MEDITACIÓNES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo Cuarto después de Pentecostés.
(Lc 5,1-11).

Que siempre se acierta en lo que se hace cuando se realiza por Obediencia.

PUNTO I.

Ocurre a menudo que lo que se hace no alcanza el éxito que se esperaba de ello, por haberlo emprendido por propio impulso, y porque no se tiene otra regla ni otra guía que lo que el propio espíritu pueda sugerir.
Es lo que nos indica el Evangelio de este día en la persona de San Pedro, quien, según dijo a Jesucristo, había trabajado en pescar toda la noche, sin haber podido, a pesar de ello, conseguir un solo pez; y esto, porque no había actuado más que por cuenta propia.

Así sucede a veces, cuando os imagináis hacer el bien, y con todo no hacéis ninguno, sea para vosotros, sea para los demás, porque en lo que emprendéis no tenéis otro guía ni otro conductor que vuestro propio espíritu.
Cuando uno procede así, trabaja realmente en la oscuridad de la noche, porque nuestro espíritu sólo sirve, con frecuencia, para extraviarnos, ya que la luz que hay en él no es, la mayoría de las veces más que tinieblas. 
Seguid, pues, a un guía más seguro, si no queréis perderos y hacer que todo vuestro esfuerzo resulte inútil.

PUNTO II.

San Pedro, que no tuvo éxito en su trabajo cuando actuó por sí mismo, en cuanto Jesucristo le mandó echar la red, y le señaló el lugar en donde debía echarla, se mostró tan sumiso a lo que el Salvador acababa de decirle que, al momento, él y los que lo acompañaban, recogieron tal cantidad de peces, que su red se rompía. 
He ahí el fruto de la obediencia. 
Atrae de tal modo las bendiciones de Dios sobre lo que se hace que, por su medio, se alcanza cuanto se desea; y cuando se tiene la suerte de trabajar en la salvación de las almas, y dedicarse a ello por pura obediencia, se adquiere mucha facilidad para obrar el bien y mover los corazones.

Si incurrís en muchos defectos y si no conseguís en vuestro empleo todo el fruto que podríais, atribuidlo a que con frecuencia no sois bastante regulares ni os guiáis suficientemente por la Obediencia. 
Comparad lo que realizáis por inspiración de la Obediencia con lo que hacéis por propio impulso, y considerad lo primero como obra de Dios, y lo segundo, como trabajo del hombre.

PUNTO III.

Los que viven en las comunidades tienen sobre los seglares la ventaja de poder decir cada día a Jesucristo, con San Pedro: 
Señor, en tu Palabra echaré la red; en tu Palabra voy a realizar esta acción; esto me da la confianza de que la bendecirás y la tendrás por agradable.
En efecto, basta que una acción se ejecute por obediencia para que agrade a Dios, cuando se realiza con tal sencillez que no se tenga otra mira que obedecer. 
De ahí que haya ocurrido a veces, por especial providencia de Dios, que una acción mala en sí misma se haya trocado en buena, al haberla realizado por simple Obediencia.

Puesto que la obediencia procura tan importante ventaja, obrad, pues, de modo que sea inseparable de todas vuestras acciones; y que así las haga dignas de Dios y os ponga en condiciones de producir fruto en las almas de aquellos a quienes debéis conducir a Dios y educar como Cristianos.

ORACION.

Concédenos, Señor, te suplicamos, que sea dirigida por el orden de tu providencia la marcha del mundo; y que tu Iglesia se alegre en tu servicio con la tranquilidad.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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