MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL VIERNES DE CORPUS CHRISTI.
MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL VIERNES EN LA OCTAVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO:
Que Jesucristo es, en la Eucaristía, Pan que alimenta nuestras almas.
PUNTO I.
Los judíos se ufanaban de que Moisés había dado a sus padres pan del cielo; pero Jesucristo les dio a entender que se equivocaban, que era el Padre Eterno quien había dado el Verdadero Pan Celestial, y que Él mismo era el Pan Vivo bajado del Cielo.
Él está vivo, en efecto, en quienes lo reciben; pues cuando se acercan al Sacramento de la Eucaristía con santas disposiciones, Él se difunde en todas las facultades de sus almas, y en ellas realiza actos de vida, guiándolos y conduciéndolos por su Divino Espíritu, mediante el cual vive y actúa en ellos.
Cuando está en vosotros, ¿lo está como Pan Vivo?
¿Le dejáis total libertad para
que comunique su Divino Espíritu a vuestra alma?
¿Está de tal manera vivo en
vosotros que podáis decir que ya no sois vosotros los que vivís, sino que es Jesucristo quien vive en vosotros
PUNTO II.
Después de decir Jesucristo a los judíos que era el Verdadero Pan bajado del Cielo, añade que este Pan da la Vida al mundo.
Y dice mucho más:
Que quien come de este Pan no tendrá nunca hambre.
¡Cuán dichoso es el hombre, al poder saciarse con tal Pan, y tan a menudo como quiera!
Este es el Pan que lo sustenta de tal manera, que en El encuentra todo el alimento y la fuerza espiritual que necesita.
Por eso dicen los Padres de la Iglesia que este es el Pan que sobrepasa toda sustancia, del que se habla en la Oración Dominical, según San Mateo. Pues no hay nada tan capaz de sostener bien nuestra alma y comunicarle tal fuerza para
caminar con vigor por la senda de la virtud.
También se considera figura del Pan Sagrado de la Eucaristía aquel pan que comió Elías antes de llegar a la cima del monte Horeb, y que bastó para
sostenerlo durante su viaje de cuarenta días.
Comed, pues, gustosos, con amor, y lo más a menudo que podáis este Pan
Divino; pues si sabéis encontrar en él todo el gusto que encierra, dará a vuestra alma, ya en la tierra, Vida del todo Celestial.
PUNTO III.
Al ver Jesucristo que los judíos tenían dificultad para creer lo que les decía, añadió que Él era el Pan de Vida; que sus padres, que habían comido el maná en el desierto, murieron; pero que quienes comen de este Pan bajado del Cielo, no morirán; y que si alguien come de este pan, vivirá Eternamente; e incluso, que el Pan que Él dará es su propia carne.
Así, pues, cuando se recibe el Cuerpo de Jesucristo, se tiene el privilegio de participar en la Vida del Salvador, de poseer en sí una prenda de la Vida Eterna, y de estar incluso seguro de vivir eternamente, si uno conserva en sí mismo el Espíritu de Jesucristo, que es lo que Él nos transmite.
¿Es posible que nos asegure Jesucristo mismo que comiendo de este Pan, que es el mismo Dios, tendremos Vida Eterna, y que no queráis comerlo, o que lo comáis raras veces?
Gustad y ved cuán sabroso al paladar es este Pan y cuán provechoso para vuestra alma.
ORACION:
Oh Dios!, que bajo un
Sacramento Admirable, nos dejaste el Memorial de tu Pasión; te pedimos, Señor, nos concedas celebrar de tal manera los Sagrados Misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención.
Que vives y reinas con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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