, sino que abiertamente os daré noticia del Padre. 
En aquel día pediréis en mi Nombre, y no digo que Yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre os ama Él mismo, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo vine de Dios. 
Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo, y retorno al Padre”. Dijéronle los Discípulos:
“He aquí que ahora nos hablas claramente y sin parábolas. 
Ahora sabemos que conoces todo, y no necesitas que nadie te interrogue. Por esto creemos que has venido de Dios”. 
Juan XVI, 23-30.

La Paradoja de la Oración.

Este Evangelio es un trozo del Sermón Último de Cristo, como casi todos los de Pascua, y se podría titular:
"La paradoja de la oración". 

"Las Paradojas del Cristianismo" es un libro de Roberto Hugo Benson, gran escritor inglés; esa idea es del Cardenal Newrnan, que fue retornada después por Gilberto Chesterton; pero el que más la cultivó fue Suren Kirkegord, que repite en sus obras que el objeto de la Fe es la Paradoja; lo cual, despojado de las exageraciones verbales gratas al gran danés, es exacto:
El objeto de la Fe es el Misterio; no la contradicción o el absurdo, como él se apresura a advertir, sino una especie de absurdo que no consiste en dos contradictorias, sino en dos contrarias, que se apuntalan mutuamente; no "dos más dos son cinco" o "tres son uno" o "uno es tres" sino, por ejemplo, la persecución y el júbilo juntos. 
Aquí tenemos la contradicción de la oración eficaz y no eficaz.

Los Apóstoles le dicen a Cristo que ahora sí que lo entienden; y es cuando menos lo entendieron. 
Cristo había anunciado muchas veces que Dios oiría nuestras oraciones "Pedid y recibiréis", pero había puesto reservas o condiciones: primero, la oración tenía que ser perseverante, casi obstinada, como dice la Parábola del Amigo Insistente: 
"Sin interrupción orad."
"Conviene siempre orar y no desfallecer"
Segundo, tiene que ser de cosas buenas, porque si pedimos al Padre Celestial una piedra, una serpiente y un escorpión creyendo que son un pan, un pescado y un huevo, el Padre no nos dará la piedra, la serpiente o el escorpión.
"Hasta ahora no me habéis pedido nada" ... y le habían pedido lo menos cinco cosas, pero cosas no buenas, como que hiciera caer fuego del cielo sobre las ciudades que lo rechazaban.

Pero ahora Cristo dice rotundamente, sin reservas ni condiciones, que lo que pidieren al Padre lo obtendrán; y entonces los Apóstoles muy ufanos: "Ahora sí que hablas paladinamente y te entendemos", dicen. Y después viene la experiencia y los Apóstoles (lo mismo que nosotros) nos encontramos con que Dios no hace lo que queremos. 
Yo recuerdo haber pedido con vehemencia y aun quizá con presunción a Dios que sanara a mi madre en su última enfermedad, de la cual murió; y todos tenemos alguna experiencia similar. 
Pero no necesitamos recordar lo nuestro: 
Cristo pidió a su Padre que pasara de Él ese cáliz, y no pasó. 
San Pablo pidió tres veces a Dios le quitara una pena, enfermedad o tentación que él llama "la espuela de mi carne" y Dios le respondió: 
"Te basta con mi gracia."
Y así encontramos muchos casos en las vidas de los Santos.

Todas las reservas y condiciones de Cristo permanecen en esa palabra: 
"Lo que pidiereis a mi Padre EN MI NOMBRE; todavía nunca habéis pedido algo EN MI NOMBRE".
Eso no significa solamente nombrar a Cristo al fin de la oración, como hacemos en la Misa; sino pedir unidos al Espíritu de Cristo. 
En resumen, la solución de la antinomia: 
"eficaz - no eficaz" está en esa palabra breve de San Agustín: 
"Os dará lo que pidiereis o bien lo que Él conoce que es mejor"; que en latín es más breve: 
"aut dabit quod petis aut quod noverit melius."

En finiquito, la oración bien hecha no bajará nunca vacía del Trono de Dios. Hoy día hay algunos sabios, como el biólogo Alexis Carrell y el filósofo Joseph Maréchal, que dicen, aunque Dios no escuchara, la oración sería siempre benéfica, psicológicamente hablando. 
Maréchal hace un largo análisis psicológico de una viejita que está rezando el Rosario a la cabecera de su nieto enfermo; y muestra los provechos que resultan desa humilde oración vocal, aun cuando Dios no la escuchara. 
Pero la hipótesis es falsa: 
Dios escucha.

¿Qué hemos de pedir a Dios? 
Cosas chicas y grandes. 
Los paganos creían que no debían pedir a sus dioses cosas chicas, sino solamente cosas grandes; porque "numquid de bobus cura est deo?" 
era un proverbio dellos: 
"¿Acaso Júpiter se ocupa de los bueyes?". 
Pero Cristo enseñó lo contrario, que Dios se ocupa de las cosas chicas, y no cae al suelo muerto un pajarito sin la Voluntad de Dios; e incluso parecería Dios se ocupa más de las cosas chicas que de las grandes. 
Por ejemplo:
¿Creen Uds. que Dios se preocupa de la literatura argentina, el teatro nacional, el premio Nobel a Capdevila, los viajes de Illia y Zavala Ortiz, las huelgas sindicales, la inflación de la moneda, el estado desastroso de las Universidades, las disidencias de los peronistas, la alianza del MID con los Radicales del Pueblo, el próximo fraude electoral, e incluso la guerra de Vietnam, la bomba atómica de China y el Imperialismo de De Gaulle?

Mucho más se preocupa Dios de la Salvación mía, de la Salvación Eterna de un hombre, de un pobre hombre, de cualquier pobre hombre, del pordiosero que está sentado en la Estación Constitución:
Deso se preocupa personalmente. 
No digo que no se preocupa de las grandes cosas generales; pero ésas las deja a la acción de las causas naturales, y a lo más, de los Ángeles. Dios sabe que todo eso ya está encaminado, y que la moral, que es la Ley infrangible del Universo, siempre acaba por salirse con la suya. 
Dios sabe que si una nación obtiene una victoria injusta en una guerra injusta, esa victoria es su castigo, no necesita moverse Él; sabe que si uno hace un asesinato y queda impune (por ejemplo, del abogado Satanowsky o el obrero Valiese), esa impunidad es su mayor castigo; y que el asesino sería menos desdichado si la Policía lo descubriese y lo fusilaran -como hacían en tiempo de Don Juan Manuel: 
¡Un solo asesinato hubo en Buenos Aires, en todos los años del Gobierno de Rosas! -y el asesino fue fusilado. (No hablo ahora de las muertes políticas.
Si uno hace una injusticia y lo castigan, ese injusto es menos desgraciado que si no lo castigan. ¿Quién dijo eso, San Pablo? No, lo dijo un pagano, Platón. 
¡Cuánto más lo dirá un Cristiano!

Resumamos lo de la oración:

I.- Hay que pedir a Dios lo grande y lo chico, lo espiritual y lo terreno, que "venga su Reino" y "el pan nuestro de cada día"; "venga tu Reino", o sea, la Parusía; y no "venga a nos el tu Reino", como decimos; porque ese "a nos" es una añadidura que no está en el
texto. Cristo dijo: "tu Reino venga."

II.- Hemos de pedir como Cristo: "Padre mío, sí es posible ... ", lo cual es a la vez un grito de adoración: 
Padre mío, y un grito de resignación: 
Si es posible.

Ill.- Hemos de orar siempre, "sin intermisión", dice Cristo. 
¿Y no basta orar una hora cada Domingo? 
Si oramos bien el Domingo, esa oración nos seguirá toda la semana. -Pero es imposible orar sin intermisión, hay que dormir, hay que comer, hay que trabajar ... -Haced todas esas cosas por amor de Dios, por Dios, por ser voluntad de Dios -dice San Pablo - y así oraremos sin intermisión; y si podemos alcanzar lo que llaman "la presencia de Dios", mejor todavía; la cual no es tan difícil de alcanzar.

Quiero acabar con un apólogo escrito hace muchos años que me parece viene bien. 
Una vez Dios abrió una ventana del Cielo y dirigiéndose a los Reyes de la Tierra les dijo: 
"Necesito un hombre.
Para el mes que viene." 
Los Reyes de la Tierra tocaron las trompetas y convocaron a todos los soldados, a todos los empleados, a todos los jubilados, a todos los sindicatos y a todos los comités de la Tierra; y cuando Dios al otro mes abrió la ventana le dijeron muy ufanos: 
"Aquí tienes un millón de hombres." 
Y Dios dijo: 
"No. 
Yo necesitaba un hombre; y esto es una masa." 
Y cerró la ventana.

Quería decir Hugo de San Víctor que con un hombre Dios puede hacer un Cristiano; pero con una masa de carneros no puede hacer nada.

Domingueras Prédicas II
R.P. Leonardo Castellani. (1966)

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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