MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL SABADO DE CORPUS CHRISTI.


MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL SABADO EN LA OCTAVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO:

Que Jesucristo en la Eucaristía es comida que sustenta la vida de nuestras almas.

PUNTO I.

Jesucristo, en el Santo Evangelio, no sólo llama a la Eucaristía pan, sino comida: 
Mi carne, dice, es verdaderamente comida.
En cuanto tal, comunica al alma el vigor que le permite superar fácilmente todas las dificultades que encuentra en el camino de la virtud; de tal modo, que nada hay que pueda hacerla vacilar, porque el mismo Jesucristo le da, de algún modo, el poder contra todo lo que pudiera oponerse a su bien; y le da el ánimo que la tranquiliza frente a todo lo que podría temer de los ataques de sus enemigos.
Con esta carne, precisamente, somos cebados, dice Tertuliano. 
Por eso es más necesario al hombre alimentarse de Ella, para procurar abundancia de Gracias a su alma, que alimentar su cuerpo con el Manjar ordinario, para conservar la Vida.

Cuanta mayor virtud y perfección exija vuestro Estado, tanta mayor necesidad tenéis de fortaleza y de generosidad para alcanzarlas, y para no dejaros abatir por el temor a las dificultades que encontréis en él. Alimentaos con esta comida
Eucarística para fortaleceros interiormente y para vencer todos los obstáculos a vuestra Salvación.

PUNTO II.

Esta Divina Comida de la Eucaristía procura además al hombre otra ventaja, a saber:

Que quienes la comen permanecen en Jesucristo, y Jesucristo permanece
en ellos. 
Así nos lo asegura Él en el Santo Evangelio.
Lo cual indica que entre Jesucristo y aquel que come su carne se establece Unión tan íntima y estrecha, que difícilmente se puede separar uno del otro; porque esta Comida Sagrada se incorpora de tal modo al alma que la come con gusto, que esta alma participa de inmediato de las virtudes de Jesucristo; y le sucede lo que se dice de la esposa en los Cantares: 
Mi amado es para mí, y yo soy toda para El.

¿Estáis de tal modo unidos a Jesucristo cuando lo recibís, que nada pueda separaros de Él, y podáis decir después de comulgar, como san Pablo: 
¿Quién me separará de Jesucristo? 
¿Será la tribulación, la escasez, la persecución, el hambre, la desnudez o los peligros? 
¿Y podríais decir luego, con toda la confianza del Apóstol, que ninguna criatura podrá separaros jamás de vuestro Salvador?

Procurad que la Sagrada Comunión produzca entre Jesucristo y vosotros Unión tan constante, que no os separéis jamás de Él.

PUNTO III.

Otro efecto admirable que esta Divina Comida de la Eucaristía produce en el alma, es el hacerle vivir vida sobrenatural y del todo Divina. 
Lo que hace realidad en ella lo que dice Jesucristo: 
Igual que mi Padre, que me ha enviado, vive, y yo vivo por mi Padre, del mismo modo, quien me come vivirá también por Mi.

Así, pues, el alma que ha comido esta Carne de Jesucristo y que se ha alimentado con esta Comida, no vive ya una vida natural, ni busca ya contentar a los sentidos, ni tampoco obra por su propio espíritu, sino por el Espíritu de su Dios, de quien ha hecho su Alimento.
¿Son éstos los efectos que produce en vosotros la Unión con Jesucristo en la
Eucaristía?

ORACION:

Oh Dios!, que bajo un Sa­cramento Admirable, nos dejaste el Memorial de tu Pasión; te pedimos, Señor, nos concedas celebrar de tal ma­nera los Sagrados Misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos constantemente en nosotros el fruto de tu Re­dención. 
Que vives y reinas con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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