MEDITACIÓNES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.


MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA El TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTÉS.

"En aquel tiempo dijo Jesús a sus Discípulos:
Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fino, y cada día hacia banquetes con esplendidez". (Lc 16, 19).

Se lee en el primer Libro de los Reyes que David:

"Tomó su bastón en sus manos y del torrente escogió cinco piedras lisas y las puso en su alforja, que siempre llevaba, tornó la honda en su mano y se encaminó hacia el filisteo".(17,40).

Presta atención a estas cuatro palabras:
El bastón, las cinco piedras, la alforja y la honda. 

En el bastón está representada la Cruz de Cristo, en las cinco piedras el conocimiento del Antiguo Testamento, en la alforja la Gracia del Nuevo Testamento y en la honda la justa balanza del Juicio. 
David, o sea, el predicador, debe tomar el bastón, o sea, la Cruz de Cristo, para que se apoye en ella y soporte más fácilmente la fatiga del camino.

De este bastón se dice en el Génesis:

"Solamente con mi bastón crucé este Jordán, y ahora regreso con dos campamentos".(32, 10). 

El justo, apoyándose en el bastón de la cruz de Jesucristo, atraviesa el amor transitorio de este mundo y así regresa a la tierra prometida con dos campamentos, o sea, con los frutos de la vida activa y de la vida contemplativa.

El predicador debe tener siempre este bastón en sus manos, con las buenas obras. 
Dice Habacuc:

"Su esplendor será como la luz, y cuernos (potencia) salían de sus manos".(3, 4). 

El esplendor de la Santa vida y de la predicación es Luz para el pecador:

"Ustedes son la luz del mundo"
(Mt 5, 14). 

En las mismas manos del predicador deben hallarse los dos brazos de la Cruz, para que, con las dos manos clavadas en ellos, no pueda jamás extenderlas a las cosas lícitas.

"Y escogió cinco guijarros lisos del torrente y los puso en su alforja, que llevaba consigo". 

El zurrón de pastor se dice en latín pera, nombre que indica también el envase para conservar la leche, y es figura del Nuevo Testamento, en el que se halla la Gracia, que puede ser comparada a la leche. 
Nada es más agradable que la leche, que la madre ofrece gratuitamente al hijo, sin exigir nada de él.

Las cinco piedras son los cinco libros de Moisés (Pentateuco), con los que entendemos el conocimiento de todo el Antiguo Testamento. 
Esos libros el predicador, como respaldo de su predicación, debe tomarlos del torrente, o sea, de la abundancia de la Sagrada Escritura y debe meterlos en el zurrón del Evangelio. 
En efecto, en el Nuevo Testamento está puesta la comprensión del Antiguo, porque es:

"Una rueda en medio de otras ruedas". (Ez 1, 16).

O también:

En los cinco guijarros podemos entender las severas amonestaciones, con las que deben ser heridos los que son esclavos de los sentidos del cuerpo. 
En efecto, los transgresores del Antiguo Testamento, que eran sepultados por las piedras, son figuras de los pecadores del Nuevo Testamento, que han de ser golpeados con rigurosas reprimendas.

"Tomó en mano la honda y se encaminó hacia el filisteo". 

En la honda, que tiene las dos tiras iguales, está simbolizada la coherencia entre la Doctrina y la vida. El predicador debe tener en mano esta honda, para que la mano (la obra) corresponda a la boca, e igualmente su comportamiento corresponda a su enseńanza; y así podrá avanzar hacia el filisteo y matarlo.

Filisteo se interpreta: "caído por ebriedad", y simboliza al rico de este mundo cubierto de púrpura, embriagado por los excesos de la gula y de la lujuria, que de la gracia cae en la culpa y de la culpa se precipitará en la gehena. justamente de él se habla en el Evangelio:

"Había un hombre rico, vestido de púrpura".

En este Evangelio se destacan cuatro momentos. 

Primero:
La desigual condición de vida del rico vestido de púrpura y del mendigo Lázaro:

"Había un hombre rico".

Segundo:
La muerte de ambos:

"Sucedió que murió el mendigo".

Tercero:
El castigo del rico y la Gloria de Lázaro:

"Alzó sus ojos".

Cuarto:
La desesperada súplica del rico en favor de sus cinco hermanos:

"Te ruego, Padre Abraham!"

Conforme el Señor nos lo conceda, estableceremos una concordancia entre estas cuatro partes del Evangelio y algunos relatos del primer Libro de los Reyes.

Observa también que en el Introito de la Misa se canta:

"Oh Señor, yo espero en tu Misericordia". (Salm 12, 6).

Y se lee la Epístola del Bienaventurado Juan:

"Dios es Amor". 

Este pasaje lo dividiremos en cuatro partes y las confrontaremos con las cuatro susodichas partes del Evangelio. 

Primera parte:

"Dios es Amor".

Segunda:

"En esto consiste el perfecto amor".

Tercera:

"En el Amor no hay temor".

Cuarta:

"Nosotros, pues, debemos amar al Señor".

ORACION.

Oh Dios, fortaleza de quienes esperan en Ti, escucha benignamente nuestras súplicas; y ya que la debilidad humana nada puede sin Ti, concédenos la ayuda de tu Gracia para observar tus Mandamientos y agradarte en nuestras intenciones y acciones. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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