TEXTOS PARA EL MES DEL SAGRADO CORAZON DE JESÚS: NOVENA AL CORAZON EUCARISTICO DE JESÚS.


NOVENA AL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS:

DÍA I.

+ En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

* Ven, Espíritu Santo; ¡ven por María! Amén. ¡Aleluya!

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. V/.Amén.

Consideración:

Al partir de este mundo el Pastor amante, que quiso morir por amor de las almas, a sus amadas ovejas, compradas con su Sangre, no quiso dejarlas solas en el mundo.

No quiso que en la tierra un corazón que lo ama sufriera por encontrar lejos a quien anhela; por eso Él mismo se hizo cercano a todos, para que todos pudieran hallarlo cerca.

Allí sobre el Altar está oculto el Amado, lleno por completo de fuego y de afecto, para inflamar por siempre aquellos corazones que desean amar verdaderamente a su Señor.

Las flechas que lanza, las llamas que enciende ese Pan Celestial, quien las experimenta las comprende. 

Un corazón que se acerca al Altar no puede dejar de volver herido y ardiente, si frío había llegado.

Oh almas amantes, hablad y decid las benditas llamas, las dulces heridas que siempre experimentáis cuando os acercáis allí donde os espera vuestro Jesús.

Oh Rey de mi corazón, oh Alimento Divino, ¡ojalá pudiera permanecer siempre en la tierra cerca de Ti, Señor mío, que por mi amor permaneces oculto aquí para mí! Amén.

* Meditemos la Palabra de Dios según el Evangelio de San Lucas (22,14-20).

«Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: 
“He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros antes de mi Pasión, porque os digo que no volveré a comerla hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios”. 
Y tomando un cáliz, dio gracias y dijo: 
“Tomadlo y repartidlo entre vosotros, porque os digo que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios”. 
Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: 
“Esto es mi Cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía”. 
Después de cenar hizo lo mismo con el cáliz diciendo: 
“Este cáliz es la Nueva Alianza en mi Sangre, que es derramada por vosotros”».

* (Pausa de silencio para la meditación)

LA EUCARISTÍA, FRUTO DEL AMOR DE JESÚS.

De los Escritos de Santa María Magdalena de Pazzi, Carmelita (XII éxtasis):

«Después de haber comulgado me detuve a meditar las palabras de Jesús: 
“He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22,15). 
Me parecía ver que Jesús nos dejó a sí mismo para que pudiéramos unirnos más estrechamente a Él mientras vivimos en este mundo, y que fue el amor con el que se encarnó lo que lo movió a dejarnos su propia Persona en el Santísimo Sacramento.
Antes de encarnarse había contemplado nuestra alma y a sí mismo; y viendo que aquella había sido creada a su imagen y semejanza, sólo Él podía conocer toda su preciosidad y belleza, aun cuando se encontrara en gravísimo peligro por el pecado cometido. 
Pero la amaba con amor infinito y, movido por ese amor, se compadeció y vino a redimirla y salvarla por medio de su Encarnación, que es el comienzo del amor que después mostró muriendo en la Cruz.»
«Jesús me hacía comprender cuán grande fue su inmensa bondad al rebajarse y anonadarse hasta tal punto en la Eucaristía. 
Él mismo, por decirlo así, cubrió su grandeza bajo la apariencia de una hostia tan pequeña, para manifestar a la criatura su amor infinito y su inmenso poder. 
Y precisamente en esto se revela grandemente, porque al disminuirse a sí mismo en una realidad tan delicada y pequeña como la Hostia, en realidad no disminuye, sino que permanece siendo lo que es en sí mismo.
Y no sólo permanece entero en la hostia, sino incluso en una sola partícula; siendo tan grande e infinito que ni los mismos cielos pueden contenerlo. 
Sólo su Omnipotencia podía realizar esto, porque la criatura puede reducir o disminuir una cosa, pero no puede hacer que, disminuida, permanezca íntegra; siempre le faltará aquello que le ha sido quitado.
Ocultando su Grandeza, su Divinidad y todo lo que se encuentra bajo el velo de una cosa tan pequeña, hizo posible que la criatura, igualmente pequeña e incapaz, pudiera recibir dentro de sí a Aquel que llena todas las cosas: 
Él mismo, Dios Eterno, Inmenso, Incomprensible e Infinito. 
Y esto lo hizo por el gran deseo que tiene de reposar en la criatura. 
Vino bajo un velo para descansar en el velo [...].
Pero el amor inmenso del Dulce Jesús no se detiene aquí, porque no sólo quiso venir bajo el velo para descansar en el velo, sino para conducirnos también a nosotros bajo su sombra, es decir, bajo la sombra de sí mismo.»
«En ese espejo contemplaré además el amor entrañable e infinito que quiso manifestarnos dejándonos a sí mismo en el Santísimo Sacramento para que podamos unirnos siempre a Él. 
En él se entrega con tanta abundancia a mí, pobre miserable, que debo responder con una acción de gracias continua por su amor hacia mí y hacia todas las criaturas, por sus dones y beneficios.
El Santísimo Sacramento es como el resumen de todo el amor que nos ha tenido y de todo lo que ha hecho por nosotros durante su vida, Pasion y muerte.
Veré también la Sangre que derramó para que podamos bañar continuamente en ella nuestras almas, lavarlas de las culpas que cometemos a cada instante y adornarnos con ella para presentarnos hermosos ante Él. 
De esto sacaré el recuerdo constante de cuanto mi Verbo quiso padecer por mí, y me revestiré y cubriré enteramente con esa Sangre, uniendo a ella todos mis pensamientos, palabras y obras, para que le sean más agradables y aceptos.»

(De: “Los Cuarenta Días”, XII éxtasis; “Los Coloquios”, III; XXXIX, en: 
“Cántico para el Amor no amado. Textos en italiano actual”, Ediciones Feeria, Florencia 2016).

¡He aquí hasta dónde ha llegado tu excesiva Caridad, oh amadísimo Jesús mío!
Con tu Carne y con tu preciosísima Sangre me has preparado una mesa divina para entregarte todo entero a mí.
¿Quién te impulsó a tales excesos de amor? Ciertamente nadie más que tu amantísimo Corazón.
Oh adorable Corazón de Jesús, ardentísimo horno del divino amor, recibe mi alma en tu sacratísima llaga, para que en esta escuela de caridad aprenda a amar de nuevo a aquel Dios que me dio pruebas tan admirables de su amor.
Amén.

Padre Nuestro...

ORACION:

Señor Jesucristo, que derramando sobre los hombres las riquezas de tu Amor instituiste la Eucaristía y el Sacerdocio, concédenos amar ardientemente tu Amadísimo Corazón y servirnos siempre dignamente de tus dones.
Tú que eres Dios y vives y reinas con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.

V/. María, Madre de la Eucaristía.
R/. Ruega por nosotros y ayúdanos a contemplar el amor infinito del Corazón Eucarístico de Jesús.

Dios te salve, María...

El Señor nos bendiga, nos preserve de todo mal y nos conduzca a la Vida Eterna. Amén.

+ El himno inicial es de San Alfonso María de Ligorio; la invocación posterior a la meditación es una adaptación de una oración al Corazón Eucarístico de Jesús aprobada por el Papa Pío VI en 1796; la oración conclusiva está tomada del Misal Redentorista.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LAS APARICIONES DE LA SANTISIMA VIRGEN DE GUADALUPE.

LA SANTA MISA DOMINICAL.

MAGISTERIO E HISTORIA. Discurso del Santo Padre Pio VI ante el asesinato de S.M.C Luis XVI de Francia.