CATENA AUREA: 11 DE JULIO CONMEMORACION DE SAN PÍO I PAPA Y MÁRTIR.


CATENA AUREA: 11 DE JULIO.
SAN PIO O, PAPA Y MÁRTIR.

"Sufrid, pues, la corrección.
Dios se porta con vosotros como con hijos.
Porque, ¿cuál es el hijo, a quien su padre no corrige?". 
(Hebreos 12, 7).

EPISTOLA:

"Carísimos: 
A los Presbíteros que están entre vosotros les exhorto yo, Copresbítero y Testigo de la Pasion de Cristo y partícipe de la Gloria que está para manifestarse: 
Apacentad la Grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando al Clero, sino siendo modelos de la Grey. 
Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la Corona de Gloria que no se marchita y Dios dador de toda Gracia, el que os ha llamado a su Eterna Gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará. 
A él el Poder por los siglos de los siglos. Amén". 
Pedro V, 1-4, 10-11.

EVANGELIO:

"En aquel tiempo. 
Fue Jesús a región de Cesárea de Filipo: y preguntaba a sus discípulos, diciendo: 
"¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" 
Y ellos respondieron: 
"Los unos, que Juan el Bautista; los otros, que Elías; y los otros, que Jeremías, o uno de los Profetas".
Y Jesús les dice: 
"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Respondió Simón Pedro y dijo: 
"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Y respondiendo Jesús, le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan:
Porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. 
Y a ti te daré la llave del Reino de los Cielos. 
Y todo lo que ligares sobre la tierra, ligado será en los Cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los Cielos". Mateo XVI, 13-19.

CATENA AUREA:
EXPLICACIÓN DE LOS SANTOS PADRES.

Orígenes, homilia 1 in Matthaeum, 15.

Pregunta Cristo a los Discípulos para que sepamos nosotros por las respuestas de los Apóstoles las diversas opiniones que había entonces sobre Cristo entre los judíos y para que investiguemos siempre la opinión que sobre nosotros tienen formada los hombres, a fin de que si hablan mal, evitemos las ocasiones de que puedan hablar así y si bien, las aumentemos. 
También el ejemplo de los Apóstoles enseña a los Discípulos de los Obispos la obligación que tienen de informar a sus Obispos de las opiniones que sobre ellos se tenga por fuera.

San Hilario, in Matthaeum, 16.

Al decir el Señor:
"¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" 
dio a entender que debían tenerle por otra cosa distinta de lo que veían en El. 
El era, efectivamente, Hijo del Hombre: ¿qué deseaba, pues, que opinaran sobre El? 
No queremos opinar sobre lo que El mismo confesó de sí, sino de lo que está oculto en El, que es el objeto de la pregunta y la materia de nuestra Fe. Nuestra Confesión debe estar basada en la creencia de que Cristo no solamente es Hijo de Dios, sino también Hijo del Hombre y en que sin las dos cosas no podemos abrigar esperanza alguna de Salvación. 
Por eso dijo Cristo de una manera significativa: 
"¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?"

Orígenes, homilia 1 in Matthaeum, 16.

Debemos preguntar en este lugar, si los Apóstoles conocían antes de ser enviados que Jesús era el Cristo. 
El pasaje de arriba da a entender que ésta es la primera vez en que Pedro ha confesado a Cristo Hijo de Dios vivo y debéis tener presente, si os es posible, que es menos creer que Jesús es el Cristo, que el de reconocerle como tal. De ahí es que podéis decir desde luego, que cuando los Apóstoles fueron enviados a predicar, creían que Jesús era el Cristo y después, cuando ya estaban más adelantados, le reconocieron. 
O también podéis contestar que los Apóstoles al principio tenían un conocimiento como en embrión de Cristo y conocían muy pocas cosas de El, pero después adelantaron de tal manera en el conocimiento de Cristo, que ya se encontraron en disposición de comprender la revelación del Padre sobre Cristo. 
Así vemos cómo la comprendió Pedro, que fue llamado Bienaventurado no sólo por las palabras: 
"Tú eres el Cristo", sino principalmente por las que añadió: 
"El Hijo de Dios Vivo".

San Agustín, retractationes, 1,21.

Dije en cierto lugar hablando del Apóstol San Pedro, que en él, como en una piedra, fue edificada la Iglesia. Pero no ignoro que después he expuesto en muchas ocasiones las palabras del Señor: 
"Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" en el sentido de que la Iglesia está edificada sobre aquel a quien confesó Pedro diciendo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Pues Pedro, llamado por esta piedra, representa la persona de la Iglesia que está edificada sobre esta piedra. 
El Señor no le dijo: 
Tú eres la Piedra, sino tú eres Pedro y la Piedra era Cristo (1Cor 10,4), a quien confesó Simón, así como a éste le confiesa toda la Iglesia y por esta confesión ha sido llamado Pedro. 
De estas dos opiniones puede elegir el lector la que le parezca más probable.

San Jerónimo.

Algunos Obispos y Presbíteros, que no entienden este pasaje, participan en alguna medida del orgullo de los fariseos, llegando al punto de condenar a algunos que son inocentes y de absolver a otros que son culpables, como si el Señor tuviera en cuenta solamente la sentencia de los sacerdotes y no la conducta de los culpables. 
Leemos en el Levítico (caps. 13 y 14) que a los leprosos estaba mandado presentarse a los sacerdotes para que si efectivamente tenían lepra, los sacerdotes los declararan impuros y esto se mandaba, no porque los sacerdotes causasen la lepra o la inmundicia, sino porque podían distinguir ellos entre el leproso y el que no lo es, entre el que está puro y el que no lo está. 
Así, pues, como allí el sacerdote declara impuro al leproso, así también aquí en la Iglesia, el Obispo o Presbítero ata o desata, no a los que están inocentes o sin culpa, sino a aquellos de quienes por su ministerio ha tenido necesidad de oír variedad de pecados y distinguir cuáles son dignos de ser atados y cuáles de ser desatados.

ORACIÓN:

Mira con Misericordia a tu Rebaño, Pastor Eterno, y manténlo bajo tu constante protección, por la intercesión del Bienaventurado Pío, tu Mártir y Soberano Pontífice, a quien constituiste Pastor de toda la Iglesia.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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