MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL MIERCOLES DE LA INFRAOCTAVA DE CORPUS CHRISTI.


MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL MIERCOLES EN LA OCTAVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

De las comuniones poco provechosas, de sus causas y de sus remedios.

PUNTO I.

Es verdad que para recibir la Gracia del Sacramento de la Eucaristía, que es alimentar nuestras almas e impedir que caigan en el pecado, basta con estar exento de pecado mortal.
Con todo, si se desea, como debe hacerse cuando se comulga con frecuencia, que la comunión resulte provechosa, es preciso confesar antes los pecados veniales, no conservarles afecto alguno, y estar resuelto a corregirse de ellos.

En caso contrario, la Comunión sería poco fructuosa.
Y puesto que se comulga con el fin de santificarse, para conseguirlo hay que
procurar hacerlo con tal disposición, que pueda uno fortalecerse en la Gracia, alcanzar otras nuevas y practicar la virtud con mayor facilidad.

¿Notáis que es ése el fruto de vuestras comuniones? 
¿Sois, con ellas, más recogidos, más recatados y más caritativos para con vuestros Hermanos, más pacientes y más comedidos? 
¿Os hacéis mayor violencia para venceros? 
¿Sentís que vuestras pasiones se rebelan más raramente? 
¿Veláis sobre vosotros mismos para no abandonaros a ellas?
Debéis proceder de modo que vuestras Comuniones produzcan estos buenos efectos.

PUNTO II.

A menudo, la causa de que las Comuniones no tengan el fruto que se debiera obtener de ellas, es que se comulga con pecados importantes, aunque veniales, sin haberlos confesado antes. 
Comulgar, por ejemplo, después de haber mentido, de haber murmurado contra el superior o contra los Hermanos, después de haberlos escandalizado, sin haber hecho o deseado hacer una penitencia, después de haberse dejado llevar deliberadamente por alguna
curiosidad, o después de faltas parecidas, es señal de que no se tiene mucho horror al pecado; pues se pone poco cuidado en purificar el corazón cuando se desea comulgar, y se da poca importancia a esa clase de pecados, que no dejan de ser feísimos en la persona que hace profesión de Piedad.

Para obtener de vuestras comuniones todo el fruto que os sea posible, procurad, antes de comulgar, purificar totalmente vuestra conciencia; si no, demostraríais poco amor a Dios y poco respeto a Jesucristo, a quien vais a recibir.

Punto III.

Otra razón del escaso provecho que producen algunas comuniones es que se pone poco esfuerzo por corregirse de los pecados veniales, aun cuando se confiesen. 
Pues tal flojedad y negligencia son señal de tibieza espiritual; causa, a su vez, de que Dios preste menos atención al alma, al considerarla indigna de sus Gracias, ya que también se preocupa poco por Él, y se aplica poco a hacerse plenamente agradable a Él. 
El alma que procede con tanta negligencia, a menudo pone poco cuidado en prepararse a la comunión y en dar gracias a Dios después de recibirla.

Esa clase de faltas proviene de la poca disposición del corazón para entregarse totalmente a Dios, pero no de la Comunión o de la frecuencia en hacerla, pues su efecto propio es alimentar nuestras almas y acrecentar en ellas la Gracia.
Proceded, pues, de manera que cada vez que os acerquéis a ella, produzca todo el fruto que Dios le asigna, y no pongáis ningún obstáculo a ello.

ORACION:

Oh Dios!, que bajo un 
Sa­cramento Admirable, nos dejaste el Memorial de tu Pasión; te pedimos, Señor, nos concedas celebrar de tal ma­nera los Sagrados Misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos constantemente en nosotros el fruto de tu Re­dención. 
Que vives y reinas con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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