CATENA AUREA: V DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS Y CONMEMORACION DE SAN IRENEO, OBISPO Y MARTIR.
CATENA AUREA. V DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Y CONMEMORACION DE SAN IRENEO OBISPO Y MÁRTIR.
"Una cosa he pedido al Señor y seguiré buscando:
El habilitar en la Casa del Señor todos los días de mi vida."(Salmos XXVI, 4).
EPISTOLA:
"Carísimos:
Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amantes de los hermanos, misericordiosos, humildes. No devolváis mal por mal ni ultraje por ultraje, sino al contrario bendecid, porque para esto fuisteis llamados a ser herederos de la bendición.
“Quien quiere amar la vida y ver días felices, aparte su lengua del mal y sus labios de palabras engañosas; sepárese del mal y obre el bien; busque la paz y vaya en pos de ella; porque los ojos del Señor van hacia los justos, y sus oídos están atentos a sus plegarias, pero el rostro del Señor está contra los que obran el mal”.
¿Y quién habrá que os haga mal si estáis celosamente entregados al bien?
Aun cuando padeciereis por la justicia, dichosos de vosotros.
No tengáis de ellos ningún temor, ni os perturbéis; antes bien, santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, y estad siempre prontos a dar respuesta a todo el que os pidiere razón de la esperanza en que vivís".
I Pedro III, 8-15.
EVANGELIO:
"En aquel tiempo:
Dijo Jesús a sus discípulos:
Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Oísteis que fue dicho a los antepasados:
«No matarás; el que matare será reo de condenación.»
Mas Yo os digo:
«Todo aquel que se encoleriza contra su hermano, merece la condenación; quien dice a su hermano «racá» merece el sanhedrín; quien le dice «necio» merece la gehenna del fuego. Si, pues, estás presentando tu ofrenda sobre el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo que reprocharte, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda".
(Mateo V, 20-24).
CATENA AUREA:
Explicación de los Santos Padres.
San Jerónimo.
Como Dios es limpio sólo puede conocerse por el que es limpio de corazón.
No puede ser templo de Dios el que no está completamente limpio, y esto es lo que se expresa cuando dice: "Porque ellos verán a Dios".
San Agustín, de sermone Domini, 1, 2.
Son pacíficos en sí mismos aquéllos que, teniendo en paz todos los movimientos de su alma y sujetos a la razón, tienen dominadas las concupiscencias de la carne y se constituyen en Reino de Dios.
En ellos, todas las cosas están tan ordenadas, que lo que hay en el hombre de mejor y más excelente domina a las demás aspiraciones rebeldes, que también tienen los animales.
Y esto mismo que se distingue en el hombre (esto es, la inteligencia y la razón) se sujeta a lo superior, que es la misma verdad, el Hijo de Dios.
Y no puede mandar a los inferiores quien no está subordinado a los superiores.
Esta es la paz que se da en la tierra a los hombres de buena voluntad.
San Ambrosio, in Lucam, 5,61.
El primer Reino de los Cielos se ofrece a los Santos en la disolución de su cuerpo y el segundo consiste en estar con Cristo después de la resurrección. Después de la resurrección empezarás a poseer la tierra, cuando hayas sido librado de la muerte, y en esta misma posesión encontrarás tu consuelo.
El gozo sigue a la consolación y al gozo sigue la divina misericordia.
El Señor llama a aquel de quien se apiada y éste, llamado así, ve al que lo llama.
Y el que ve a Dios es recibido en el derecho de la Divina generación. Finalmente, como hijo de Dios disfruta de las riquezas del Reino de los Cielos. Aquél, pues, empieza y éste queda satisfecho.
San Juan Crisóstomo, in Matthaeum, hom, 15,5.
Del mismo modo manifiesta la igualdad de su dignidad con la del Padre, como si dijese:
"Así como persiguieron a aquéllos por mi Padre, así también os perseguirán a vosotros por mí".
Cuando dice "los Profetas que fueron antes que vosotros", en esto indica que los Apóstoles han sido hechos profetas.
San Hilario in Matthaeum, 4.
Debemos ver aquí cuán apropiado es lo que se dice, cuando se compara el oficio de los Apóstoles con la naturaleza de la sal.
Esta se aplica a todos los usos de los hombres, puesto que cuando se esparce sobre los cuerpos, les introduce la incorrupción y los hace aptos para percibir un buen sabor en los sentidos.
Los Apóstoles son los predicadores de las cosas celestiales y son como los saladores de la eternidad.
Con toda razón, pues, se les llama sal de la tierra, porque por la virtud de su predicación preservan los cuerpos salándolos para la eternidad.
San Agustín, de sermone Domini, 1, 6.
¿Qué pensamos que significa lo que se ha dicho:
"Y la ponen debajo del celemín"?
¿Que la ocultación de la antorcha se entienda como si dijese:
Ninguno enciende la antorcha para ocultarla?
¿O significa algo más el celemín, como si poner la antorcha debajo de él fuese preferir las comodidades del cuerpo a la predicación de la verdad? Coloca, pues, la antorcha debajo del celemín todo aquel que oscurece y cubre la luz de la buena doctrina con las comodidades temporales.
El celemín es muy buena figura de los bienes temporales, ya porque es una medida, y cada uno recibirá la retribución según el bien que hizo en el cuerpo, ya porque los bienes temporales que se hacen con el cuerpo tienen cierta medida de días, que significa el celemín.
Mas las cosas eternas y espirituales no tienen tal limitación.
Coloca la antorcha sobre el candelabro aquel que sujeta su cuerpo al Ministerio de la Palabra, para que la predicación de la verdad sea primero y las atenciones del cuerpo vengan después.
La Doctrina resplandece más cuando el cuerpo está reducido a la esclavitud en los momentos en que, por medio de las buenas obras y demás actos visibles, se da buen ejemplo a los demás.
San Hilario, in Matthaeum, 4.
No porque convenga buscar la gloria que dan los hombres (puesto que todo debe hacerse en honor de Dios), sino que, disimulando nuestra obra a aquellos entre quienes vivimos, brille para Dios.
ORACION:
Oh Dios!, que tienes preparados bienes invisibles a los que te aman, infunde en nuestros corazones el afecto de tu amor; para que, amándote en todo y sobre todo, consigamos esas tus promesas, que exceden a todo deseo.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONMEMORACION DE SAN IRINEO, OBISPO Y MÁRTIR:
"Con sumo gusto sacrificaré todo
y a mí mismo me sacrificaré por la salvación de vuestras almas".
(2 Corintios 12, 15).
EVANGELIO:
"En aquél tiempo dijo Jesús a sus Discípulos:
No temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna.
¿No se venden dos gorriones por un as?
Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, todos los cabellos de vuestra cabeza están contados.
No temáis, pues vosotros valéis más que muchos gorriones”.
“A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre Celestial; mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre Celestial".
Mateo X, 28-33.
CATENA AUREA:
San Hilario, in Matthaeum, 10.
Debemos sembrar constantemente el conocimiento de Dios y revelar con la luz de la predicación el secreto profundo de la Doctrina del Evangelio, sin temor de aquellos que sólo tienen poder sobre los cuerpos, mas nada pueden sobre el espíritu; por eso se dice:
"Y no temáis a aquellos que matan el cuerpo y al alma no pueden matar".
San Jerónimo.
No se encuentra en los libros antiguos la palabra gehenna y el Salvador es el primero que la emplea:
Indaguemos ahora a qué da motivo esta nueva palabra. Muchas veces hemos leído que el ídolo Baal estuvo cerca de Jerusalén, en la base del monte Moria, de donde brota la fuente Siloé.
Este valle y pequeña planicie, regada y cubierta de árboles, era sumamente deliciosa y contenía un bosque consagrado al ídolo.
El pueblo de Israel llegó a tal grado de locura, que abandonó los templos inmediatos para ofrecer en él los sacrificios, olvidar las ideas severas de la religión y quemar a sus hijos delante del demonio.
Llamábase el bosque Gehennón, esto es, valle del hijo de Ennón.
Este nombre está sumamente repetido en los libros de los Reyes, en las Crónicas y en Jeremías y Dios los amenaza con llenar ese lugar de cadáveres, para que no volviera a llamarse Tophet y Baal, sino Polyandrium, esto es, tumba de los muertos.
Con este nombre son designados los futuros suplicios y las penas eternas de los pecadores.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2.
Después de haberles quitado el miedo a la muerte, a fin de que no creyeran los Apóstoles, si morían, que Dios les había abandonado, insiste de nuevo en su sermón sobre la providencia de Dios, diciendo:
"¿Por ventura no son vendidos dos pájaros en un cuarto y ninguno de ellos cae sin el consentimiento de vuestro Padre?"
San Agustín, ult., de civitate Dei, 22,19.
Aunque se pueda preguntar si efectivamente los cabellos que se cortan vuelven otra vez al mismo sujeto; si esto fuera así, ¿quién no se espantaría de semejante monstruosidad?
Entiendo que nada del cuerpo ha de perderse hasta el punto de quedar en él algo deforme.
Se comprende también que lo que había de añadirse a su volumen, ocasionando enorme deformidad, no se añadirá en aquellos lugares en que con ellos se afeara la belleza de los miembros.
Como si se hiciera un vaso de barro y reducido de nuevo al mismo barro, se hiciera de nuevo otro igual; no sería necesario que la parte del polvo que había estado en el asa tornara al asa y la que había formado el fodo tornara a formar el fondo, con tal de que todo volviera al todo, es decir, que todo aquel barro, sin pérdida de parte alguna, tornara a todo el vaso.
Por eso los cabellos, tantas veces cortados, no volverán a sus lugares respectivos si hubieran de volver produciendo alguna deformidad; aunque no se perderán para nadie en la resurrección, porque serán cambiados con la mutabilidad de la materia en la misma carne.
Tendrán en ella el lugar del cuerpo, conservando siempre la conveniencia de las partes.
Y esto contando con lo que dice el Señor:
"No perecerá un cabello de vuestra cabeza" ( Lc 21,18), puede entenderse con más propiedad de la longitud que del número de los cabellos.
Así también se dice:
"Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados".
San Hilario.
Cuando dice que El los prefiere a muchos pájaros, da a entender que prefiere a los elegidos a la multitud de infieles, porque éstos han caído sobre la tierra y aquellos volarán al cielo.
Remigio.
En sentido místico Cristo es la cabeza y los Apóstoles los cabellos y por eso se dice con razón que están contados, porque están escritos sus nombres en el Cielo.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3.
Después de disipar el Señor el temor que tanto angustiaba el alma de sus discípulos, vuelve de nuevo a darles fuerzas con las cosas que han de conseguir; no solamente les desvanece todo temor, sino que los eleva, con la seguridad de mayores recompensas, en la libertad de predicar la verdad, diciendo:
"A todo el que me confesare delante de los hombres, confesaré Yo también delante de mi Padre, que está en los Cielos".
San Hilario, in Matthaeum, 10.
Esta es la conclusión de lo que precede: el que estuviere firme en esta doctrina debe tener la constancia de confesar libremente a Dios.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3.
Y no solamente exige la confesión mental, sino también la oral, a fin de que nos anime a una intrépida predicación y a un amor más grande, haciéndonos superiores a nosotros mismos.
Y no solamente se dirigen estas palabras a los Apóstoles, sino a todos los hombres en general, porque, no sólo a los Apóstoles, sino también a sus discípulos les da la fortaleza.
Y el que observa esto ahora, no sólo tendrá la gracia de hablar en público, sino que tendrá también la de convencer con facilidad a un gran número, porque por la obediencia a su Palabra ha hecho de muchos hombres apóstoles.
ORACION:
Oh Dios, que permitiste al Bienaventurado Ireneo, tu Mártir y Obispo, vencer la herejía con la verdadera doctrina y establecer la paz felizmente en la Iglesia, concédenos, te suplicamos, que tu pueblo sea firme en la santa religión, y danos tu paz en nuestros tiempos.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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