CATENA AUREA: DOMINGO DE LA INFRAOCTAVA DEL SAGRADO CORAZON. (III Después de Pentecostés).


CATENA AUREA. DOMINICA III DESPUES DE PENTECOSTÉS.

"Pon tu suerte en manos del Señor y él te sustentará".
(Salmos LIV, 23).

EPISTOLA:

"Carísimos: 
Humillaos por tanto bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os ensalce a su tiempo. 
“Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él mismo se preocupa de vosotros”.
Sed sobrios y estad en vela: 
Vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quien devorar. 
Resistidle, firmes en la Fe, sabiendo que los mismos padecimientos sufren vuestros hermanos en el mundo. 
El Dios de toda Gracia, que os ha llamado a su Eterna Gloria en Cristo, después de un breve tiempo de tribulación, Él mismo os hará aptos, firmes, fuertes e inconmovibles. 
A Él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén". 
I Pedro V, 6-11.

EVANGELIO:

"En aquel tiempo: 
Los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírlo. 
Mas los fariseos y los escribas murmuraban y decían: 
“Este recibe a los pecadores y come con ellos”.
Entonces les dirigió esta parábola: “¿Qué hombre entre vosotros, teniendo cien ovejas, si llega a perder una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto, para ir tras la oveja perdida, hasta que la halle? 
Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, muy gozoso, y vuelto a casa, convoca a amigos y vecinos, y les dice: 
“Alegraos conmigo, porque hallé mi oveja, la que andaba perdida”.
Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse”.
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si llega a perder una sola dracma, no enciende un candil y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la halla? Y cuando la ha encontrado, convoca a las amigas y las vecinas, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido”.
Os digo que la misma alegría reina en presencia de los Ángeles de Dios, por un solo pecador que se arrepiente”. Lucas XV, 1-10.

CATENA AUREA.
Explicación de los Santos Padres.

San Gregorio, in Evang hom. 34.

Por esta razón se deduce que la verdadera justicia tiene compasión y la falsa justicia desdén, aun cuando los justos suelen indignarse con razón por los pecadores. 
Pero una cosa es la que se hace con apariencia de soberbia y otra la que se hace por celo a la disciplina. 
Porque los justos, aunque exteriormente exageran sus reprensiones por la disciplina, sin embargo, interiormente conservan la dulzura de la caridad y, por lo general, prefieren en su ánimo a aquellos a quienes corrigen, que a sí mismos. Obrando así mantienen a sus súbditos en la disciplina y a la vez se mantienen ellos en la humildad. 
Por el contrario, los que acostumbran a ensoberbecerse por la falsa justicia, desprecian a todos los demás, sin tener ninguna misericordia de los que están enfermos y, porque se creen sin pecado, vienen a ser más pecadores. 
De este número eran los fariseos, quienes cuando censuraban al Señor porque recibía a los pecadores, reprendían con un corazón seco al que es la fuente misma de la caridad. 
Pero como estaban enfermos o ignoraban que lo estaban, el médico celestial usa con ellos, hasta que conociesen su estado, de remedios suaves. 
Sigue, pues:
"Y les propuso esta parábola: 
¿Quién de vosotros es el hombre que teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve y va a buscarla?" 
Propuso esta semejanza que todo hombre puede comprender y, sin embargo, se refiere al Creador de los hombres. 
Porque ciento es un número perfecto y El tuvo cien ovejas porque poseyó la naturaleza de los santos Ángeles y de los hombres. Por esto, sigue: 
"Que tiene cien ovejas".

San Cirilo.

Observa aquí la grandeza del reino de nuestro Salvador. 
Cuando dice cien ovejas se refiere a toda la multitud de las criaturas racionales que le están subordinadas; porque el número cien, compuesto de diez décadas, es perfecto. 
Pero de éstas se ha perdido una que es el género humano, que habita en la tierra.

San Ambrosio.

Este pastor es tan rico, que todos nosotros sólo formamos una centésima parte de su rebaño. 
Por eso sigue: 
"Y si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve", etc.

San Agustín De quaest.Evang. 2, 33.

También coloca entre las nueve dracmas, así como entre las noventa y nueve ovejas, la representación de aquellos que -presumiendo de sí- se prefieren a los pecadores que vuelven al camino de la salvación. 
Uno falta a nueve para que sean diez. Y al noventa y nueve también le falta uno para ser ciento. 
Este uno designa a todos los reconciliados por la penitencia.

San Gregorio Niceno.

De otro modo:
Creo que el Señor nos da a conocer en la búsqueda de la dracma perdida que no nos viene utilidad alguna de la práctica de las virtudes exteriores -a las que llama dracmas- aun cuando se posean todas, si queda el alma como viuda de aquella que le da el brillo de la semejanza de Dios. 
Por esto, primero manda encender la luz -esto es, la Palabra Divina que descubre las cosas ocultas-, o acaso la lámpara de la penitencia. 
Pero en la casa propia -en sí mismo y en su conciencia- conviene buscar la dracma perdida. 
Es decir, la imagen del rey, que no se ha perdido del todo, sino que está cubierta debajo del abono, que significa la miseria humana. 
Una vez quitado éste con esmero, es decir limpiado por el esfuerzo de la vida, resplandece lo que fue encontrado. 
Por esto conviene que aquella que la encuentra se alegre y que llame a participar de su alegría a las vecinas, esto es, a las que están más próximas, que son las virtudes; a saber:
El entendimiento, la sensibilidad y todos los afectos que puedan considerarse como propios del alma, que deben alegrarse en el Señor. Finalmente, para concluir la parábola añade: 
"Así os digo que habrá gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que hace penitencia".

ORACION:

Oh Dios! Protector de los que en ti esperan, y sin el cual nada tiene valor, nada es Santo; multiplica sobre nosotros tu Misericordia, para que, siendo tú Nuestro Pastor y Nuestro Guía, pasemos por los bienes temporales de modo que no perdamos los eternos.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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