MEDITACIÓNES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo quinto después de Pentecostés. (Mt 5,20-24)

Que los Religiosos han de tener mucha más Virtud que las personas del siglo.

PUNTO I.

Hoy, en el Evangelio, Jesucristo dice a sus santos apóstoles que si su virtud no es mayor que la de los fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Aplicaos estas palabras y persuadíos de que Jesucristo os las dirige a vosotros mismos; si no tenéis más virtud que las personas del siglo, el Día del Juicio seréis más dignos de condena que ellas. 
Las gentes del mundo, igual que los fariseos, se contentan con cumplir lo externo y aparente de la Religión. 
Asisten a Misa, oyen las predicaciones, se hallan presentes, a veces, en el Oficio Divino, pero realizan todas estas cosas y otras muchas sin espíritu interior.

Vosotros, que os habéis entregado a Dios y que, en consecuencia, debéis
consagrarle todo el tiempo de vuestra vida, tenéis también que hacerlo todo por Espíritu de Religión, sin quedar satisfechos con cumplir sólo lo que es externo en los deberes de vuestro Estado. 
Pues si los hombres se contentan con lo que hay de aparente en las acciones, Dios, que sondea los corazones, para nada se las tendrá en cuenta.

PUNTO II.

Quienes en el mundo tienen cierta piedad, juzgan haber satisfecho sus obligaciones si no han manifestado vicios considerables y si su conducta
externa no es de todo punto reprensible.
Pero Jesucristo condena tales sentimientos en quienes se aplican a servirlo con fidelidad, y no desea que se acerquen a Él en la oración o en la participación en la Eucaristía, si tienen la mínima frialdad respecto de su hermano. 
Quiere que, muy lejos de odiar a los enemigos, se los ame, que se les haga el bien y que se rece por ellos.

Lo que Dios exige de vosotros, y aquello en lo que desea que vuestra justicia sea mayor que la de la gente del mundo, es que no sólo guardéis sus Mandamientos con exactitud, sino que incluso seáis fieles en cumplir los Consejos de su Evangelio y, en consecuencia, en la observancia de vuestras Reglas. 
¿No tenéis nada que reprocharos de todo esto?

PUNTO III.

Las personas que viven en el siglo piensan muy poco en Dios y se preocupan poco de lo referente a su Salvación. 
Su única ocupación consiste, de ordinario, en lo que concierne a sus negocios temporales y a las necesidades del cuerpo.
Parece como si la mayoría de los hombres no tuvieran nada que esperar ni temer más allá de esta vida.
¿Se les habla de Dios, de lo que conduce a Él, de los deberes esenciales del Cristiano, de la práctica del bien, de la huida de las ocasiones de pecado y de las compañías peligrosas? 
Para todo ello tienen orejas y no oyen , porque no entienden sino lo que impresiona a los sentidos.

En cuanto a vosotros, que os habéis retirado del mundo para llevar vida por encima de la naturaleza y de las inclinaciones humanas, y para trabajar en la Salvación del prójimo, no debéis apegaros ni aplicaros más que a Dios y al Ministerio con que os ha honrado. 
De ese modo, todo vuestro cuidado debéis ponerlo en vacar a las cosas puramente espirituales.

ORACION:

Oh Dios!, que tienes preparados bienes invisibles a los que te aman, infunde en nuestros corazones el afecto de tu amor; para que, amándote en todo y sobre todo, consigamos esas tus promesas, que exceden a todo deseo.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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