TEXTOS PARA EL MES DEL SAGRADO CORAZON. NOVENA AL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS.


NOVENA AL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS.

DÍA IX

+ En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

+ Ven, Espíritu Santo; ¡ven por María! Amén. ¡Aleluya!

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. 
V/. Amén.

Consideración:

Al partir de este mundo el Pastor amante, que quiso morir por amor de las almas, a sus amadas ovejas, compradas con su Sangre, no quiso dejarlas solas en el mundo.
No quiso que en la tierra un corazón que lo ama sufriera por encontrar lejos a quien anhela; por eso Él mismo se hizo cercano a todos, para que todos pudieran hallarlo cerca.
Allí sobre el altar está oculto el Amado, lleno por completo de fuego y de afecto, para inflamar por siempre aquellos corazones que desean amar verdaderamente a su Señor.
Las flechas que lanza, las llamas que enciende ese Pan celestial, quien las experimenta las comprende. 
Un corazón que se acerca al Altar no puede dejar de volver herido y ardiente, si frío había llegado.
Oh almas amantes, hablad y decid las benditas llamas, las dulces heridas que siempre experimentáis cuando os acercáis allí donde os espera vuestro Jesús.
Oh Rey de mi corazón, oh Alimento Divino, ¡ojalá pudiera permanecer siempre en la tierra cerca de Ti, Señor mío, que por mi amor permaneces oculto aquí para mí!
Amén.

Meditemos la Palabra de Dios del Evangelio según 
San Juan (6, 53-58).

«Jesús les dijo:
"En verdad, en verdad os digo: si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tenéis vida en vosotros.
Quien come mi Carne y bebe mi Sangre tiene Vida Eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi Carne es Verdadera Comida y mi Sangre Verdadera Bebida.
Quien come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y yo en él.
Así como el Padre, que tiene la vida, me envió y Yo vivo por el Padre, así también quien me come vivirá por Mí.
Éste es el Pan bajado del Cielo; no como aquel que comieron vuestros padres y murieron. 
Quien come este Pan vivirá Eternamente"».

(Pausa de silencio para la meditación)

EL CORAZÓN EUCARÍSTICO Y EL CORAZÓN INGRATO DEL HOMBRE

De "Corazón de Jesús, corazón del hombre", del P. Stefano M. Manelli:

«El Corazón de Jesús, vivo y palpitante, es una realidad en medio de nosotros.
Si queremos estar físicamente junto al Corazón de Jesús, basta acercarnos y permanecer ante el Tabernáculo Eucarístico.
Santa Gemma Galgani sentía tan viva esta cercanía que, en ocasiones, al aproximarse demasiado al Altar, el ardor que experimentaba era tal que llegaba a quemarle la ropa a la altura del corazón.
Y si queremos tener el Corazón de Jesús físicamente presente en nuestro propio corazón, basta acercarnos al Sacramento de la Eucaristía recibiendo la Sagrada Comunión.

«En la Santa Comunión —escribía el Beato Contardo Ferrini— Jesús se encarna en nuestro corazón».

En la Comunión se realiza la fusión de dos corazones:
El Corazón de Jesús en el corazón del hombre, y el corazón del hombre en el Corazón de Jesús.

«Quien come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56).

Sobre la tierra no existe realidad más grande ni más sublime que esta fusión de Amor entre Jesús y la criatura [...].
Eucaristía y Corazón de Jesús son una sola cosa.
Por eso el Sagrado Corazón aparecía a Santa Margarita María casi siempre desde el Tabernáculo.
Por eso, con frecuencia, en las puertas de los Tabernáculos se representa el Corazón de Jesús.
Por eso esta devoción es inseparable de la Eucaristía y conduce necesariamente a la Comunión, como lo exige la práctica de los Nueve Primeros Viernes de Mes.
Por eso San Carlos de Sezze, mientras adoraba a Jesús Eucaristía en una iglesia, recibió una herida de amor en el corazón causada por una flecha que partió de la Santa Hostia durante la Elevación en la Santa Misa.
¡Qué maravilla para nosotros, pobres hombres, poseer la Eucaristía!
Basta reflexionar un poco para que parezca algo imposible e increíble.
¿Cómo es posible que el Verbo Encarnado permanezca en un poco de pan, encerrado en una pequeña prisión?
«Señor —exclamó una vez San Bernardo—:

"Esto no conviene a vuestra Majestad».
«No importa —respondió Jesús—; basta con que convenga a mi Amor».

Es el amor el que mantiene prisionero a Jesús por nosotros.
Y San Juan Eudes explica que el Corazón Eucarístico de Jesús, rodeado de ocho llamas, permanece en medio de nosotros sostenido por la primera de esas llamas.

¡Corazón Eucarístico de Jesús, cuánto deberíamos amarte, hasta la locura!
Que el corazón humano pueda ser ingrato, y que muchas veces lo sea, es una de esas amargas verdades que todos terminamos experimentando.
Pero frente a Dios, la ingratitud del corazón humano alcanza una monstruosidad difícil de describir.
Dios nos ha hecho hijos suyos en Jesucristo, haciéndonos:

«Partícipes de la Naturaleza Divina» mediante el don de la Gracia. (cf. 2 Pe 1,4).

Jesús nos dio los Sacramentos de la Salvación y, sobre todo, se nos dio a sí mismo en el Sacramento de la Eucaristía para permanecer con nosotros:

«hasta el fin de los tiempos».
(cf. Mt 28,20).

Más aún: 
Jesús nos ha manifestado de manera particular su Corazón vivo y palpitante en cada Tabernáculo Eucarístico, ardiendo de Amor por nosotros.
Finalmente, el Corazón de Jesús nos ha regalado la práctica de los nueve primeros viernes de mes, acompañada de la promesa de la Salvación Eterna.
Saber todo esto y permanecer fríos, indiferentes o incluso hostiles y sacrílegos es algo inadmisible.
Y, sin embargo, así sucede.
Jesús quiere entregar su Corazón al hombre, y el corazón del hombre lo rechaza.
Jesús quiere hacerse uno con el corazón del hombre en cada Comunión Eucarística, pero el hombre lo ignora y lo rechaza; o peor aún, lo recibe traidoramente en estado de pecado mortal.
Una Comunión sacrílega se asemeja al beso de Judas.
¡Es apuñalar a Jesús en el Corazón!
Y, sin embargo, sabemos que la Comunión Eucarística es la cumbre del Amor Divino y humano.
Es el don de la intimidad Divina más profunda para el alma y para el cuerpo.
Vale más la experiencia de una sola Santa Comunión que la experiencia de San Juan Evangelista cuando apoyó su cabeza sobre el pecho de Jesús.
En la Santa Comunión no existe solamente un acercamiento:
Existe una verdadera fusión de corazones y de latidos, de carne y de sangre.

¡Qué Misterio inefable de Amor!

Además, la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía nos llama a la Adoración.

Fue a los pies de los Tabernáculos donde los Santos amaban permanecer cara a cara con el Corazón de Jesús.
Santa Margarita María fue célebre por sus largas adoraciones Eucarísticas, y recomendaba especialmente la Hora Santa de adoración durante la noche entre el Jueves y el Viernes, tal como el mismo Jesús se lo pidió.
¿Y qué decir de las prolongadas adoraciones de San Francisco de Asís, Santa Matilde, Santa Catalina de Siena, San Juan Eudes, San Alfonso María de Ligorio, San Pedro Julián Eymard, Santa Gemma Galgani, el hermano Carlos de Foucauld o San Pío de Pietrelcina?
No puede existir una devoción al Sagrado Corazón tan verdadera e intensa como aquella que tiene su centro en la Eucaristía.
Que así sea para nosotros durante toda nuestra vida.

Amén.»

+ Padre Nuestro...

ORACIÓN:

Señor Jesucristo, que derramando sobre los hombres las riquezas de tu Amor instituiste la Eucaristía y el Sacerdocio, concédenos amar ardientemente tu Amadísimo Corazón y servirnos siempre dignamente de tus dones.
Tú que eres Dios y vives y reinas con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.

V/. María, Madre de la Eucaristía.
R/. Ruega por nosotros y ayúdanos a encontrar refugio en el Corazón traspasado de tu Hijo, fuente de amor, de Misericordia y de Vida Eterna.

+ Dios te salve, María...

El Señor nos bendiga, nos preserve de todo mal y nos conduzca a la vida eterna.
Amén.

+ El himno inicial es de San Alfonso María de Ligorio; la invocación después de la meditación es una adaptación personal de una oración al Corazón Eucarístico de Jesús aprobada por el Papa Pío VI en 1796; la oración conclusiva está tomada del Misal Redentorista.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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