MEDITACIÓNES DE SAN ANTONIO DE PADUA. FIESTA DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA.

MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA.

FIESTA DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA. 

1.‑ En aquel tiempo: 
“Para Isabel se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a un hijo” (Lc 1, 57). 

En este Evangelio se destacan dos eventos:
El nacimiento del Precursor y la imposición del Nombre.

I ‑ El nacimiento del Precursor

2.‑ “Para Isabel se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a un hijo”. 

La Bienaventurada María permaneció tres meses en la casa de Zacarías, asistiendo a su parienta hasta que dio a luz. 
Y se lee en el Libro de los Justos que la Bienaventurada María levantó de la tierra a Juan, recién nacido 
(Pedro Comestor).

“Se cumplió”. 
La Sagrada Escritura suele poner la palabra “cumplimiento” sólo por el nacimiento o por la muerte o por las obras de los buenos, significando que su vida tiene el cumplimiento, o sea, la plenitud de la perfección. Por ejemplo: “Se cumplieron para María los días de su parto” (Lc 2, 6); “Abraham murió, lleno de días” (Gen 25, 8). 
En cambio, los días del impío son inútiles y vacíos.

“Para Isabel, pues, se cumplió el tiempo del parto”. 

Zacarías, como nos relata Lucas, había entrado en el Templo del Señor para ofrecer el incienso; y se le apareció Gabriel que le dijo: 

“Tu mujer, Isabel, te dará a luz un hijo” (Lc 1, 9‑13). 

Esto le fue anunciado en el mes de Septiembre, cuando se celebraba la solemnidad, llamada “Día de la expiación o de la propiciación”, y hoy la promesa se cumplió.

Vamos a ver en sentido moral qué cosa signifique Zacarías, que se interpreta “recuerdo del Señor” o “que recuerda al Señor”, y qué cosa signifique Isabel, que se interpreta “la séptima de mi Dios”.

3.‑ Isabel representa al alma fiel, que con razón es llamada “la séptima de mi Dios” a motivo de los “septenarios”, que tienen una especial relación con ella, o sea, los siete dones (del Espíritu Santo), las siete peticiones (del Padrenuestro) y las siete bienaventuranzas. 
Con el primer septenario el alma es justificada, con el segundo progresa de lo bueno a lo mejor, con el tercero se hace perfecta.

O también es llamada “séptima”, o sea, séptimo día, el Sábado, el reposo, porque en ella reposa Dios, cuando ella se abstiene de toda obra servil. 
“El alma del justo es sede la sabiduría” (Gregorio). 
“En la paz, o sea, en el alma pacífica, está su morada” (Salm 75, 3).

De este sábado dice Isaías: 
“Te llamarás Sábado de delicias, día santo y glorioso del Señor” (58, 13), día saturado de delicias. 

Y las delicias son, por cierto, los tres mencionados septenarios, en los que el alma se alimenta para ser un sábado de delicias, lleno de santidad de vida y de gloria de la conciencia.

Isabel concibió de Zacarías. 
Dice el Salmo: 
“Me recordé de Dios y me llené de gozo; me ejercité en la meditación y mi espíritu desfalleció” (76, 4).

La mujer concibe en el placer; así el alma, en el recuerdo del Señor, concibe con gran deleite. 
Dice el Salmo: 
“En el camino de tus testimonios”, o sea, de tus martirios y de tu pasión, “me gocé más que de toda riqueza” (118, 14). 

La corona de espinas, la cruz, los clavos, la lanza y todos los demás martirios de Cristo constituyen la delicia del justo, el cual halla en ellos más consolación que en todas las riquezas de este mundo. 
Por eso dice: “Me recordé de Dios y me alegré”.

Y de esta consolación proceden dos efectos: la práctica de las obras de caridad y el debilitamiento en el espíritu de confianza en sí mismo; o también los dos efectos, de los que habla el Salmo: 
“Mi carne y mi corazón desfallecen”, o sea, la tentación de la carne y la soberbia del corazón; “pero tú eres el Dios de mi corazón y mi tesoro para siempre” (72, 26), para concebir de El y para parir al hijo de la vida eterna.

Observa que Isabel concibió en el mes séptimo, o sea, en Septiembre y dio a luz en el mes de Junio. 
Así el alma concibe en el día séptimo, el sábado, en el reposo y con la devoción de la mente; y en el mes de junio, llamado en hebreo Siban ‑que se interpreta “don justo”‑ da a luz al hijo, o sea, la obra buena. 
En efecto, da a luz, por así decir, en la santidad de las obras el don de la gracia, que concibió en su mente.

4.‑ “Para Isabel se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a un hijo. 
Los vecinos y los parientes oyeron que el Seńor había exaltado en ella su misericordia, y se alegraron con ella” (Lc 1, 57‑58). 
La Glosa escribe: 
“El parto de los Santos, o sea, su nacimiento, implica para todos una gran alegría, porque ellos son una riqueza común', o sea, los santos nacen para bien de todos. 
La justicia, o sea, la santidad, es una virtud social, ventajosa para toda la comunidad; y en el nacimiento del justo se adelanta un indicio de la vida futura y, en la anticipada alegría de los vecinos, se indica la gracia de la futura virtud”.

En sentido moral. 
Los vecinos son los Ángeles, los parientes son los justos, que se complacen con el alma que da a luz obras buenas. 
Dice Gabriel: 
“Y muchos se regocijarán de su nacimiento: será grande delante del Señor, no beberá vino ni bebidas embriagantes” (Lc 1, 14‑15).

De veras, se alegrarán muchos, porque se alegrará Cristo, se alegrará el Ángel y se alegrará el prójimo. 
Se alegrará Cristo, como dice Lucas: “Cuando encuentra la oveja, la carga sobre sus hombros, lleno de gozo” 
(15, 5). 

Explica la Glosa: 

“Los hombros de Cristo son los brazos de la cruz. 
Allí cargó mis pecados, y en el cuello de ese noble patíbulo reposó”.

Se alegrará el Ángel: 
“Les digo que hay gran gozo delante de los Ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente” (Lc 15, 10). 

Y la Glosa explica: 

“Los Ángeles, seres inteligentes, gozan que el hombre se reconcilie con ellos; y esto nos estimula a la honestidad y a que hagamos lo que les es agradable a esos mensajeros celestiales, cuya protección debemos desear y cuya ofensa debemos temer .

Se alegrará el prójimo, como se expresa el Apóstol en la segunda carta a los corintios: 
“Gozo de su tristeza, porque ella los impulsó a la penitencia” (7,9).

“El será magno”, o sea, grande. 
En latín, magno se refiere al ánimo, y ,grande al cuerpo. 
Si tu obra es pequeña a tus ojos, será magna, grande delante del Señor. Decía Juan el Bautista: 
“Es necesario que El crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30). 
Cuando tú te haces pequeño con la humildad, crece en ti la gracia por la fortaleza de tu ánimo.

“Grande delante del Señor”, no delante de los hombres, que engañan y se engañan y que llaman mal al bien y bien al mal. Cuanto es el hombre delante de Dios, tanto vale, y nada más! Si quieres consagrar tu obra buena al Señor, cuídate de beber el vino de la vanagloria u otra bebida embriagante de una desconveniente alegría.

El Señor ordena a Aarón:
“Tú y tus hijos no beban vino ni otra bebida embriagante, cuando entren en la tienda de reunión, para que no mueran” (Lv 10, 9).
“El hombre o la mujer, cuando hacen voto de santificarse y quieren consagrarse al Señor, se abstendrán del vino y de toda bebida embriagante” (Num 6, 2‑3). 

Pues bien, el que desea que su obra sea consagrada al Señor y sea recibida en la tienda de la Jerusalén celestial, cuídese de la embriaguez de la vanagloria y de la desconveniente alegría. Amén!

ORACION.

Oh Dios! Que nos haces honrar este día con el nacimiento de San Juan; concede a tus pueblos la gracia de los Goces Espirituales, y guía las almas de todos los fieles por el camino de la Salvación Eterna. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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