MEDITACIÓNES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
Para el Domingo Tercero después de Pentecostés.
(Lc 15,1-10)
Que el primer cuidado de quienes enseñan a los niños ha de ser apartarlos del pecado.
PUNTO I.
Como sois los ministros de Dios en el empleo que ejercéis, debéis cooperar con Él y secundar sus designios, de procurar la Salvación de los niños de los que estáis encargados, particularmente de los que están más inclinados al libertinaje.
El Evangelio de este día os indica que debéis vigilar más sobre éstos que sobre los que, por sí mismos, se entregan al bien y practican la piedad, cuando nos propone la Parábola del Buen Pastor, que teniendo cien ovejas, y habiendo perdido una, dejó las noventa y nueve para ir a buscar la extraviada.
Es preciso que empleéis todos los medios para hacer volver a Dios a aquellos que se ven sometidos a algún vicio, pues como dice Jesucristo, no es voluntad de vuestro Padre que está en el Cielo que perezca uno solo de estos pequeñuelos.
Puesto que Él es quien os emplea para guiarlos por el Camino de la Salvación, procurad que no se extravíen; o, si se extravían, que vuelvan a Él sin tardanza.
A vosotros corresponde hacer que sigan el Camino.
PUNTO II.
Una de las principales cosas que más contribuyen a que se pierda la juventud es la frecuentación de malas compañías.
Pocos se descarrían por la malicia de su corazón; antes bien, la mayor parte se corrompen por el mal ejemplo y por las ocasiones en que se encuentran.
Por lo cual, no hay nada sobre lo que más deban vigilar quienes tienen la dirección de los niños, que en impedir que sean seducidos por el uno y por las otras.
Pues si es grande la debilidad de los hombres, a causa de su inclinación al pecado, la de los niños es mucho mayor, por el deficiente uso que tienen de la razón, y porque la naturaleza, que por esta razón está más viva en ellos, tiene suma inclinación a gozar de los placeres de los sentidos, y así, a dejarse arrastrar al pecado.
Aplicaos, pues, con todo el cuidado posible, a alejar a vuestros discípulos de las malas compañías, y procurad que frecuenten sólo las buenas; a fin de que no recibiendo, por ese medio, más que influjos saludables, practiquen el bien con mucha facilidad.
PUNTO III.
Como Dios ha dado a los hombres dos medios seguros para apartarse del pecado y conservar la Gracia, que son la oración y los Sacramentos, no hay nada que más se deba inspirar a los niños, para comunicarles horror al vicio, que el amor a la oración y el uso frecuente de los Sacramentos.
Hay que animarlos a orar a Dios con frecuencia, y a orar con atención.
Y hay que darles a conocer las Santas disposiciones que deben llevar para recibir debidamente los Sacramentos, y estimularlos a que se acerquen a menudo a ellos para mantener su conciencia limpia de todo pecado.
Esas son las dos cosas principales que habéis de tener presentes en las instrucciones que dais a vuestros alumnos, a fin de mantenerlos alejados del pecado.
Tenéis, incluso, que rezar mucho a Dios por aquellos que veis menos inclinados a la piedad, para que Dios infunda en su corazón el deseo de salvarse.
Sois para con ellos mediadores, de quienes Dios se sirve para enseñarles los medios para salvarse.
Desempeñad, pues, con ellos el Oficio que Dios os ha encargado.
De lo contrario, Dios os pedirá cuenta de su perdición si, por no haberlos alejado del pecado y animado al bien, cayeren en desorden.
ORACION:
Oh Dios! Protector de los que en ti esperan, y sin el cual nada tiene valor, nada es Santo; multiplica sobre nosotros tu Misericordia, para que, siendo tú Nuestro Pastor y Nuestro Guía, pasemos por los bienes temporales de modo que no perdamos los Eternos.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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